Paramatma Paramatma

Álbumes

Mono/Poly Mono/PolyParamatma

7.8 / 10

Mono/Poly  Paramatma TASTEFUL LICKS

El mundo se acaba. Es así. Cuando los acontecimientos comienzan a precipitarse, cuando todo va más deprisa, cuando el paisaje pasa a velocidad de vértigo por la ventanilla y las entrañas te dicen que la colisión es inminente, es que algo gordo se acerca. Y no hablo sólo de tsunamis, terremotos, huracanes, meteoritos y aviones que se estrellan contra rascacielos. También en la música del presente curso puede uno juntar la línea de puntos y encontrar un dibujo macabro que habla de muerte, azufre y sufrimiento. El último en sumarse al anuncio del Ragnarök es un misterioso destripador que se mueve en las sombras; un ángel caído de piel negra que ha dormitado en las cloacas californianas (ciudad de Bakersfield) hasta ahora, despertando en toda su fealdad cual Cthulhu del wonky… Lanzando un rugido atenazador que hiela corazones.

De cortísima edad –no llega a los 25– y conexiones con el culto secreto de Brainfeeder, Low End Theory y otros vértices de la conspiración angelina, Mono/Poly es de los que han visto el alzamiento del Maligno en sus peores pesadillas y quieren contarlo. Sin mariposear, sin optimismo que valga, sin la menor intención de sonreír ni aunque sea con mala leche. “Paramatma” es el testamento pre-mòrtem de una realidad que se escurre entre nuestros dedos para perderse en los sumideros de este comienzo de siglo. No huele a cloaca, pero tiene su estética: hay humedades, neblinas tóxicas, sonidos atemorizadores, miedo, nerviosismo. Trufado de speeches que nos hablan de conspiraciones inquietantes –uno de los más insistentes nos explica el 11-S como una trama urdida por el propio gobierno americano–, el debut de Charles E. Dickerson se inspira en la paranoia y el terror cósmico y nos regala una hora de espiritismo electrónico sin red, no apto para integristas del boom bap y desprevenidos en busca de evasión y sonrisas. La materia oscura que mantiene unidas las galaxias de Mono/Poly, mientras su universo se expande hacia la congelación total, tiene un doble filo perfectamente discernible: el dubstep y wonky (sucios, densos, oscuros) son el secreto. Evidentemente, también hip hop, IDM, dancehall, illbient y otras veleidades de la nouvelle vague californiana desfilan en este cinturón de asteroides que aplastaría al Halcón Milenario como si fuera una lata de Coca-Cola en la autopista.

Sonidos de máquinas futuristas parcheados a ojo en una caja de ritmos tullida, con graves capaces de reventar las nueces de mil travestis ( “Black Box Matrix Death”); océanos de gas líquido surcados por olas de IDM y tamborileos narcóticos ( “In The Air”); sopas enfermizas de dubstep depresivo con gotitas de J Dilla ( “The System Crumbles”); una grabación pirata del fax de Hannibal Lecter que deja a Spectre como una niña malcriada de colegio de monjas ( “False Flag”); sintetizadores llorosos y melodías infantiles que nos devuelven a los años 90 de Warp ( “Fireworks”); bajos saturados que se retuercen como gusanos agonizantes en la inmensidad del espacio ( “Explosive Puppetry”); secuencias de ritmos resquebrajados bajo el peso del wonky más sucio y anárquico ( “Antibodies”); sobredosis de lisergia jazz y electrónica cósmica imposibles de aguantar en los auriculares sin volverse loco ( “Let’s Take A Trip”). “Paramatma” es áspero y demasiado experimental si eres de paladar quejica. Es pastoso. Necesita varias escuchas. Es extraño. Eso sí, se trata de uno de los bofetones más estimulantes que nos ha dado el lado oscuro de los nuevos beatmakers de la franja californiana. La mejor forma de comprender que el fin está cerca, que somos todos marionetas y que la Invasión de los Ultracuerpos es real y está aquí, delante de nuestras narices. No os creáis la patraña del rock’n’roll: esta sí que es la música del diablo.

Óscar Broc

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