Pacific Estandard Time Pacific Estandard Time

Álbumes

Poolside Poolside Pacific Estandard Time

7.7 / 10

Coged la marroquinería que llevaban los Bee Gees, los peinados de Toto y la pedrería disco con más purpurina de principios de los 80s y dádselas a Poolside. Ellos se encargarán de utilizar dichos ingredientes en una sopa fría que podría recordar vagamente a Hot Chip o Metronomy, pero, cuidado, con un añadido que le da un valor especial al invento: chispas de lisergia acid y momentos de funk estival al más puro estilo Oriol, pero en clave piscinero-cannábica full time. Hacía meses que no escuchaba algo tan rematadamente cool. Tan reparador. No creo que haya disco más indicado para estas fechas de remojo, arena y condones usados. El verano 2012 ya se ha adjudicado nuevos heraldos.

Filip Nikolic y Jeffrey Paradise lanzan desde la soleada Los Ángeles un tratado de ritmos veraniegos que huele a after sun cosa fina. Es la sensación de libertad y distensión de las vacaciones destilada en sonidos electrónicos que acarician el cartílago de las orejas como la lengua juguetona de una modelo de 23 años. Resulta imposible no construir imágenes de piscinas de hotel, vasos gigantes de piña colada y bandejas de fruta cortada en triángulos. Pero sería demasiado simplista catalogar el sonido relajado y embriagador de Poolside como de “usar y tirar”. Aunque sus desplantes de funk, sus falsetes horteras y sus arreglos rayanos en el calypso nos hablen del “aquí y ahora”, la fórmula del dúo perdura y aguanta en el iPod gracias a la maestría con que Nikloic y Paradise actualizan y reinventan a su manera este juego: a base de originalidad, con trances muy deep, bpms adormecidos y geniales pellizcos de acid.

La etiqueta que ellos emplean es daytime disco, y el apelativo hace justicia al sonido. Su mundo se basa en la decadencia, la pereza, la estética por la estética, el sol, el cloro y los trajes de baño. “Give It A Rest”, la pieza más pop, es como meter a los Toto primigenios, a Jake Slazenger y a Oriol en la misma centrifugadora: grooves freaks e irresistibles. “Take Me There”, con xilófonos caribeños, ecos disco-soul y guitarras funkoides obsesivas es una maldita obra maestra de la desidia cool. El adictivo sonido Acapulco Siglo XXI que pergeñan en la hipnagógica “Between Dreams” es canela en rama. “Just Fall In Love” podría entenderse como un cruce entre Prince, Hot Chip y los Beach Boys en una convención de funk. “California Sunset” es un merengue de psicodelia que sólo tiene razón de ser bajo un sol de justicia en la piscina del pueblo. Pero lo mejor, ah, lo mejor es el epidérmico remix de “Harvest Moon” de Neil Young, un desafío –manipular esta composición es para muchos un sacrilegio– del que salen victoriosos y que merecería estar entre las mejores canciones del 2012: funk reposado, codeína mezclada con Sprite y chicas blancuzcas en biquinis con los labios pintados de rojo pasión y Ray-Ban Wayfarer negras. Adoro este disco.

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