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Álbumes

Deaf Center Deaf CenterOwl Splinters

8.1 / 10

Deaf Center  Owl Splinters

TYPE

La primera referencia del sello Type la firmaron Deaf Center. Era 2004, eran sólo cinco temas –y un remix de Helios–, y era el comienzo de un sello que ya puede considerarse legendario, crucial para entender la música actual embarcada en la exploración de los límites exteriores. “Neon City EP” surgió sin avisar y sin dejar mucha huella, como ocurre con los primeros discos de proyectos primerizos en sellos sin pedigrí, pero hoy, si ahí fuera existe un coleccionista de referencias de Type, aquel vinilo es como el Santo Grial para el caballero Galahad. Al cabo de un año, el primer álbum del dúo noruego compuesto por Erik Skodvin y Otto Todland, “Pale Ravine”, abonó el campo para que creciera, primaveralmente, lo que hoy, por no tener una palabra mejor, llamamos música neoclásica, que es este ambient fino articulado con el lenguaje de la clásica –pianos, cuerdas, vientos– y el avantgarde hipnótico, principalmente el recurso del drone. En su día, “Pale Ravine” era mercancía underground sólo para oídos que persiguen sonidos que sugieran derrota emocional, pero el tiempo le ha dado estatura de coloso y mito. Frágil y oscuro, trémulo y evaporándose, aquel disco es lo que luego fueron Elegi, Greg Haines y Rafael Anton Irisarri. No el principio –tampoco hay que pasarse, esta corriente sonora se remonta a los inicios del siglo XX, año arriba año abajo–, pero sí un fiable kilómetro cero para el estallido de los pianismos, los paisajismos y el bandasonoreo de la última ola.

Seis años después, “Owl Splinters”: no es en absoluto un shock mayúsculo –porque Otto ha seguido aportando su piano a proyectos como Nest, y porque Erik no ha dejado de cultivar el aspecto más oscuro del ambient instrumental bajo su proyecto Svarte Greiner y el sello Miasmah–, pero sí es una visita agradable a la que le abres la puerta sin preguntar antes quién es. “Pale Ravine” necesitaba una secuela casi por una cuestión de higiene: un disco neoclásico como los de la época de esplendor del género, cuando brotaban los Goldmund y los Chauveau en plenitud, para ir marcando la buena senda. La senda, según Deaf Center, es la de los contrastes violentos: el zumbido opaco de un drone con textura de psalterio medieval ( “Divided”) y la transparencia de un piano en el que la mano derecha toca notas agudas y la izquierda acordes de marcha fúnebre ( “Time Spent”); los coqueteos con el dark ambient bañados en más piano ( “New Beginning (Tidal Darkness)”), pero también sin piano, como en “The Day I Would Never Have”, un maëlstrom por el que se desciende al averno; cuerdas inquietantes ( “Animal Sacrifice”) y música que es como ver caer la nieve ( “Fiction Dawn”). En esos juegos de claros y sombras, Deaf Center refuerzan los matices emocionales y el carácter descriptivo del disco y le hacen ganar altura. No tiene a favor el momento coyuntural idóneo del que disfrutó “Pale Ravine”, pero sí conserva el hálito que distingue un disco neoclásico de primer nivel –éste lo es– de uno de esos que se consumen por gula o abatimiento.

Javier Blánquez

Deaf Center - Owl Splinters by _type

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