Party Hard Party Hard

Álbumes

Donae?o Donae?oParty Hard

6.4 / 10

Donae’o  Party Hard MYISH INC.

En su origen, el funky house nació de la frustración: negros en Londres que tenían toda la credibilidad que las calles podían dar, pero que no disfrutaban ni de champán ni de mujeres que llevarse a un reservado del club. El grime, tan macho, tan oscuro, tan lleno de odio, había asustado al dinero –exceptuando a Dizzee Rascal, que olía billetajas a lo lejos, casi nadie pudo hacer fortuna de la música siguiendo los pasos de las estrellas del rap del otro lado del Atlántico–, pero sobre todo había asustado al género femenino, que no estaba por la labor de soportar una noche más en un garito mugriento lleno de becerros que escupían reniegos por la boca. El funky house, por tanto, quiso ser el otro extremo: hedonismo despreocupado, producciones ligeras, voces aterciopeladas del tipo ‘hey, nena’ y un regreso hacia el momento en el que en la cultura rave se ligaba cada noche, hacia un 2step –aún más– simplificado. Le costó arrancar al género, pero a finales del año pasado, y durante todo este 2009, ya ha encontrado su espacio.

“Party Hard” es un primer síntoma de la ambición mainstream de la escena funky: Donae’o, antigua voz del garage-rap y el grime a la que se había visto en sellos como Social Circles –en la época en que Sticky estaba produciendo los primeros singles de Ms. Dynamite– y en la órbita de The Streets, ha dado el paso y el suyo es el primer álbum oficial de un género que necesitaba de una vez los movimientos a lo grande. Quizá habría que atribuir el título de LP inaugural al “Volumes: One” de Geeneus (Rinse, 2008), pero siendo aquél instrumental, y éste de Donae’o vocal, “Party Hard” cumple con más requisitos y afronta más ángulos: puede que no sea mejor, ni más completo, pero sí es más significativo porque reúne en su hora larga de minutaje la simbología completa y la variedad de matices del funky en este preciso momento, estilo que ni despega ni convence a todos –servidor, perdonen el inciso, todavía no se excita con esto–, pero que demuestra hoy por hoy una vitalidad mayor que la de un dubstep al que se le nota agotado, resollante, amenazando con pedir tiempo muerto.

¿Qué ofrece Donae’o? Con un título como el que gasta, evidentemente una fiesta gorda, aunque no se debe identificar su idea de la fiesta salvaje con la nuestra: a nuestros oídos, una bacanal dance pasa por alcohol a litros, ritmos rápidos y retumbantes, droga en todos los rincones de la casa –que acaba hecha unos zorros– y toneladas de basura por el suelo. Pero como demuestra “Riot Music”, la celebración que propone Donae’o es más implosiva –para adentro, como la eyaculación de Fernando Sánchez Dragó o Iván Tubau–, que explosiva. La primera pieza del LP indica que nos vamos a encontrar con variedad de olores y texturas: arranca con un amen break propio del jungle –pero suavizado, respetando los límites de velocidad en carretera–, con unos graves tensados, pero también arrastrando esa voz de miel que, en adelante, acaparará toda la atención. Donae’o juega el papel del galán, del nigga seductor, y aunque sus modelos a imitar quedan un poco anticuados –le va el rollo del pimp del sur, a lo Nelly, y la garganta sexuada del house a lo Robert Owens; es como si no se hubiera enterado de la existencia de, por ejemplo, Kanye West, por poner un ejemplo evidente–, le viene que ni pintado a un discurso, el del gueto londinense, que ha tenido la imitación siempre en su base, pese a la deformación y dislocación local posterior.

Las producciones de “Party Hard” se bifurcan en dos caminos: por un lado, tenemos el funky callejero, el de las bases minimalistas, rotas por la mitad y con apuntes de calipso y ritmos de conga: “Watching Her Move” y “Love Music” son canónicos en ese sentido. Pero Donae’o no se queda clavado en un único recurso, y los mejores minutos del disco son aquellos en los que rescata el garage-house con un elemento rave – “Because I’m Strong” tiene tanto de Basement Jaxx como del “Killer” de Adamsky, cuando lo cantaba Seal–, “I” es directamente un homenaje al deep house de Chicago de hace una década y media y “When You’re Alone” hace lo propio con el garage de New Jersey. No es revivalismo, sino reubicación –como se ha dicho antes, Donae’o parece que viva en una burbuja, consciente de lo que le gusta pero no del año en que se halla–, y sólo en un trabajo sin oremus pero con gusto decidido pueden darse dos milagros como “Be Mine” y “Mind Your Business”, dos producciones minimalistas, de sonidos futuristas y lentos, raros como en los discos de Clipse, en los que en vez del traficante de drogas aparece Donae’o de rompebragas, como un Craig David con carta blanca entre el ganado de hoes del club.

En conjunto, “Party Hard” es más baboso que excitante –aunque Donae’o se tira todo el disco con el rabo tieso–, y tiene más momentos próximos al sonrojo que al subidón de ánimo –¿es acaso la línea “the roof, the roof is on fire, we don’t need no water…”, tan propia de las pachangas, lo que suena en “Party Hard”, el tema?–, y además está todo embadurnado de una pátina afro – “African Warrior”– que puede llegar a agotar. Es un disco frustrante en el sentido de que expone todas las virtudes y líneas de movimiento del funky house: como lo fueron “Boy In Da Corner” (Dizzee Rascal) para el grime o “It’s All About The Stragglers” ( The Artful Dodger) para el UK Garage, es fundacional y pionero, pero continúa la misma sensación que se obtiene de escuchar material mucho más progresivo como el de productores como D-Malice o Roska: ¿es esto todo lo que el funky puede ofrecer? ¿Pensarán algún día con la cabeza en vez de hacerlo sólo con la polla?

Javier Blánquez

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