Only Mountain Only Mountain

Álbumes

Take TakeOnly Mountain

8.1 / 10

Take  Only Mountain ALPHA PUP

El tema del sello Alpha Pup empieza a oler a azufre. No porque sea un pestazo, sino porque servidor comienza a considerar seriamente la posibilidad de que hayan hecho un pacto con el diablo en los últimos meses: todo lo que sale de su horno es buenísimo. Con las oposiciones a mejor sello de música electrónica del año aprobadas con nota, esta trinchera del beat cibernético da cobijo a otro superhéroe que nos salvará a más de uno del desprendimiento emocional, con un beatmaking complejo, sinuoso y futurista. Pura inteligencia emocional lo de Take, alias de Sweatson Klank. El rastro de este Mozart de la ciudad de Los Ángeles puede seguirse en un reguero de singles para sellos como All City, Eat Concrete, Circulations, Buttermilk o Poobah, en recopilaciones varias y en un álbum iniciático, “Earthtones & Concrete”, que parece un esbozo, un estiramiento muscular antes de la compleja pirueta de “Only Mountain”. Para que quede claro desde el principio: uno de los mejores discos de 2010 en su género (y contando otros géneros también).

Desde el primer momento, sabes que Take come un pienso distinto al de muchos de los miembros del new beat angelino. Va más allá. Pisa fango a riesgo de hundirse. Los bajos son profundísimos, como si los hubiera arrancado de un álbum de deep house y los hubiera adaptado al esqueleto hip hop de su plano existencial. Las melodías están suavemente trabajadas, cruzan los altavoces con exquisita elegancia y se dejan querer por los destellos espirituales del sonido Detroit. Pero lo mejor de todo es su vocación cósmica: tiene ese aroma espacial tan característico de los primeros B12, una tonalidad inimitable que le diferencia de los clones y le confiere a sus tracks un cosquilleante groove, entre relajante y psicodélico, entre carnoso y artificial. Su faceta más intergaláctica queda plasmada en piezas antológicas de orfebrería marciana como “Don’t Look Know” –percusión desencajada, sintetizadores alienígenas, ambientación onírica– o “Juniper”. Por otra parte, “Begin End Begin”, de movimientos perezosos y ambientación cavernosa, es un ejemplo de la influencia que el dubstep ejerce en su obra. Apenas se detectan melodías de videojuego –quizás en la brutal “Incredibright” es donde juega más claramente con los efectos chiptune–; uno tiene la sensación de que Take busca una electrónica de ultimísima generación, sí, pero 100% emocional. Lo consigue. Hace que nos tomemos su música muy en serio. Y se las apaña para cubrir un cancionero perfecto en el que no hay un solo corte desechable.

El jazz adquiere un nuevo color de piel en su mundo, el hip hop con el membrete Flying Lotus se reinventa. La influencia de FlyLo se masca en “Quartz For Amber” y, sobre todo, en “If We Don’t Go Insane”, una pieza epatante, a medio camino entre Vangelis y J Dilla. También maneja el dub a su antojo, aplicándole chapado galáctico y trote emo en “Creosote”, para dejarnos con la boca abierta. De todos modos, cuando quiere asustar, también ofrece exhibiciones de baba, como el motor diabólico que da vida a “Implosions”, una especia de dub-hop-illbient industrial que pone los pelos de punta. Otro tesoro es la apertura con “Before You Think”, una inquietante banda sonora de peli de fantasmas ambientada en el espacio profundo. “Neon Beams” y “Crystalia” son la sublimación de su sonido: ritmo dislocado, sintetizadores marcianos, efectos opiáceos, aliento cósmico y sabor a Detroit. Este tío es un animal.

Estamos ante un disco que evoca, que te llena los sentidos, que no te abandona –como el desodorante–. Aquí hay material de larguísima perdurabilidad, hay horas y horas de fascinación sin posible agotamiento. “Only Mountain” es un álbum para escuchar las noches de verano, en la terraza de casa, en la playa mirando las estrellas. Un disco estival, fresco y marihuana-friendly. Su capacidad de seducción es casi embriagadora. Cuando pensábamos que el talento era una especie en vías de extinción, llega este geniecillo de Los Ángeles y nos abre toda una selva electrónica rebosante de vida y sensaciones. Si no lo compráis me voy a cabrear.

Óscar Broc

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