OhNoMite OhNoMite

Álbumes

Oh No Oh NoOhNoMite

6.8 / 10

Primero, el concepto: Oh No tuvo acceso ilimitado y totalmente libre al catálogo de bandas sonoras de los filmes de Rudy Ray Moore, alter ego en la vida real del personaje Dolemite y emblema de la stand up comedy afroamericana de los 70. Sin restricciones, barra libre, plena libertad para extraer muestras y samplearlas para sus loops sin sufrir quebraderos de cabeza o tics nerviosos por posibles demandas. A priori una idea brillante, pues el funk bruto y testosterónico que ponía ritmo y chicha a esos filmes es un material de base hecho a medida para el sonido que siempre ha cultivado el hermano de Madlib en sus grabaciones. Y así funciona “OhNoMite”, como disco de hip hop impetuoso y decididamente vintage atiborrado de bajos protuberantes, samples sucios y beats gordos de inspiración funkoide.

Segundo, la ejecución: Oh No tira de agenda personal para darle más empaque y colorido a la propuesta. Por aquí asoman el hocico Evidence, The Alchemist, Chino XL, Termanology, Roc Marciano o Erick Sermon, entre muchos otros, en una reunión de sospechosos habituales de la que puede haber poca queja, más o menos está representada la plana mayor de la esfera independiente. El californiano se ciñe a la fórmula que mejor conoce, canciones muy breves adaptadas al perfil lírico y al flow de sus invitados, un terreno que domina con mucha soltura y criterio, y en esta ocasión con todas sus ideas supeditadas a un mismo denominador común sonoro. Oh No encuentra el término medio entre los devaneos más psicodélicos de su hermano y el boom bap de corte clásico, una vez más con J Dilla en la retaguardia como fuente de inspiración irrenunciable.

Y tercero, el resultado: “OhNoMite” es un disco coartado por sus particulares condicionantes. La idea de bucear por un único catálogo de grabaciones es tan provechosa como peligrosa, sobre todo porque te limita en exceso en un único contexto sonoro y no permite un gran margen de maniobra al respecto. El principal problema del álbum es la sensación de repetición y monotonía que te invade cuando ya has superado el ecuador de su recorrido –y todo ello con el añadido de que en esa segunda parte encuentras pepinazos como “You Don’t Know Me”, por ejemplo­–, en el sentido de que Oh No utiliza trucos recurrentes en sus beats que acaban devorando y anulando su propio discurso. Esta idea de uniformidad y rutina también contagia a los MCs invitados, no porque estos anden faltos de motivación o ganas, sino porque al final del viaje se hace difícil discernir quién brilla y quién pasa desapercibido, todo transcurre en un plano de sosegada pero inofensiva corrección.

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