Ordre I Aventura Ordre I Aventura

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Mishima MishimaOrdre I Aventura

8.1 / 10

Mishima  Ordre I Aventura SONESEn los 90, una de las grandes suertes de no vivir en Cataluña era la de evitar el maremoto mediático, social y comercial del llamado “rock català”, etiqueta absurda con la que se quiso definir a un conglomerado de bandas que solo tenían en común el hecho de cantar en la lengua de Pla, muy a pesar de las diferencias musicales que existían entre ellas. Todas al mismo saco. La gran mayoría de esas bandas, además, eran infames, horrorosas, referentes pésimos que se veían endiosados y beneficiados independientemente de su calidad y su aportación artística. Subvenciones de la Generalitat, conciertos masivos, banderas independentistas por todos lados, presencia constante en la radio y televisión pública catalana… a los dos o tres años de ese estallido todo se fue al garete. Por suerte. De ese largo listado de grupos fueron quedando cada vez menos, y hoy en día podemos contar con los dedos de una mano los nombres que han sobrevivido con dignidad y acierto a esa masacre.

El gran problema de ese tsunami político camuflado bajo una nueva ola musical es que el melómano medio con ciertas inquietudes, consciente de las limitaciones creativas de esa escena, perdió cualquier signo de confianza, fiabilidad e interés en la música pensada y cantada en catalán. Incluso daba apuro, vergüenza, reconocer que te podía gustar una banda local que apostara por su lengua vernácula. Era una cuestión de prejuicios, sin duda, pero prejuicios fundados, justificados, totalmente razonables. La gente estaba escarmentada, quemada, incluso asqueada de todo aquello que pudiera estar ligado a maniobras políticas o ideológicas con la música como débil y evidente coartada. Pero como en todo en esta vida, el tiempo también ha acabado curando esa herida. Un ejemplo: los barceloneses Mishima, coronados por la crítica desde hace ya un par de años como el mejor grupo de pop en catalán que ha escuchado la generación indie.Antes que David Carabén, líder, alma, rostro y personalidad reconocible del proyecto decidiera dar el salto al catalán tras unos primeros pasos en inglés, otros habían abierto el camino del circuito indie. Refree, sin ir más lejos. Y luego se sumaron otros, como Nisei. Y en Cataluña empezó a extenderse la idea de que estábamos asistiendo a un renacimiento de calidad, sincero, explícitamente musical, que invitaba a depositar confianza y esperanza en una nueva escena nacida a rebufo del estallido del indie-rock estatal y con un aluvión de nuevas referencias sonoras e inspiraciones. Si el “rock català” se basaba, fundamentalmente, en una ecuación formada por Led Zeppelin, The Cult, The Rolling Stones, The Doors o AC/DC, con la llegada de autores de refresco uno podía citar a la Velvet Underground, Sonic Youth, Tindersticks, Nick Drake o The Magnetic Fields. Otro panorama, otros horizontes. Y en esta nueva fotografía sonora del pop escrito en catalán Mishima han acabado consolidándose como uno de los grandes puntales a los que conviene seguir y, por supuesto, admirar.

“Ordre I Aventura”, su primera experiencia con Sones, quinto álbum en total de su discografía, no es otra cosa que la consagración de un discurso. Un escalón más en el diagrama al alza de la evolución expresiva de la formación, nuevo episodio de calidad, completo, redondo, preciso de un discurso que empezó a coger forma de verdad, a conciencia, en su tercera grabación, “Trucar A Casa. Recollir Les Fotos. Pagar La Multa”, la primera en la que el catalán ejerció de idioma prioritario para Carabén. Sus dos primeros discos, “Lipstick Traces” y “The Fall Of Public Man”, en inglés, acusan, hoy más que nunca, el excesivo peso de las influencias y una personalidad a medio hacer, más preocupada por sonar a algo parecido a The Magnetic Fields que a edificar un discurso propio. Pero a partir de la adopción del catalán es como si la banda asumiera en mayor grado sus particularidades estéticas y expresivas y las amplificara. Todo esto cobra más sentido aún en “Set Tota La Vida”, de 2007, el álbum más Mishima de Mishima. Y hasta hoy, porque “Ordre I Aventura” es la estilización y mejora de su predecesor, con pocas variaciones y cambios y el mantenimiento deliberado de un mismo patrón compositivo.

Carabén se encuentra más cómodo que nunca con las canciones breves, no más de tres minutos y medio por pieza, los fogonazos guitarreros y la llamarada romántica. Son composiciones sin complicaciones, de una simpleza arrebatadora, que van al lío desde el inicio. Repite Paco Loco en la producción, de ahí que no apreciemos grandes modificaciones. El álbum no alcanza los treinta minutos, pero anda sobrado de intensidad y punch. Como en “Set Tota La Vida” se impone una fórmula que junta a la Velvet, The Magnetic Fields, Tindersticks y The Divine Comedy, quizá desde un prisma menos predecible que en sus inicios, con más fuerza y peso de la base rítmica. Y sobre todo con unas letras que, a lo largo de los años, sólo han hecho que mejorar notablemente, como si Carabén, que desde hace un tiempo ya se dedica en cuerpo y alma al grupo después de un periodo muy productivo ligado al mundo audiovisual –desde aquí no puedo evitar recomendar su maravilloso programa “Recorda, Míster” para Barça TV–, hubiera intensificado su trabajo y atención en esa faceta. Estos son sus mejores textos hasta la fecha, los que condensan con más precisión ese universo de romanticismo doméstico, urbano, referencial y culto, con las palabras justas y medidas, muy bien encajadas con la música.

La conclusión a la que se llega después de escuchar “Ordre I Aventura” es que no hay sorpresas ni alteraciones reconocibles. Con toda probabilidad, se trata de su grabación más continuista, pautada y cómoda, en el sentido que no arriesga ni se marca grandes retos, pero también estamos ante su disco más completo y concluyente hasta la fecha. Es el que mejor compacta toda la iconografía literaria, sonora y visual de Mishima, el que pule con más precisión las aristas de su discurso y el que transmite con más empeño la pasión e intensidad lírica de su líder. Es un álbum de consolidación plena, el primero que se piensa en clave de profesionalización total de la banda y el que indiscutiblemente un servidor recomendaría en primera instancia para explicarle a alguien a qué suenan y qué significan las canciones del grupo catalán.

Mario G. Sinde* Escúchalo, compralo.

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