One Day I’m Going to Soar One Day I’m Going to Soar

Álbumes

Dexys DexysOne Day I’m Going to Soar

8.1 / 10

Olvídense de los Beach Boys, el comeback discográfico del año es Éste. 27 primaveras después de que sus tres obras maestras les hicieran un hueco entre lo más granado de la historia del pop, Dexys regresan anunciando a los cuatro vientos que “remontan el vuelo”. Según Kevin Rowland, la coyuntura actual era la única posible para entregar “One Day I’m Going To Soar”: dice que no hubiera podido editarlo ni hace diez años ni hace cinco, sólo ahora. Servidor quiere creerle a pies juntillas, entre otras cosas porque la convicción siempre ha sido uno de los puntos fuertes de su discurso, pero antes de escucharlo me resulta imposible evitar que aceche la sombra de una duda: ¿será realmente un regreso con clase o nos daremos de bruces con otra aberración tipo “Concrete and Clay”?

De entrada parece que no hay mucho por lo que asustarse. Los medios más conservadores han sido los primeros en escuchar el disco y en ponerlo por las nubes, aunque esto se veía venir: no es un disco para modernas. La decisión estética, cosida esta vez con la sofisticación de un traje de salón, supura elegancia en beige y negro. Un breve vistazo al tracklist nos informa de un cancionero generoso preñado de títulos monosilábicamente transparentes ( “You”, “Me”, “Now”, “Free”), y el equipo convocado es de lo mejorcito. En él encontramos a viejos amigos como el trombonista Jim Paterson o Mick ‘Style Council’ Talbot, y también a nuevas compañías como la señorita Madeleine Hyland, reclutada por ser necesaria para diseñar la columna vertebral del álbum y a quien, en temas como “I’m Always Going To Love You”, le acaba pudiendo su faceta de actriz frente a la teatral-aunque-siempre-espontánea garganta de Rowland.

Tanto las expectativas como las primeras pistas apuntan a una continuación del maravilloso “Don’t Stand Me Down” y, en efecto, como ya ocurriera con aquel álbum incomprendido primero y magnificado después, la alfombra roja parece extenderse sin arrugas ni dobleces para que “One Day I’m Going To Soar” se despliegue con finura, con perfeccionismo (ojo, ha sido grabado en directo en su mayor parte) y con esa característica languidez con la que Rowland lleva años empeñado en demostrar que su banda siempre ha sido más, muchísimo más que la firmante de “Come On Eileen”. Aunque el impacto estético no sea esta vez tan frontal como el de aquel libérrimo trabajo, el esperado cuarto largo de la banda sigue haciendo de él una de sus grandes bazas para alzarse como un frondoso vergel de clasicismo soul. Un absoluto triunfo del género en 2012, con guiño incluido al Marvin Gaye de “If I Should Die Onight” en “It’s OK, John Joe”, y un triunfo también para el alma de su autor.

Con sus aires de cabaret y music-hall, “One Day I’m Going To Soar” suena incomparable a la mayoría de músicas que escuchamos a nuestro alrededor. Parece tanto un disco hecho para ser cantado como un musical para ser representado. Su parte central, por ejemplo, de “She Got A Wiggle” a “Incapable Of Love”, está formada por una suite de cinco temas que desgranan el affaire de una pareja destinada a no serlo. La narración aparece integrada dentro de un marco mayor que engloba todo el disco con un marcado tinte existencial, un gran baile de salón en el que los bailarines son los interrogantes que atormentan a un hombre confuso que intenta sobrevivir al ahora (no es casual que abra con “Now”), que no sabe a dónde pertenece (la madeja de “Lost”, tirando del hilo de los recuerdos de infancia) y que carga con las ilusiones no cumplidas como una losa. Un hombre que airea su inestabilidad emocional sin pudores (“Me” es sutil únicamente en la instrumentación: “There's something wrong with me/ people don’t respect me/ don’t seem to like me, no/ they want to hurt me so”) y que, en definitiva, se siente confundido ante la vida porque se siente confundido ante el amor. “I still believe in love / I just don’t know what it is”, sentencia, no sin cierto ánimo jocose, casi al final del metraje.

El sustrato narrativo, que resultará todo lo acartonado que uno quiera o pueda ver, funciona a un doble nivel desde el momento en que nos sirve para ser extrapolado al propio status del grupo. Hablo de interpretarlo como la metáfora de unos Dexys fuera de su tiempo, remozados, que quieren seguir siendo jóvenes sin hacer ascos al saber acumulado, que ya eran de por sí puro revival en sus días de juventud y que aún hoy son capaces de firmar uno de esos discos de los que ya no se hacen. Se les ha caído la coletilla ‘Midnight Runners’ porque siguen siendo, en palabras del jefe, “los mismos de siempre pero diferentes”, y por eso mismo piden a gritos ser medidos con un rasero diferente al resto. Con todo, tampoco es que el disco requiera ningún tiempo extra de ese que crees no tener. Su hora de duración pasa volando. Tiene alas.

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar