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Álbumes

Atlas Sound Atlas SoundParallax

8.8 / 10

4AD

La gran enfermedad (benigna) que sufre Bradford Cox es una incontinencia creativa que le ha llevado a publicar desde febrero de 2008 tres álbumes con Deerhunter y otros tantos con su proyecto en solitario, Atlas Sound. Y todo ello sin contar los diversos EPs que o bien ha editado en formato físico o ha regalado a través de su blog. Esto no sería una noticia por sí sola, ya que no es ni el primer ni el último músico con tanta facilidad a la hora de crear canciones. Lo que es verdaderamente asombroso es que todos estos trabajos, especialmente por lo que se refiere a los lanzamientos oficiales, vayan del notable alto al excelente. Por eso, cuando llega a tus manos su más reciente creación, en este caso “Parallax”, es inevitable entrar en comparaciones y resulta difícil desmarcarse de su anterior obra. Más aún cuando este nuevo álbum parece la continuación lógica de sus predecesores, como si cada LP del de Athens fuese una nueva pieza de un puzzle que parece estar lejos de completarse (recemos para que así sea).

Las dos últimas portadas de Atlas Sound no son nada gratuitas. En “Logos” Bradford Cox aparece desnudo y con un halo de luz tapándole la cara. Respondía acaso a lo despojado y celestial de su música. Dos años más tarde, con “Parallax” sucede más o menos lo mismo. El arte nos muestra al líder de Deerhunter elegantísimo frente a un micrófono vintage, recordándonos a Jeff Buckley o a algún crooner de hace más de medio siglo. Tampoco debería extrañarnos. La voz de Cox en sus discos en solitario carga con un gran protagonismo, más aún si cabe en sus minimalistas directos. Y, por otro lado, su música nos lleva a ratos a décadas como los cincuenta o los sesenta. Ahí está “Mona Lisa” para atestiguarlo. Esta delicia indie-pop de melodías y estribillos infecciosos se encuentra entre lo mejor de este trabajo y tiene un regusto beat music que le sienta fenomenal. Es, además, la única pieza rescatada de la serie “Bedroom Databank”, aunque para la ocasión decidió darle lustre en el estudio con la ayuda de Andrew Vanwyngarden de MGMT, que le acompaña al piano y en los coros.

Así como “Mona Lisa” podría ser la “Shelia” de este álbum, hay otras canciones que también entran rápido, como son “The Shakes” y “My Angel Is Broken”. La primera encaja perfectamente dentro de los pasajes más ligeros de “Halcyon Digest” y la segunda repite la fórmula ganadora por la que apuesta últimamente Bradford Cox: pizcas de rock clásico sobre sus ya habituales lienzos dream-pop. Son los momentos más accesibles de “Parallax”, lejos quedan ya esas composiciones electrónicas de dormitorio de “Let The Blind Lead Those Who Can See But Cannot Feel” o incluso algunos patrones rítmicos enrevesados de “Logos” que lo hacían más disperso. También aquí insiste en las texturas acuáticas. De hecho, lo lleva hasta el extremo nombrando a una de las canciones “Modern Aquatic Nightsongs”. Nunca un título podía haber sido más elocuente. Porque aunque aquí hay mucha luminosidad, también hay canciones para escucharlas con las luces apagadas. 4AD dice que el género de este disco es la ciencia-ficción y no va desencaminado. “Doldrums” sería la banda sonora perfecta para flotar en gravedad cero sin rumbo fijo. En su primera mitad, antes de aturdirnos con un mar de drones, “Flagstaff” nos acerca a terrenos celestiales y muestra a un Cox con una voz más angelical que nunca, especialmente en los primeros segundos. Pero tras unos minutos de viajes galácticos y celestiales, toca bajar a la tierra con “Lightworks”, un ejercicio con la dosis justa de psicodelia que todo fan de Deerhunter espera. “Everywhere I look there is a light/and there's no pain” canta aquí un optimista Bradford Cox, casi como si se hubiese olvidado que unos temas atrás, en “Parallax”, no se mostraba tan entusiasta ( “Give me pain / Give me bruises”).

Ante tantas nuevas y gloriosas canciones tampoco hay que olvidar los numerosos adelantos que ha ofrecido a lo largo de los últimos meses. Primero llegó “Terra Incognita”, minimalista en sus formas, con un Bradford Cox radiante tras el micro y certero con los simples punteos de guitarra. Es el tema más largo del álbum y también el mejor. Estructurado con maestría, caldeado a fuego lento, nos lleva de paseo por unas tierras nada desconocidas para desencadenar en un fastuoso final en el que cada “Ba” que susurra el líder de Deerhunter parece querer dibujar una nube en forma de peldaño directa a las puertas del cielo. Más tarde nos regaló “Te Amo”, en la que cambia la guitarra por el piano para entonarnos una de esas nanas ( “We’ll go to sleep / And we’ll have the same dream”) que sólo él sabe crear. Desgraciadamente, cuando ya estás en manos de Morfeo, la pieza termina bruscamente. Si sólo hubiese durado diez minutos más.

Así, rozando la perfección, acaba por confirmarse en “Parallax” lo que ya se demostró en “Logos”. Atlas Sound no es sólo el proyecto en solitario de Bradford Cox. Aquí no deposita las ideas que le sobran de Deerhunter. Estas canciones ya no son la metadona que nos tomamos para superar el mono entre disco y disco de la banda madre, se han convertido en la droga en sí. Y no podemos vivir sin ella.

Álvaro García Montoliu

Atlas Sound - Terra Incognita by Pretty Much Amazing

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