Passarella Death Squad Passarella Death Squad

Álbumes

Passarella Death Squad Passarella Death SquadPassarella Death Squad

6.8 / 10

Passarella Death Squad  Passarella Death Squad

THE REPUBLIC OF DESIRE

Passarella Death Squad es la banda sonora que una esperaría oír al entrar a un club oscuro donde piden que silabees una palabra mágica que levanta una pesada cortina de terciopelo. Como el Club Silencio de “Mulholland Drive”, como la orgía silenciosa de “Eyes Wide Shut” y su clave Fidelio, como La Habitación Roja a la que se llega después de entrar en el Círculo de Sicomoros en “Twin Peaks”. Una banda sonora seca, vibrante, retorcida, misteriosa, hierática y, sobre todo, sexual. Las canciones de “Passarella Death Squad”, álbum de debut de este trío británico, son enjutas y rezuman sexo a través del deje francés en el inglés de Emilie Albisser, la voz de este triángulo que completan Danny Broddle y Kingsley Gratrick. Las canciones de “Passarella Death Squad” son esqueléticas, minimalistas. Un cabaret electrónico, narcótico, hipnótico y “drónico” que se construye sobre capas y capas de sonido y a unos 75 bmp. El bajo es poderoso y zumbante y la voz de Emilie es cabaretera a lo Marlene Dietricht: imponente, cruda y rasposa. Es perfecta para mezclarla –James Holden y Len Faki ya lo han hecho– y que sus mantras queden retumbando en la mente clubber. Es música que huele a encaje y a cuero y que tiene dress code: el color negro. Esto, además, es literal. Passarella Death Squad son diseñadores y sus colecciones de ropa abruman con su negro monolítico, la sencillez espartana del diseño y la tela de perfecta fábrica japonesa con la que están hechas.

El problema de este debut –que sigue al EP “Ima / Blackout” y a los 12”s “Painted Yellow, Painted Black” y “Those Are Sirens”, también producidos por Tim Holmes, de Death In Vegas– es, precisamente, que todo resulta demasiado... estético. No sólo por la parte de diseño –además de la división textil, la portada está concebida por M/M, el último grito del diseño gráfico mega cool de París–, sino también por la estructura del disco: cuesta diferenciar los diez temas que lo componen y termina pareciendo que se ha entrado en un loop eterno. Su música está recomendada por Tiga, Chloé y Trevor Jackson –que cada uno puntúe en su escala personal los méritos que esto conlleva– y hasta sus supuestas influencias son demasiado “redondas”: The Velvet Underground, PiL, LFO y Cocteau Twins. Hay una vuelta de tuerca estética innecesaria en Passarella Death Squad que deja una inevitable sensación de vacío detrás de su propuesta medio gótica-medio shoegaze-medio ambient-medio spoken word y que hace pensar que quizá donde mejor suene sea, simplemente, en una tienda carísima y con poca ropa en las perchas de cualquier ciudad cool del mundo. Lo mejor, ese cierto regusto industrial que tiene todo el disco, que incita a pensar que en cualquier momento todo puede estallar y empezar un ruido infernal maravilloso. Lo peor: que eso nunca ocurre.

Marta Hurtado de Mendoza

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