Old Ideas Old Ideas

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Leonard Cohen Leonard CohenOld Ideas

7.5 / 10

Por encima de cualquier consideración, Leonard Cohen es un poeta. Sí, su obra se alimenta de ritmos y tonos articulados en esqueletos melódicos, pero la sangre, su mayor fortaleza, son sus letras. En todos sus discos la lírica es un factor definitorio, aunque en algunas ocasiones ésta se vea sepultada por la música que la rodea, ya sea por un sintetizador demasiado azucarado o por segundas voces que acaban dominando la canción entera. En “Old Ideas”, sin embargo, esto no sucede así. Aquí las letras se convierten en el foco de atención primario, convenientemente reafirmadas por los arreglos, bien masticadas con su desafectado tono de voz. Es, en definitiva, un regreso a su mejor forma.

Tal como podíamos esperar de Cohen, “Old Ideas” aborda las inquietudes que ha tratado durante más de medio siglo (la vida, la muerte, el amor y la lujuria), siempre filtradas a través de un ingenio feroz y presentadas con su pausado y flemático tono de barítono. En “The Darkness”, por poner un ejemplo, Cohen bromea con la siguiente frase: “No hay futuro para mí / Sé que me queda muy poco tiempo / El presente ya no es agradable / sólo consiste en un montón de cosas por hacer”. Apoyado por un delicado rasgueo de guitarra, un exuberante órgano y una cascada de vocales femeninas, la pieza en cuestión es un blues irredento, como si JJ Cale hubiese colaborado con un Poe gamberro. Su banda se muestra excelentemente cohesionada, quizá como feliz consecuencia de dos años de gira. Si hay que buscar una pega, ésta sería que la instrumentación de “Old Ideas” podría ser más aventurera, sobre todo teniendo en cuenta los grandes músicos que tiene a su disposición. Y es que las canciones con arreglos ingeniosos son las que acaban sobresaliendo por encima del resto. “Banjo”, por ejemplo, se construye alrededor de un solo del instrumento del que toma el título, el cual se ve aderezado por radiantes fraseos de vientos y piano; como un atisbo de Van Dyke Parks en un porche sureño.

La conclusiva “Different Sides” es otro de los cortes destacados del lanzamiento. Con líneas tan inmortales como “Los dos sabemos que no hay que obedecer las reglass / pero, la verdad, no me gusta cómo lo dices / tú quieres cambiar la manera en que hago el amor / y yo quiero seguir como estamos”, las letras se realzan con una inflexión elevada (y incluso con una ceja arqueada, o al menos lo podemos imaginar así), con mucho énfasis en las veladas repeticiones de su conjunto de coristas.

Es interesante escuchar la amplitud de las influencias de Cohen en “Old Ideas”, y es que estamos en una situación extraña: él, que tantas ideas ha inyectado en los demás, es ahora el que se deja inspirar por ideas ajenas. Por ejemplo, “Show Me The Place” presenta la languidez agridulce de The Pogues, mientras que “ Amen” se asemeja a la bravuconería gótica de Nick Cave. Es, en definitiva, como si Milton siguiera escribiendo en el período vital de Blake (cerrando el círculo con Camus).

He oídos comentarios que apuntan a que “Old Ideas” puede ser el último disco de este venerado septuagenario. Ante tal perspectiva, una sólo puede esperar que no sea el caso. Cohen dijo una vez –y la frase se ha hecho célebre– que la poesía “es simplemente el testimonio de la vida. Si tu vida arde de la manera adecuada, entonces la poesía es simplemente la ceniza”. Si hay que fiarse del buen resultado de “Old Ideas”, entonces hay que presuponer que a Cohen aún le queda mucha gasolina por quemar.

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