Oversteps Oversteps

Álbumes

Autechre AutechreOversteps

9.1 / 10

Autechre  Oversteps WARP / PIAS SPAIN

“Oversteps” es el gol de Iniesta en Stamford Bridge: inesperado, en el último minuto, providencial y de efectos catárticos indescriptibles, porque no atiende a razones, sino a un desborde del sentimiento. También incluye este nuevo álbum de Autechre una sensación de justicia cósmica, como lo tenía aquel tanto del rostro pálido de Fuentealbilla: tras una ida y vuelta chocando contra una barrera que se dedicaba a rechazar y destruir, a negarse a participar en el juego, aquel acto de Dios en el último suspiro puso las cosas en su orden y su lugar. Hay veces en que, aunque la realidad se empeñe en fastidiarlo, también pueden ganar los buenos. ¿Por qué hablamos de frustración con el nombre de Autechre escrito al lado? Quien oyera –o sea, sufriera– “Quaristice” (Warp, 2008) está en disposición de poder manifestarse: aquel disco, como también “Draft 7.30” (Warp, 2003) y en cierta medida “Untilted” (Warp, 2005), potenciaba hasta el absurdo la facción más plomiza, anhedónica y (perdón por el neologismo) algo(r)rítmica de Autechre, allí donde la abstracción electrónica se convertía en pajilleo técnico y el cubismo sonoro en un tonelaje computerizado para disfrute de nerds sin alma. Esa orientación hacia la experimentación entendida como chiste privado era la que provocaba la frustración: tras “Tri Repetae” (95), tras “Chiastic Slide” (97), tras tantos discos que buscaban el futuro, Autechre se han pasado la media década anterior buscándose el ombligo, rascando pelusa.

Esto no tiene por qué sonar a herejía –la música no tiene tribunal de la Inquisición–: Autechre tienen estatus de enormidad, serán eternos gracias a un puñado de obras mayores repartidas a lo largo de veinte años de carrera –no sólo las del principio, no seamos tan ciegos–, pero nunca han sido infalibles y no tiene que pasar nada por proclamarlo en voz alta, sin resquemor ninguno. Es pura justicia: han tenido discos de baja altura que alabábamos más de la cuenta por miedo a ir errados (“oiga, que son Autechre, no fastidie”, decía el diablillo del hombro izquierdo), y en cualquier caso el que no miente es el corazón, más lúcido que el pensamiento a la hora de dictaminar que el camino que seguían los Autechre brasa no era el que estábamos esperando en postura de oración. Si de Autechre queríamos emociones, no las había como las merecíamos. Si queríamos experimentación, la había, pero no más ni mejor que la que pudieran sacar de sus portátiles otras bestias técnicas como Richard Devine o Tim Exile –y puestos a escuchar material experimental, mejor tirarse al rollo duro, de Janek Schaefer para arriba–. Y cuando ya lo dábamos todo por perdido, “Oversteps”, como el gol de Iniesta, se cuela por la escuadra.

Aún es pronto para saber si éste será el disco electrónico del año. Tiene muchos números, pero todavía quedan meses en liza y la temporada será larga. A lo que sí apunta “Oversteps” es a resurrección de la temporada: la puesta en forma de Autechre competiría con la del Aznar de los 2.000 abdominales diarios, o lo que es lo mismo, un rejuvenecimiento dentro de una madurez afianzada. Lo que se le reclamaba a Autechre desde diversas plataformas de fanatismo era un regreso a la humanidad. Parecían hombres con cables y prótesis de aluminio en sus extremidades y miembros viriles; intentaban sonreír y les salía una mueca grotesca. Pero “Oversteps” es humano, es fluido, es emocionante dentro de su aparente frialdad, y es una hibridación interesante entre los Autechre que apostaban por lo ambiental de sus orígenes –época “Amber” (94) y los momentos más de paisaje lunar de “Tri Repetae”, barrido por el viento y el polvo– y los Autechre últimos de sonidos imposibles, ritmos intrincados entre los que uno se desorienta y se siente burlado porque ellos aprovechan para torearle con su asombroso dominio técnico del mouse y la programación informática. Pero donde antes excluían a casi todo el mundo, Autechre han abierto ahora las puertas a su pequeño universo, de nuevo, para que lo habitemos y lo sintamos como propio.

Ha sido tan sencillo como abrir una ventana y ventilar la habitación. “r ess” es un pórtico que recibe al oyente con misterio y paciencia, con segundos de silencio y luego minutos de ambientación onírica y con suspense, y finalmente con un break que acaba sonando al primer Burial. Son pocos segundos, una pincelada furtiva y veloz, pero es la prueba de que el hermético mundo de Autechre ya tiene brechas por las que se cuela el aire o puertas abiertas de par en par. Lo que sigue en adelante traza el mismo esquema: Autechre sonando a ellos mismo pero con otros matices prestados por gente que quizá no haya amasado el mismo prestigio reverencial en estos pasados años, pero sí ha completado música electrónica de mérito con la que seguir avivando el fuego de la IDM en el más amplio sentido de la etiqueta. Y, de igual manera, Autechre se autocitan con estilazo y por eso suenan ahí notas de clavicordio ( “0 = 0”, “redfall”, “known(1)”, “see on see”) como aquellas que ascendían en escalera de caracol en el “Pule” de “Chiastic Slide”, y que ahora reptan entre ambient rugoso de polución digital, que son como un cruce entre los genomas de los sellos M3rck y 12k. Los instantes abruptos siguen ahí ( “d-sho qub”), pero con el apoyo de coros y pulsos fríos que liman cualquier arista con ganas de desgarrar el tímpano. Posiblemente esas delicadezas en las melodías y en las texturas sean influencias de artistas como Proem o Lackluster, posiblemente ahora Autechre hayan decidido metabolizar la mucha música que escuchan en beneficio de su propio organismo –y estos dos escuchan música a mares: ahí quedan las doce horas de broadcast online, seleccionando y mezclado vieja escuela y rarezas, que se marcaron el pasado 2 de marzo– en vez de cagarlo todo directamente, a chorro, sin dejarse nada dentro.

Para un proyecto tan hermético como el de Sean Booth y Rob Brown asumir ideas ajenas para enriquecer las propias quizá pueda entenderse como una humillación. Pero no es así, y seguro que ni siquiera ellos entran en esa apreciación. Autechre nacieron del electro, el hip hop y el techno, y con esos ingredientes procedieron a la deconstrucción que cuajó en el insuperable “Incunabula” (93). Luego, a partir de las leyes que establecieron, tiraron de su propio hilo hasta que el hilo se rompió, gastado, débil. Ahora es el momento de volver a tejer desde cero o practicando una regresión al instante cuántico en el que tuvieron dos opciones y se decantaron por la que les ha llevado hasta el callejón sin salida de “Quaristice”. ¿Y si después de “LP5” (98), en vez de forzar la complejidad, hubieran dado el paso atrás de la simplificación para volver a construir de nuevo? Esa posibilidad podría ser “Oversteps”. Hay quien sospecha que parte de este material puede ser rescatado de la criogenización de sus archivos, que no es nuevo, sino la actualización de esbozos, maquetas. Quién sabe, podría ser como podría no serlo, y sinceramente a uno le importa un rábano. Porque si fuera material de refrito, confirmaría el caudal creativo y la vigencia de los Autechre de los noventa, y si no lo fuera confirmaría el caudal creativo y la vigencia de los Autechre de 2010, cerrando un círculo perfecto, o casi. Lo importante aquí es que, contra pronóstico, la hermética pareja de Manchester ha decidido bajar unos minutos a la tierra para reclamar lo que es suyo con un sonido que resulta familiar, pero que se confirma desconocido; un sonido que parece ambient por lo envolvente pero que es un rompecabezas hecho con jirones de corazón. O sea: ¿dónde coño está la alfombra roja?

Javier Blánquez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar