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Silje Nes Silje NesOpticks

7 / 10

Silje Nes Opticks FAT CAT

Silje es noruega. Creció en un fiordo. Aprendió a tocar el piano siendo una niña. Luego se mudó a Bergen. No dejaba de llover. Aprendió a tocar la guitarra. Luego aprendió a tocar el arpa. Y el violín. Empezó a componer canciones. Se mudó a Berlín. Se compró un laptop, un micrófono y grabó una maqueta con cuatro temas (folk marciano, algo así como una Joanna Newsom armada con un MiniDisc y sin miedo al sampler) que hizo llegar a Fat Cat, su actual sello. Sí, los chicos de la discográfica escucharon los cuatro temas y la ficharon. Fichaje que dio lugar a un primer disco, “Ames Room”, que le valió acertadas comparaciones con Leila Arab, Tujiko Noriko y Lau Nau. Luego siguió con su particular experimentación (pop etéreo, ambient folk de coros invertidos que se miran al espejo y se reflejan en un bucle sonoro casi líquido: sirva “Simmetry Of The Empty Space como ejemplo), experimentación que ha cristalizado en “Opticks”.

De entrada, “Opticks” es un álbum poliédrico. Poliédrico en el sentido en el que lo son las canciones que ofrecen reflejos de sí misma constantemente, como si estuvieran dentro de una especie de caleidoscopio sonoro ( “The Card House” es el corte estrella en este sentido). Pero también es un álbum etéreo, una tarde de domingo sumergida en un vaso de agua convertido en el pequeño reino submarino de la chica que recogía los cristales rotos ( “The Shades” pero sobre todo “Rewind”, con todos sus ruidos de fondo, con todas sus interferencias), un puñado de paisajes interiores, similares a los que pintaba Chan Marshall ( Cat Power) en la época “Moon Pix” ( “Silver Blue”) y cuerdas que amenazan con romperse ( “Branches”) y acaban transformándose en deliciosas cápsulas de buenas noches que podrían pasar por nanas cantadas por niñas perdidas ( “Ruby Red”).

Adentrándose en el arte de construir habitaciones sonoras en mitad del bosque, Silje Nes da un paso de gigante con este “Opticks”, un álbum perversamente vulnerable que supera a su predecesor en ambición conceptual y encaje, pero que no acaba de explotar las múltiples virtudes de Silje, la multinstrumentista que creció en un fiordo, demasiado aburrida para casi todo, y que se limita a pisar el acelerador en momentos clave, sí ( “Hello Luminance”), pero nunca a fondo. Digamos que el día en que la chica perdida se decida a sacar del armario todos sus juguetes sonoros, su proyecto despegará definitivamente. Mientras, disfrutaremos de sus delicadas construcciones atmosféricas.

Laura Fernández

Silje Nes - Ruby Red

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