Passion Passion

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Para One Para OnePassion

7.3 / 10

Cuando calienta el sol, aquí en Montmartre, lo mejor es dejar que artesanos del refresco digital francés preparen sus bebercios electrónicos y nos den algo para evitar que los riñones se nos derritan y el cartílago de las orejas se nos convierta en Blandi Blub. Jean-Baptiste de Laubier, productor parisino con tendencias cinéfilas, lleva mucho tiempo dándole a los ritmos rotos en los callejones de la Ciudad de las Luces –miembro del colectivo TTC–, pero poco a poco su cerebro ha ido adaptándose a la nueva era del beatmaking, convirtiendo sus otrora ortodoxas pinturas en cuadros impresionistas de neo-funk estival. Su evolución se describe a través de una decantación por esa psicodelia con restos de salitre que tantos estragos causa en California y allí donde haya calor, playa, hierba triposa y chicas con melenas desteñidas por el sol.

El segundo álbum de Para One es un corolario futurista de los ritmos negros más contemporáneos. El francés parece haberse criado en el lavadero del club Low End Theory; impresionantes resultan sus aproximaciones al soul robótico de última generación ( “Every Little Thing”), a la experimentación jazzístico-dillaísta ( “Albatros”) y al libro de estilo Alpha Pup ( “Wake Me Up”). Y hace gala de la misma maña cuando se acerca a los nuevos caminos del hip hop alucinado. En “Love Ave” y “Empire”, sin ir más lejos, se decanta por un R&B remojado en jarabe de codeína al más puro estilo Clams Casino.

Pero no se queda ahí; lo bueno de Laubier es que recorre un sinfín de estilos sin que haya dispersión alguna. Parece que los conoce todos como si fueran la punta de su rabo. “When The Night”, con la voz a lo James “D Train” Williams de Jaw, suena a P-Funk macerado en almíbar francés: esqueleto disco, capas de sonidos superpuestas, slaps con mirilla láser apuntando al clítoris. Una fiesta. En “Sigmund” se lanza a la pista con un escupitajo de electro old school para breakers esquizofrénicos: los ruiditos electrónicos, las polirritmias tribales y el aroma Rephlex son droguita. En “The Talking Drums” se marca un entremés de braindance, IDM y grime que entra como un daiquiri de pastilla. Y en “Lean On Me”, quizás el mejor track, forja un sonido para el dancefloor con triple ración de vocoder, entramado 2-Step y subgraves que dan mucho placer si se aplican en el perineo.

“Passion” es un disco trabajado, producido con gran sabiduría, repleto de detalles que invitan a varias a escuchas, con distintos tracks para distintos estado de ánimo; un discarral moderno, efectivo, profundamente veraniego, y trufado de samples que los amantes del rap reconocerán enseguida. Ahhh, Francia: chronic en la playa, low riders aparcados con la música a tope, chicas en shorts con melena rubia, gorras de los Dodgers, Funkadelic, Hank Moody… Coño, no, que eso es California.

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