Over Hard Over Hard

Álbumes

Duran Duran Duran Duran Duran DuranOver Hard

7.4 / 10

Duran Duran Duran  Over Hard

COCK ROCK DISCO

Está claro que a Ed Flis le apasionan los penes. Le gustan fláccidos y microscópicos, todavía enrollados en su propia piel y con el prepucio rosado asomando como una ciruelilla, y le gustan en erección y violentos, un géiser de carne hinchada con venas a punto de estallar. Se sabe que a Ed Flis le ponen los miembros viriles porque siempre los saca en las portadas de sus discos: en “Very Pleasure” (2005) eran dos hombres desnudos que correteaban por un campo verde, y en “Over Hard” es una musculoca rubia envuelta entre sábanas y en pose de modelo de la revista Inches con la picha más tiesa que el palo de una escoba bajo de los gayumbos. No hace falta precisar su condición sexual, algo que, por otra parte, tampoco es esencial en la música de Duran Duran Duran: lo gay se queda en las portadas, y lo borde, que es de verdad de lo que se trata esto, se queda en todo lo demás, en la virulencia con la que estallan sus creaciones, terremotos de breakcore atroz, gabber salido de madre, electro más descoyuntado que una mandíbula aporreada por el puño de Mike Tyson y demás maldades. El mal rollo manda, y el chico malo de Filadelfia –ahora afincado en Berlín– ha decidido que haya mal rollo de principio a fin.

Ya era una mente retorcida la del hombre detrás de Duran Duran Duran, al menos en los tiempos de “Very Pleasure” –y qué decir de su nombre artístico, el mejor de todos los tiempos e imposible de superar–. En una travesura de nota de prensa se afirmó –sin que hubiera ninguna posibilidad de verificación: o te lo tragabas o no– que en el grupo había otra persona, pero que ese otro componente se estaba pudriendo en una prisión federal condenado por asesinato. Típica broma de mal gusto de un personaje que se pasa lo políticamente correcto por su sudada entrepierna para luego arrojarlo hecho un guiñapo a la papelera más cercana; típico artista que excita al dueño del sello Cock Rock Disco, el entrañable Jason Forrest, al que le gustan las animaladas más que a un tonto un lápiz. “Over Hard” es lo que un potencial fan de Duran Duran Duran –alguno hay, por extraño que parezca– querría esperar: una bronca sin remilgos y una versión mejorada del anterior álbum, aunque no tenga un inicio tan devastador como aquél –a saber, un sample del “Don’t Go” de Yazoo machacado por un breakbeat estomagante–.

Conceptualmente, Duran Duran Duran es un artista que pertenece a varios años atrás, a esa primera mitad de la década anterior en la que aún parecían provocadores aquellos terroristas del laptop como kid606, el canadiense Knifehandchop y Hellfish & Producer, los adalides del gabber técnicamente depurado. Porque hubo una época no muy lejana en la que la música rave salida de madre, irreverente y provocadora de dolores fuertes de barriga se hacía con ribetes de IDM, con una limpieza de sonido –buenos plugins que garantizaban nitidez, precisión, un toque arty– que contrastaba brutalmente con las bárbaras y asociales intenciones de los artistas. Y “Over Hard” tiene un acabado meticuloso en la producción, un pulimentado a conciencia, aunque luego te siente como una coz de burra en todo el occipital. Para despistar, comienza lento, con una intro con voz de anciano, aunque con “Drop That E” ya empiezan a sonar los primeros breakbeats, el electro enérgico, las referencias a la droga sin mesura y a la fiesta sin horario de regreso a casa. Todo excesivo, todo al filo del mal gusto – “Bass Racist” es un ejercicio de gabba a bajas revoluciones con ecos de música africana y paquistaní–, todo de menos a más, cada tema es un asalto con el que no hay término medio: o vomitas el desayuno o te subes a la mesa a bailar, a desfogarte con el electro duro de “Booty Jihad”, con el algo así como tributo al Aphex Twin desquiciado de “Prime Cut”, con el acid turbulento de “Brainwash”, y con el tramo final, desquiciado, anfetamínico, a base de breakcore y gabba, que empieza con “Furious George”, continúa con el sample de Flavor Flav en “Basement Tape” y concluye al más puro estilo Knifehandchop en “Bomb The Base”. De postre, un remix de “Year Of The Monkey” a cargo de Xanopticon que seguro que provoca cáncer. Hubo una época en la que la mala educación y romper cristales no sólo era divertido, sino que era arte. “Over Hard” le abre una puerta a esa nostalgia, y servidor entra. Pueden seguirme si quieren, pero bajo su exclusiva responsabilidad, que quede claro.

Javier Blánquez

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