Out Of The Game Out Of The Game

Álbumes

Rufus Wainwright Rufus WainwrightOut Of The Game

6.9 / 10

Al fin la vida parece que le sonríe a Rufus Wainwright. Tras aquel menor “All Days Are Nights: Songs For Lulu” (Decca, 2010) –en el que se valió de poco más que de su piano para llorar la muerte de su madre, Kate McGarrigle–, el artista ha vuelto a vislumbrar la luz en su día a día. Con el luto superado (salvo en ese delicado cierre de ocho minutos titulado “Candles”), a Rufus le ha sentado más que bien su recién estrenada (y atípica) paternidad. Y lo mejor es que por fin, dejando sus experimentos de lado, ha decidido volver a recuperar las estructuras más pop de su cancionero. Aunque eso sí, sin necesidad de retomar las rimbombantes sinfonías de “Release The Stars” (Geffen, 2007) y moderándose en un trabajo que prescinde de la épica y el barroquismo melodramático de antes. Rufus se nos hace mayor y parece haber entendido que menos es más. Las divas tienen derecho a rebajar su ego.

Acompañado de Mark Ronson en las labores de producción, al final “Out Of The Game” no resulta tan bailable como Rufus nos había prometido. Más allá de “Bitter Tears”, en la que reina una versión azucarada y sintética de Bach –embriagado por el italodisco–, nuestro protagonista se ha dejado querer por la radiofórmula de los 70s, aquellos héroes de la AOR como Elton John o Fleetwood Mac y que asoman la cabeza en piezas como esa urbe imaginaria que relata “Jericho” o “Barbara”, un homenaje a su amiga y manager de mismo nombre.

El musical cabaretero de antaño da paso al country soft de “Respectable Dive” y los atrezzos embellecedores vienen a cargo de un coro góspel en el tema titular y en “Rashida”, una gema digna de haberse podido ver en una de las operas-rock que tanto le chiflan. Aunque hay más. Ese “Perfect Man” originalmente rechazado por Neil Tennant de Pet Shop Boys (aquí su hermanísima, Martha, vuelve a ejercer de corista) o “Song Of You”, un tema dedicado única y exclusivamente a su novio en el que Rufus deja para la posteridad una de las mejores y más sentidas interpretaciones vocales de toda su carrera, hacen de este “Out Of Game” un ejercicio de clase y saber estar placentero con mucha cuerda por delante. Cuando un disco de estas características tanto podría haberse editado ahora como hace treinta años sin perder un ápice de calidad, siempre es buena señal.

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