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Álbumes

Max Tundra Max TundraParallax Error BeheadsYou

7 / 10

DOMINO / PIAS

Reconozco que aún tenía a Max Tundra por el terrorista de la paranoia electrónica que aún es en “Nord Lead Three”, y cuando me encuentro que ha dado un giro completo hacia el glitch-pop que lo acerca a Scritti Politti, vuelvo a no saber por dónde navego con él. Porque después de robar frases de himnos nacionales europeos para destrozarlos en sus discos, o de acercarse al universo de Digital Hardcore, no cabe más que un razonamiento: Ben Jacobs estaba como una cabra y lo sigue estando. Le gusta demasiado jugar al despiste y aunque al principio ese fuera su talón de Aquiles, hoy no queda otra que dejar de resistirse y aceptar que, si un día Max Tundra llega a llamar la atención, será precisamente por su esquizofrenia y no por su paranoia. Su tercer álbum en ocho años parece un resumen de todas sus patologías con el añadido del pop sintético tradicional inglés, llegando a emular el tecno-pop ochentero en “The Entertainment”. Precisa una escucha desprejuiciada en la que no haya ni rastro de recuerdo de quienes éramos en el año 2000. Al fin y al cabo todos hemos cambiado, así que al final, este replanteamiento de lo que debe y no debe haber en una obra propia, es fruto de una inteligencia que no hace prisioneros, que vive la vida y no mira más que hacia delante. Emparejarlo por su formación clásica con Momus o The Chap sería una simpleza. Jacobs-Tundra es irreverente de otra manera. Sus letras son un poco menos arriesgadas menos en el caso de la negrísima “Number Our Days” (puede que aún le falte confianza escribiendo versos), mientras que su música, por el momento, sigue siendo el meollo de la cuestión. Conjuga la tecnología y el virtuosismo con el sentido del humor y la velocidad de manera que, en vez de haber terminado siendo el comparsa cockney de DJ Scotch Egg, ha apuntado a una diana mucho más grande con el mismo resultado irregular de sus dos anteriores álbumes, aunque esto no es necesariamente tan malo como suena. Por una parte, lo explica su evolución brutal, y por otra que por mucho que Ben Jacobs lleve colgado el sambenito de eterno aspirante a tener las ideas claras y encontrar su propio lenguaje, por el camino se lo está pasando como un enano. Y nosotros también, porque aunque estén desordenadas, sus ideas son un símbolo de una libertad desprejuiciada que no se encuentra fácilmente estos días.

Jorge Obón

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