Paralytic Stalks Paralytic Stalks

Álbumes

Of Montreal Of MontrealParalytic Stalks

7.5 / 10

Dice Kevin Barnes, no sin cierta ironía, que “False Priest” (2010) fue su intento de convertir a Of Montreal en un objeto cultural comercial, un disco de fácil digestión para la masa que se gasta dinero en música. El resultado, está claro, no se desprendió del aroma arty y raro que acompaña al grupo afincado en Athens (Georgia, Estados Unidos) desde 1997. Tampoco lo hará, desde luego, su undécimo trabajo. “Paralytic Stalks” son nueve canciones que nacen de la necesidad de huir de la penumbra donde había caído su autor, que exorciza sus demonios. Barnes habla sobre la depresión ( “Spiteful Intervention”), sus crisis espirituales ( “Gelid Ascent”), los amores que duelen ( “Malefic Dowery”), las amistades que llegan a su fin ( “Dour Percentage”) y observa con pesimismo al ser humano, un animal sediento de sangre ( “We Will Commit Wolf Murder”). Sólo en el último corte, “Authentic Pyrrhic Remission”, el cantante compositor y multiinstrumentista (aquí también productor) dibuja un futuro esperanzador en una letra mística que asegura que todos podemos aprender de los demás.

Inmerso en un periodo de huida hacia delante, este activista del colectivo Elephant 6 (The Olivia Tremor Control, The Ladybug Transistor) olvida cualquier atisbo de complacencia con el oyente y ofrece algunas de las canciones más complejas e inaccesibles de su (ya de por sí) atípica carrera. “Exorcism Breeding Knife” es el mejor ejemplo de este giro hacia una música “menos superficial y más expansiva”, que deja en segundo plano el funk electrónico marca de la casa y se sumerge con osadía (quizá, demasiada) en el universo del avantgarde, la música clásica contemporánea y el free-jazz. “He escuchado mucho ‘The Age of Adz’ de Sufjan Stevens y me ha convencido de que un buen disco no tiene por qué ser accesible”, asegura Barnes, que cita entre sus influencias a Ornette Coleman y Krzysztof Penderecki.

El resultado de estas miras tan elevadas es un álbum denso y oscuro, traspasado por mil aristas que convergen en “Wintered Debts”, una canción río que salta de la intimidad susurrante a un follón enloquecido a través de pasajes de calma y psicodelia. Paradójicamente, los cortes más resultones son al final los más directos y luminosos, en especial ‘Spiteful Intervention”, aunque la letra no sea precisamente una juerga: “Esta noche hice llorar a la persona a la que quiero y me he sentido bien”. La sensación final es que uno echa de menos obras anteriores como “Hissing Fauna, Are You The Destroyer?” (2007), donde la intención experimental convivía con cierta predisposición a la diversión del oyente, y no tanto al onanismo de su creador. Veremos cómo funciona en directo; por lo pronto, Barnes ya ha declarado que está cansado de hacer el número sobre el escenario (desnudarse, salir montado en un caballo) y que quiere “crecer como artista”.

We Will Commit Wolf Murder

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