Out Of Sync Out Of Sync

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ASC ASCOut Of Sync

7 / 10

Es admirable la capacidad que tiene James Clements para, al mismo tiempo, ser y no ser él mismo. Aunque para clarificar esto, deberíamos preguntarnos primero quién es James Clements. Un repaso a su biografía indica lo que cualquier aficionado al drum’n’bass ya sabe: es uno de los productores con mayor trayectoria –y sonido más flexible– de los últimos diez años, un resistente del underground que empezó a desarrollar sus propios rolling beats en 1999, líquidos y airosos, y que puntualmente los iba deformado en giros más lentos y meditativos, ocasionalmente incluso recurriendo a pautas rítmicas y texturas cercanas al techno de Detroit –es decir, un equivalente para la nueva escuela al jungle cerebral de Photek, aunque en el caso de ASC no se trata tanto de la frialdad como de la contemplación emocionada, y es por esta razón por la que su figura, en la actualidad, está levemente alejada de los Consequence, Rockwell o Genotype de turno, para los cuales el estudio de grabación doméstico es como un laboratorio, una especie de CERN del sonido en miniatura, y más en sintonía con Calibre (con el que ahora comparte sello) y dBridge.

En realidad, ASC está cada vez más fuera del jungle, si nos atenemos a la definición más purista del género: rara vez alcanza los 180 bpms –hay suerte si llega a los 140–, y ha girado la espalda a la pista de baile. En el álbum que grabó para Nonplus en 2010, “Nothing Is Certain”, ya estaba plenamente ingresado en el nuevo estilo cultivado en los podcasts de la serie Autonomic, donde el drum’n’bass sufría una transformación pausada para acoplarse al tempo del dubstep y de otros experimentos con beats rotos. El desarrollo del ritmo era idéntico a como se había hecho siempre, pero con menos cadencia y velocidad decreciente, y desde ese momento ASC ha entrado plenamente en la espiral: cada nuevo disco implica una rebaja de varios bpms, muchas veces incluso los anula por completo. En su otro álbum de 2012, sin ir más lejos – “Decayed Society”, a medias con Sam KDC–, la cosa va de ambients y drones, y “Out Of Sync” está en el punto medio entre uno y otro: por un roller a cámara lenta como “Glass Walls” hay capas y capas de texturas ligerísimas como “A Song For Hope”, que no sólo por el título parece talmente un producción de bvdub.

A ASC le viene bien la alternancia entre el funk robótico con volutas rítmicas complejas y el estilo planeador, a mitad de camino entre las excursiones galácticas de Detroit y el paisajismo romántico de la escuela ambient. Consigue que el disco no se vuelva ni plano ni monótono en ningún momento –incluso dentro de un mismo corte hace virguerías: “Prometheus” empieza como drum’n’bass líquido y acaba como downtempo veraniego–, y en este ir y venir contagia su estado de ánimo. En “Stay True” suena inquieto, en “Plume” parece pensar con la mente de un robot enamorado, en “Spheres” comienza todo con una pátina de ambient glacial –dulcificado en “Oneironaut”– y le pone música a películas de espías localizadas en una colonia espacial lejana en 2345 durante los tres minutos que ocupa “Disintegrate”. Lo hace todo con convicción y con habilidad, demostrando que tiene tablas y categoría. Sin embargo, tampoco se nos debe escapar que en su huida del drum’n’bass hacia otro sistema solar ASC no ha roto ningún molde ni ha abierto ningún nuevo estilo –algo que sí puede computar en la cuenta global del que es mentor de tantos, dBridge–. Sencillamente, consigue que su investigación constante de nuevas opciones se nos haga amena mientras intenta dar con la tecla exacta que le abra el pasadizo oculto que lleva al futuro. Cómo no, seguiremos esperando.

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