One One One One

Álbumes

Matthew Herbert Matthew HerbertOne One

7.3 / 10

Matthew Herbert One One ACCIDENTAL / PIAS SPAIN

“One One” es toda una oda a Juan Palomo, el de “yo me lo guiso, yo me lo como”, porque donde antes sólo producía, ahora produce y canta sin necesitar a nadie más. Es normal que Matthew Herbert haga cosas así: es un culo inquieto, y ya no tiene por qué ser ninguna sorpresa para nadie: ya sea en solitario, con su Big Band o bajo los pseudónimos de Dr. Rockit o Wishmountain, durante una década y media el de Londres se ha posicionado como una de esas exquisitas excepciones de la electrónica –y, concretamente, el deep house aderezado con jazz, electro y música concreta– con una desbordante e incesante creatividad. Para este 2010, Herbert nos tiene preparados tres trabajos que se sustentan por un leit-motiv específico para cada uno de ellos. En breve podremos oír “One Club” –un collage de sonidos que el propio Herbert registró en el Robert Johnson de Frankfurt–, aunque lo que mi curiosidad realmente me pide es saber que saldrá de esa crítica al maltrato animal llamada “One Pig”. Si Pamela Anderson, para denunciar la crueldad de los fosos taurinos, se marcó un pasodoble de drama queen en “Dancing With The Stars”, nuestro protagonista ha preferido, a modo de paparazzo, perseguir una piara de gorrinos para extraer los samples que conformarán este álbum que, a buen seguro, en unos meses hará correr ríos de tinta –como era lógico de esperar, los omnipresentes simpatizantes de PETA ya han sacado toda su mala baba al respecto–. Pero como se decía en el desenlace de esa autopsia del papel cuché que era el programa de televisión “Hormigas Blancas”, “ésta es otra historia”…

Herbert ha escrito, cantado y producido los diez cortes de “One One”, demostrándonos que está del todo capacitado para cortar la pana como le plazca en su laboratorio sonoro de Kent. Ya en aquel “Wrong” –el último corte de “Scale”– se animó a mostrarnos por vez primera sus cuerdas vocales como mera anécdota, aunque ahora se ha lanzado del todo a la piscina siendo más que consciente de sus limitaciones como cantante. Sí, puede rozar momentos de hipnotismo majestuoso en temas como “Milan” o “Manchester” –rememorándonos incluso a Alexis Taylor, de Hot Chip, o hilando fino a Jason Pierce, de Spiritualized–, pero estas mismas canciones en la voz de su ex mujer Dani Siciliano rozarían estratosféricas cuotas emocionales que habrían sumado unos beneficiosos puntos al álbum. Desmarcándose de los excesos de aquel “There’s You And There’s Me” que firmó junto a su atípica banda jazzística hace dos años, Herbert retoma la intimidad de su debut, “100 Lbs”, y los ambientes minimalistas del reivindicable “Plat Du Jour”. El sonido que predica en esta ocasión no resulta nada novedoso para todos aquellos que le hemos seguido la pista –Björn Yttling, en sus proezas como productor edulcoradamente europeísta, podría considerarse uno de sus mayores herederos sonoros–, dejando de lado lo caótico e imperfecto de su obra. Sin embargo, este viaje por la vida de un hombre en diez ciudades del mundo nos deja momentos sublimes como la polirítmica y juguetona “Dublin” o “Palm Springs”, donde rinde su más sentido homenaje al “Medúlla” de Björk. A pesar de que los parajes ambient de “Valencia” –que no se distancia en exceso de los parámetros de su banda sonora “Score”– y la introspección de la que hace gala en “Berlin” –de la que algunos han apuntado que nos invita a rescatar el “Jumbo” de Underworld–, “One One”, tristemente, no goza de ninguna pieza candidata a perdurar en nuestro cerebelo. Aunque viniendo de la mano de Herbert, tiene nuestro permiso para tomarse las licencias que quiera. Faltaría más.

Sergio del Amo

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