Panda Bear Meets The Grim Reaper Panda Bear Meets The Grim Reaper

Álbumes

Panda Bear - Panda Bear Meets The Grim Reaper

7.2 / 10

Si cogemos los últimos tres trabajos de Panda Bear, podemos observar una suerte de efecto péndulo: del sonido luminoso y caleidoscópico de Person Pitch al pulso más oscuro y taciturno de Tomboy, y de vuelta a la luz con el reciente Mr Noah. Con la llegada por sorpresa de ese EP hace unas semanas, los fans del trabajo más accesible del de Animal Collective recuperaban la esperanza. Lennox exhibía un sonido más cercano al de su gran obra maestra y la euforia se desató. En algunos círculos empezaron a lanzar campanas al vuelo, apostando por Panda Bear Meets The Grim Reaper como el mejor disco del año próximo -recordemos que verá la luz en enero-, el trabajo a batir en 2015. Veamos, pues, qué es lo que ha salido mal.

Lo primero que comprueba uno escuchando Panda Bear Meets The Grim Reaper es que, efectivamente, se ha vuelto a la psicodelia pop de ambientes luminosos de Person Pitch. Los patrones repetitivos siguen estando ahí, cómo no, pero en lugar de causar un efecto hipnótico -lo que sucede cuando se usan de un modo inspirado-, aquí causan más bien tedio. Lo que se gana en inmediatez se pierde en frescura. O dicho de otro modo: es difícil que este disco te enganche a la primera y se agarre a tu memoria, más allá de las tres o cuatro canciones más inspiradas.

Y, como en Tomboy, no es una cosa de la duración. La mayoría de las canciones están entre los tres y los cinco minutos, aunque hay dos ladrillazos de seis y siete minutos. ¿Es eso acaso un problema? Para nada. Noah Lennox ya ha demostrado en el pasado que con las largas duraciones se crece. Bros y Good Girl/Carrots duraban doce minutazos y nadie se quejó. Más bien al contrario. Pero mientras que en aquellas piezas siempre había una constante mutación pese a la repetición -es decir, siempre aparecían nuevos pasajes que de escucha en escucha se convertían en tus inmediatos favoritos-, aquí sólo deseamos que se acabe el corte. Hablamos en concreto de Come To Your Senses, que se lleva todos los palos porque es la más larga, sí, pero también porque no hay por donde pillarla. Sólo la salvamos por la outro, pero de eso ya hablaremos más adelante.

¿Pasa lo mismo con todas? Ni mucho menos. Hay alguna excepción. Mr Noah es una de ellas. O Principe Real, que es una absoluta maravilla por varios motivos. Principalmente porque aporta un toque bailable que no nos imaginábamos en Panda Bear. Es una actualización de su discurso que agradecemos mucho a estas alturas de su carrera. Y también es una de las pocas canciones que vas a quererte poner una y otra vez. Está, en definitiva, a la altura de cualquier corte de Person Pitch. Otra de las sorpresas la encontramos en Tropic Of Cancer. Aunque no es para echar cohetes y es repetitiva hasta decir basta, llega un momento en el que le coges el puntillo a esa arpa que suena a lo largo de todo el tema. Es simple en su instrumentación, no hay demasiados elementos, pero eso es precisamente lo que la hace especial. No siempre el pop psicodélico tiene que ser una orgía de sonidos.

Esto conecta con otro de los aspectos positivos de este disco: los sonidos que utiliza. Como canciones completas, de principio a fin, puede que Noah Lennox haya tropezado esta vez. Pero sí consigue sacar siempre algún sonido, algún efecto, que no vas a escuchar en ningún otro disco. Normalmente, estos aparecen en las intros y outros de los temas, y resultan evocadores de imágenes de todo tipo: flotar en el espacio, empezar a sentir los efectos del ácido, atravesar las puertas del cielo, perderse entre la gente en la rave más loca del mundo... Panda Bear se la sabe larga para causarte sensaciones que nadie más sabe crear. Y ese es un don que hay que aplaudir siempre.

En resumidas cuentas, Panda Bear Meets The Grim Reaper no es un disco malo, pero tampoco es lo que muchos esperábamos. En ese sentido, podría decirse que Mr Noah (la canción y el EP) han hecho más daño que bien. Con todo, si ponemos en una balanza la repetición por un lado y la innovación por el otro, ganaría la segunda. La evocación de lugares e imágenes no tiene parangón y, aunque este álbum no vaya a acompañarte durante mucho tiempo, su carácter no adictivo no lo hace necesariamente menos bueno. Hay obras de arte que con una sola degustación te sacian. Y ésta es una de ellas.

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