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8.1 / 10

Villa Nah  Origin KEYS OF LIFE / COOP SPAIN - NUEVOS MEDIOS

En la portada de “Origin” confluyen dos referencias: la composición de Manuel Sepulveda no sólo te obliga a pensar en OMD, sino que además remite a la tradición pictórica de la abstracción geométrica, muy en la línea de Malévich. Será por eso que, al escuchar los temas de Villa Nah, es inevitable pensar en tres figuras geométricas bailando sobre un fondo crudo de dos dimensiones. La primera es un cuadrilátero en el que viajan Kraftwerk y su banda sonora para el invierno de la era robótica. Cerca flota un círculo similar a los conjuntos que dibujábamos cuando éramos pequeños; un conjunto que, en este caso, encierra a todo ese synth-pop ochentero neorromántico en el que militaron desde los mencionados OMD hasta Yazoo pasando por The Human League o Pet Shop Boys. Y, por último, vagando en el espacio de dos dimensiones con una lentitud parsimoniosa, un triángulo equilátero es el hogar perfecto para Junior Boys, con sus ambientes crepusculares y su capacidad para coger una maraña de cables sintéticos y convertirla en un nido de emociones y sensualidad. Ya tenemos el cuadro pintado. Ahora vamos a por la música.

Por si a alguien se le ha escapado en la acumulación de referencias del párrafo anterior, el sonido de Villa Nah debería circunscribirse en el nuevo revival synth que nos está llegando en los últimos tiempos. Pero lo cierto es que Juho Paalosmaa y Tomi Hyyppä no tienen la suerte de tener la mitad del camino de promoción andado al ser de Nueva York o de Londres, como puede deducirse por lo impronunciable de sus nombres. Son de Finlandia, así que es inevitable ver cómo la frialdad de su sonido se espeja sobre el larguísimo invierno de su tierra natal. Aunque parte de la culpa de esta gelidez habrá que achacarla también a Jori Hulkonnen, que les devuelve el favor del año pasado (Villa Nah fueron invitados de lujo en “ Re Last Year”, uno de los hits de su último álbum) a través de una coproducción capaz de hacer saltar chispas en la punta del iceberg más congelado. Ahí está el principal logro de “Origin”: ser capaz de resquebrajar la capa de hielo que cubre el Mar Báltico para permitir que una troupe de monstruos serpenteen hacia la superficie para respirar aire fresco. En palabras más cosmopolitas y menos místicas: si Junior Boys encapsulan ese momento a las tres de la madrugada cuando te has llevado a un ligue a casa y estás decidiendo si prefieres dormir la mona o lanzarte al ataque, la música de Villa Nah suena más bien a las últimas canciones que escucharías en una discoteca ideal justo cuando está saliendo el sol, los cuerpos están cansados, las mentes están embebidas de derrota emocional y, pese a todo, quieres seguir bailando.

El disco se estructura en torno a una intro de cuerda deliciosa que introduce el drama como constante emocional (“ Time For Tea”), un interludio que evoca a la banda sonora de cualquier peli cibernética (“ Way Of The Future”) y un final (“ Emerald Hills”) que suena a unos The Radio Dept. con una carga extra de claridad sonora. Tras la apertura, “ Running On” se sirve del piano para establecer unas coordenadas emocionales que, poco a poco, irán ampliando su horizonte a base de sintetizador. Lo que queda claro desde el minuto cero de esta canción es que la constante en “Origin” va a ser el romanticismo de una voz capaz de sonar cálida en medio de la estepa siberiana sin necesidad de recurrir a lo abrasador. Emoción, sí. Pero piromanías, las justas.

Como una fórmula matemática a prueba de bombas, todos los elementos que ponen sobre la mesa Villa Nah están perfectamente ponderados y ajustados para que arrojen un resultado emocionante. Y aunque hay una cierta tendencia a la homogeneidad monótona (que, si acaban puliendo, les asegura un segundo álbum redondo), las canciones van y vienen desde las baladas capaces de arrancar lágrimas a toda una nación de replicantes (“ Autumn Gone”, “ Envelope”) hasta una sucesión de deliciosos momentos bailables (“ Some Kind Of Dream”, “ All The Days”, “ Envelope”) que alcanzan su cúspide justo antes del cierre final: “ Rainmaker” es la canción pluscuamperfecta que abrirá muchas puertas (y algunas piernas) a los miembros de Villa Nah. Escuchando “Origin” es inevitable vaticinar un futuro en el que las puertas se irán abriendo como una línea de piezas de dominó que van cayendo una tras otra: de la abstracción geométrica al esplendor geométrico, del neorromanticismo ochentero a la emoción robótica: del petit comité finlandés a los charts de medio mundo.

Raül De Tena

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