One Pig One Pig

Álbumes

Matthew Herbert Matthew HerbertOne Pig

7.4 / 10

ACCIDENTAL

Chorizo. Fuet. Longaniza. Lomo. Jamón. Cortezas. Chicharrones. Paté. Secallona. Manteca. El cerdo es un animal prodigioso, un bichejo sin par del que se aprovechan hasta las mismísimas gónadas. Y aunque el consumo de su carne rebosante de colesterol a más de uno le habrá producido una insuficiencia coronaria severa, hay que reconocer los beneficios alimentarios de este mamífero artiodáctilo, cuya polivalencia ha salvado a media humanidad de la desnutrición.

Cuando creíamos que del guarro no podía sacarse ya nada más, Matthew Herbert ha llevado a otro nivel la extracción de petróleo porcino utilizando los sonidos que emite este cuadrúpedo rosa en su vida diaria como única base de sus creaciones. “One Pig”, última parte de la discutida trilogía “One”, es un tour de force que solo una mente enajenada como la del productor británico podía acometer: incontables samples de cerdo componen y dan vida a los nueve rompecabezas del álbum; prodigiosas y milimetradas construcciones que se enroscan en espiral, aprovechando al máximo todas las posibilidades sonoras que puede ofrecer este andrajoso animal de granja.

Lo que aquí tenemos no son los entrañables “oinks” de “Babe, El Cerdito Valiente”. Los sonidos guturales que Herbert manipula nos remiten al ciclo vital de este animal –nacimiento, desarrollo y sacrificio, dispuestos en orden cronológico– y no son en absoluto acaramelados: el británico reúne colecciones inquietantes de eructos, bufidos y ronqueras gorrinas que en la mayoría de cortes apelan mucho más a la aterradora escena del “Hannibal” de Mamet que al divertido tartamudeo de Porky. Y no hay nada más desasosegante que el chillido esquizoide y colérico de un tocino rabioso que se resiste a ser ejecutado. De ahí que “One Pig”, pese a basarse en una premisa tan cómica y delirante como samplear a un verraco, termine siendo un artefacto pesadillesco y turbulento en cada uno de sus surcos.

La película empieza con “August 2009”, toda una declaración de principios, algo así como ambient aislacionista porcino, es decir, una base etérea, sin ritmo y aliñada con un adagio de gruñidos, chillidos y respiraciones amenazantes de apestosos gorrinos retozando en su cubil. Es el comienzo de una travesía por el lado oscuro de la piara. Herbert, maestro de maestros en el arte del bizarre sampling, equilibra perfectamente los delirios cacofónicos y los pastiches mareantes ( “November”, “January”) con piezas mucho más “musicales” que se acercan al wonky marrano ( “August 2010”), al microtechno ( “February”) y a la psicodelia ruidista ( “September”). No es un álbum fácil, de acuerdo. Tu cuerpo necesitará un largo descanso antes de pedirte una nueva escucha. Eso sí, se trata del mejor capítulo de la serie “One” y de uno de los experimentos más sui generis de la temporada. Por cierto, si eres islámico, compra otro disco.

Óscar Broc

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