Pale Fire Pale Fire

Álbumes

El Perro Del Mar El Perro Del MarPale Fire

7.9 / 10

La carrera de El Perro del Mar es una de las más interesantes de seguir por su capacidad de reinvención, de cambiar su pelaje sin alterar su esencia ni bajar el listón. Si echamos la vista atrás podemos observar que Sarah Assbring ha crecido con la publicación de cada uno de sus discos y uno de los motivos fundamentales es porque ha sabido cambiar con acierto el instrumento o la herramienta predominante. En su primer trabajo, de título homónimo, la de Gotemburgo decidió centrarse en la guitarra y dar con un cancionero cercano en espíritu al folk y a géneros de los 50 como el doo wop. Dos años después, en 2008, llegaría el bucólico “From The Valley To The Stars”, en el que el protagonismo recaía en la flauta, el piano y el órgano. Contenía canciones brillantes pero que, desgraciadamente, pasaron algo desapercibidas, como es el caso de “Glory To The World”, que si ahora la escuchase algún fan de Beach House se volvería loco. En su tercer álbum, el soberbio y cortísimo “Love Is Not Pop”, contó con la colaboración de Rasmus Hägg, de la disuelta dupla sueca Studio. Aquí se impusieron el bajo y los coros, dando con un sonido mucho más electrónico y cercano al LP que ahora nos ocupa, “Pale Fire” (especialmente en temas como “L Is For Love”), que a todas luces se puede considerar como la continuación lógica en el camino que emprendió hace seis años.

Para “Pale Fire” Assbring tenía pensado volver a llamar a Hägg, pero finalmente decidió producirlo por su cuenta. Con todo, mucha de la influencia balearic se encuentra en este álbum, bien cargado de samples vocales y aroma disco. Este pálido fuego (Nabokov, por supuesto) empezó a asomar la cabeza allá por el verano con “Walk On By”, una irresistible pieza de pop sensual a base de vientos húmedos, una percusión cálida, un bajo funk y unos versos a los que agarrarse como si no hubiese un mañana ( “Solitude is my best friend / The one who sees me cry”). Resuenan ecos de Sade en ella (la inglesa cada vez más consolidada como influencia), pero también tiene mucho de ese pop sofisticado de los 90 de bandas como Saint Etienne. Sus beats pueden llegar a recordar a “Only Love Can Break Your Heart” por lo que se entiende que el trío londinense se decidiese a remezclarla. Entre las más movidas del lote también se encuentra “Dark Night”, una pieza de atmosférico inicio, casi como si de Orbital se tratase, en la que más adelante el foco se pone sobre una simple línea vocal. El corte se convierte así en un himno house que reclama a los cuatro vientos una remezcla a la altura. Tendría todo el potencial para convertirse en la “It’s A Fine Day” del siglo XXI.

Su producción es tan limpia que en canciones como “I Carry The Fire” puedes sentir como si Timo Lundgren estuviese tocando ese lascivo bajo al lado tuyo. Vaporosa y de toques tropicales, la canción incorpora además unos sonidos vocales que parecen de otro mundo. Algo a lo que también recurre en “Love Confusion”, con un título que le va como anillo al dedo por sus texturas brumosas y con el mismo espíritu etéreo y extravagante que el de la música de Grimes. También se la puede comparar con otras artistas contemporáneas como su compatriota Lykke Li, especialmente por su dulce manera de entonar (la muy reggae “Love In Vain” la podría haber firmado ella misma hasta las cejas de THC), o con Yeasayer (la animadísima “Hold Off The Down” cuenta con una atractiva percusión tribal muy parecida a la de los brooklynitas).

La gracia de “Pale Fire” radica en su acierto por crear un ambiente distendido, rematadamente cool y con la mirada puesta casi siempre hacia la pista de baile. Ya sea con los sintes saltarines de “Home Is To Feel Like That”, los vientos triunfales de la pieza titular, la fragilidad de unas letras que hablan de melancolía, soledad o tristeza, los pianos ondulantes que suenan aquí y allá, el groove del bajo palpitante de “To The Beat Of A Dying World” o la más serena “I Was A Boy”, todo está estudiado aquí hasta el más mínimo detalle para que caigas rendido a los pies de una música sofisticada pero accesible, agridulce pero encantadora, con una instrumentación cálida recubierta por capas heladas. El cambio en El Perro del Mar no podía haber resultado más excitante.

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