Open Your Heart Open Your Heart

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The Men The MenOpen Your Heart

6 / 10

¿Por qué le gusta a la gente The Men? Quiero decir, no son malos, ¿pero está tan estancado el mundo de las guitarras como para que “no está mal” tenga que interpretarse por todas partes como “algo absolutamente vital”?

Esto es lo que pensé cuando empecé a empaparme por primera vez de la saliva hype que se generó alrededor de su segundo álbum, “Leave Home” (Sacred Bones, 2011). Fui a buscar una copia en la tienda de discos en la que trabajo y encontré tres que llevaban ahí tanto tiempo que su precio se había reducido a tres libras. Me lo puse. “Está bien”, pensé. Se acabó el disco. “Ha estado bien”, pensé. Pero no en un sentido “Rock & Roll” de la Velvet Underground. Simplemente, ya sabes, estaba bien. Unas cuantas piezas agradables, ruidosas, unas cuantas canciones francamente olvidables. Correcto.

Evidentemente, me estaba perdiendo algo, y parece ser que aún me sigue ocurriendo. Su nuevo álbum, “Open Your Heart”, ha conseguido un entusiasmo exagerado por parte de los críticos, proclamando el retorno del rock como si fueran los Adventistas del Séptimo Día indies, como si bandas como No Age, Titus Andronicus y gente de ese pelaje no existiese. El caso es que puedes ir casi a cualquier ciudad de occidente y encontrar una banda tocando al fondo de un pub para sus novias y un puñado de tipos envejecidos con chaquetas de cuero. The Men son, sin duda, mejores que la mayoría de ellas, pero eso es un poco como si un monologuista fuese mejor que casi todo el resto de monologuistas que cuentan chistes sobre suegras. Afortunadamente para ellos, tocan tocando en bares de Brooklyn y no de Basingstoke o Burgos.

El álbum no empieza bien. Los riffs entusiastas de “Turn It Around” parecen querer evocar la intensidad de legendarios iconoclastas como The New York Dolls y MC5. No lo consiguen. Antes al contrario, invocan ese rock radio-friendly de The Datsuns o Foo Fighters, y en algunos puntos también tiene extrañas reminiscencias de otro grupo saqueador del legado del rock clásico, White Denim, pero sin esa habilidad suya de darle la vuelta a la cosas en el punto en el que ya no pueden volverse aburridas.

La segunda pista, “Animal”, continúa exactamente con el mismo tempo y fórmula, pero esta vez suena como si Status Quo hubiesen aparecido justamente ahora, en South New York, en vez de en el South London de los 60s. Afortunadamente, “Country Song” ofrece la necesaria pizca de contraste, está ralentizada, bañada por el sol y es más tranquila, de modo que aporta el momento perfecto para sentarse y dormitar. Cuando el tempo vuelve a subir en “Oscillation”, gracias a Dios, se retiene esa sensación drogada a la vez que añade unas voces discretas y muy apropiadas, de registro extrañamente bajo y con desvanecimiento al final. Durante siete minutos no consigue llega a ninguna parte, la verdad, pero tampoco es que fuera necesario.

La siguiente pista, “Please Don't Go Away”, retoma las cosas exactamente con el mismo paso y ritmo, pero pese a que la letra es básicamente el título de la canción repetida tropecientas veces, las desgarradoras cuerdas y los coros a lo Wavves nos indican que el álbum, por primera vez, consigue alcanzar un hit emocional de esos en los que suben los decibelios. La pieza titular, “Open Your Heart”, trata de continuar en la misma línea, pero está lastrada por el hecho de que la progresión de cuerdas del inicio está vergonzosamente robada de “Ever Fallen In Love (With Someone You Shouldn't've)” de Buzzcocks. Además, la voz de Mark Perro está demasiado alta en la mezcla –un error; la voz del tipo no es lo suficientemente buena para afrontar ese escrutinio cuando no está gritando–.

“Candy” vuelve a rebajar el ritmo, es un número tranquilp con toques country que recuerda a Ween o The Meat Puppets y que empieza con estos versos: “I just quit my job, now I can stay out all night long” [ “Acabo de dejar mi trabajo, ahora puedo irme de fiesta toda la noche”]. Es una actitud que viene a resumir a la banda en muchos aspectos –son una banda para pasárselo bien, para desfasarse y tropezarse con ella–. Son probablemente un terremoto en directo, pero el problema es que este rollo no es tan interesante en disco, y a diferencia de, digamos, Fucked Up, no hay ninguna intención de experimentar para gratificar así al oyente. “Cube” es el ejemplo perfecto de esto. Es simplemente una nada ruidosa.

Las pistas finales son los suficientemente buenas si eres fan de Spiritualized o Sonic Youth, pues “Presence” y “Ex Dreams” suenan exactamente igual que ellos (quiero decir, Dios, hasta el título de las canciones parecen una sátira). Ése es el problema con The Men: no tener miedo a sonar como tus bandas favoritas es peligroso si tienes un gusto dudoso, y sólo un poquito más seguro si tu gusto es bueno. The Men tienen un gusto correcto, pero…

Correcto. Ahí está esa palabra de nuevo.

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