One Life Stand One Life Stand

Álbumes

Hot Chip Hot ChipOne Life Stand

7.1 / 10

Hot Chip  One Life Stand PARLOPHONE / EMI

Un mitómano como yo, a estas alturas, sólo se deja obnubilar por dos seres: James Murphy y Alexis Taylor. El primero porque, directamente, invita a abrazarlo como a un teddy bear antiestrés, y al segundo porque estoy segurísimo de que luciría la mar de bien como llavero gracias a esa imagen de pocket nerd que transpira. Personalmente, el anterior trabajo de los londinenses, “Made In The Dark”, me dejó algo frío, por mucho que contuviera el irresistible hit “Ready For The Floor” o esa coña bizarra titulada “Shake A Fist”. Pero, indudablemente, superar la efectividad de “The Warning” se nos antoja como una misión irrepetible. Aunque un soñador crónico como servidor nunca pierde la esperanza…A Taylor, Joe Goddard y el resto de sus secuaces lo que les pide el populacho es que sigan firmando esas complejas composiciones de baile que se asemejan a un mecano deconstruido. Cuanto más juguetones y hedonistas se nos pone, ellos brillan con más luz. Y en este “One Life Stand” nos dan una de cal y otra de arena: Hot Chip siguen aportándonos motivos suficientes para desencajarnos bajo las luces de neón, pero a la vez se nos ponen más melancólicos de lo normal con un álbum que debería entenderse a caballo entre el pop básico y la desnudez anímica del soul. Los diez temas de su cuarto largo no dan pie a las sorpresas, a pesar de que han preferido ofrecernos un trabajo más coherente de lo que nos tienen acostumbrados, yendo de cara en lo lírico y apostando por un buen puñado de baladas –su eterno talón de Aquiles–. “Thieves In The Night” es, incuestionablemente, lo más destacado del álbum. Me obliga a rescatar de mi baúl de los recuerdos aquellos discos de Bronski Beat comidos por el polvo, y mientras Taylor canta –emulando como nunca el espíritu disco de Donna Summer– se me ponen los pezones como escarpias, como hacía mucho tiempo que no me ocurría. Ese manto de sintetizadores tan a lo The Knife es canela fina, pero “Hand Me Down Your Love” no afloja el nivel. El espiritu negro de Taylor y su devoción por la Motown hacen acto de presencia en una pieza más digna de un festival soul que de una discoteca. Puede dejarnos obtusos en una primera escucha, pero con esos acordes de cuerda todo cobra pleno sentido. Kanye West, allá donde se encuentre –imaginamos que escondido, fuera del alcance de cualquier tipo de vida inteligente: a los parias sociales como él o Aída Nízar sólo los reciben bien otros entes de su calaña–, debe estar mordiéndose las uñas por no haber sido capaz de componer “I Feel Better”. Este festín especialmente pensado para los amantes del autotune retoma el groove de “One Pure Thought” –tema de aquel “Made In The Dark” que debemos reivindicar para el resto de nuestras vidas– y representa una clara muestra del espíritu de la banda. O quizá es que tantas y tantas horas de petardeo con solera como me he inyectado en vena me hacen ver, como Jennifer Love Hewitt, cadáveres allí donde no los hay: ¿acaso su estribillo no tiene un sospechoso tufo a “La Isla Bonita” de la Ciccone? A continuación irrumpe como un torbellino “One Life Stand”, hit del que poco o nada se puede decir a estas alturas salvo que gana enteros en su versión radio edit. Una de las joyas del disco, digamos.A partir de este punto, y a excepción de ese rompepistas titulado “We Have Love” que mama del bakaladismo techno más noventas, es cuando se inicia la etapa más melancólica del álbum, ahí donde Hot Chip se empeñan en condensar su vena baladista. Yo no se los he pedido. ¿Y ustedes? “Brothers” es un intento de cruzar Alan Parsons Project con el “Common People” que no nos debería extrañar si el día menos pensado fuera entonada en Glee. “Slush”, más allá del hamalahamalahamala que recita Taylor –como si estuviera afinando sus cuerdas vocales para lo que viene a continuación– queda llanamente resultona. Y “Alley Cats” podrían haberla firmado Fleetwood Mac perfectamente.Esta drástica bajada de los niveles de adrenalina es lo único que podríamos écharles en cara a Hot Chip de un álbum en el que los singles efectistas están difuminados entre los medios tiempos. Y aunque para el final se guarden una grata sorpresa ( “Take It In”), el daño ya está hecho. Aun con todo esto, sigo dispuesto a adoptar a Taylor como animal de compañía sin rechistar lo más mínimo (si se deja). Pero le diría, con toda la sinceridad del mundo, que no puede condensar en el inicio de un álbum todo lo que muchos esperábamos de su intachable figura y luego pegar un bajón. We still love you… pero no tanto como hace unos años. Sergio del Amo

* Escucha el disco completo en su MySpace

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