One In Other One In Other

Álbumes

Chloé ChloéOne In Other

7.6 / 10

Chloé  One In Other KILL THE DJ

Comienzos como “Word For Word”, una secuencia reptante, épica, sin apenas beats a los que asirse y con chapado futurista, es todo lo que el oyente necesita para advertir que esta noche le ha tocado bailar con la más guapa. La elegancia, la contención, el buen gusto en la selección de sonidos: no es difícil adivinar que Chloé no le ha tenido miedo al listón. Y eso que estaba por la nubes después de “Waiting Room”, apasionante disco del que todavía hoy se perciben ecos en nuestro cerebro reptiliano. Pero es en estas empresas, no exentas de presión, donde el genio del productor se crece y se demuestra si el artista está hecho de músculo o arcilla. Y uno tiene la sensación, a tenor de los diez largos y embriagadores minutos de “Diva”, de que la parisina no sólo está dispuesta a superar el precedente, sino que lo hará con pirueta y reverencia final al jurado. Minimal, sugerente, lleno de samples vocales, gemidos solapados y electrónica a baja velocidad, el segundo corte de “One In Other” es un logro, pero también un riesgo que muchos no se habrían atrevido a asumir en una comeback tan esperado.

El nuevo disco de Chloé, la chica de las ojeras sexys, presenta las constantes que han definido su universo, pero nos abre también las puertas a un mundo de experimentación electrónica que ejerce de perfecto contrapeso a sus devaneos más stereolabescos. El doblete formado por “The Glow” y la sensacional “One In Other” demuestran que a la francesa la pista de baile le interesa tanto como los sueños del opio: beats narcóticos, escarpadas montañas de ambient, susurros, tristeza exquisita y un halo de oscuro romanticismo son las constantes. También aplica la misma ecuación a “Herselves” y la jugada vuelve a salirle bien. Pero no se puede decir lo mismo de “You”, con un Chris Garneau pesadísimo dándole al spoken word. El experimento funciona a medias: está claro el posicionamiento ambient crepuscular, pero le sobra el tono cultureta; es de largo la canción más pretenciosa y prescindible del álbum. La única mancha.

En este nuevo esfuerzo, Chloé nos ofrece variedad, que no dispersión. Va más allá de categorizaciones unidireccionales. Junto a piezas de puro ambient introspectivo y pop etéreo también conviven sonidos más cercanos al techno –siempre con las revoluciones bajadas, que conste–. También en terreno pistero, la parisina firma unas producciones de orfebrería chic. “One Ring Circus” es puro deepness, un corte ideal para comenzar una sesión y calentar al ganado, mientras que “Fair Game” se construye sobre percusiones distorsionadas, bajos inquietantes, samples de voz nerviosos, chispas de IDM y una progresión psicodélica no apta para consumidores de sustancias fácilmente impresionables. Incluso hay tiempo para acudir a las guitarras y a la instrumentación real. “Slow Lane” es una banda sonora turbadora, con un punteado insistente y cajas de ritmos retro. Y en el momento final, llega la pieza más rock de todo el viaje, una caricia en formato indie a medio camino entre Sonic Youth y Stereolab: es una buena despedida, un destello de luz en un disco que se mueve entre sábanas de satén oscuro.

“One In Other” es, en definitiva, una perfecta banda sonora para estados de ánimo lluviosos y clubbers que bailan mirando al suelo (o como reza el clásico, “con lágrimas en los ojos”). No se trata de ninguna celebración. En este disco hay intimidad, hay susurros, miradas vidriosas, contención. Pero Chloé no se regodea en la pesadumbre y los lamentos. Al contrario. De hecho, prefiere evitar los pucheros y convertir este tratado de electrónica-pop-ambient en una ducha de romanticismo a la vieja usanza, aunque con una envoltura radicalmente futurista. Que nadie se equivoque: el disco está tremendamente vivo y se antoja como la continuación perfecta de “Waiting Room”; ni mejor, ni peor: simplemente necesario.

Óscar Broc

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