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The Raveonettes The RaveonettesObservator

7 / 10

“Raven In The Grave” fue un álbum extraño. No recibió demasiadas buenas críticas, pero mostró a unos The Raveonettes atrevidos, dando la espalda a las canciones inmediatas de “In And Out Of Control” en favor de un sonido mucho más oscuro, denso y de corte cinematográfico. No era una reinvención, pero sí una manera de dar un paso al frente, de evitar caer en los mismos lugares comunes. Para su nuevo trabajo, “Observator”, Sune Rose Wagner quería conseguir un espíritu de Costa Oeste, cansado del ajetreo de Nueva York, ciudad que le ha acogido los últimos años. Todo esto sucedió paralelamente a la lesión de espalda que sufrió y que le abocó a unas semanas de dolor, severa depresión, alcoholismo y adicción a las benzodiazepinas. Así se fue hasta Venice Beach, cerca de donde residía Sharin Foo, pero los resultados no fueron los esperados. Con el tiempo, el danés vio la luz al final del túnel y decidió tirar adelante con el disco. Así, llamó a su habitual colaborador Richard Gottehrer, con quien no trabajaba desde “Pretty In Black”, es decir, siete años. Esto proporcionó al dúo una confianza extra para acabar el trabajo en tan sólo siete días en los Sunset Sound Studios, una elección que responde a la obsesión que tenía Wagner durante esos meses por The Doors (considera que en esos estudios la banda californiana grabó su mejor material).

Como su predecesor, “Observator” es un disco que también deja sensaciones encontradas. Es menos oscuro todavía, pero siguen empeñados en no dar con esos hits instantáneos de antaño, una tendencia a la contra aquí incluso más acentuada (ni rastro de un torbellino como “Recharge & Revolt”). Hay que llegar hasta la mitad del álbum, en “Sinking With The Sun”, para encontrar a esos Raveonettes luminosos y enérgicos en una pieza que abraza descaradamente el C86. Este discurso musical lo llevan al extremo en la cándida “Downtown”, que encantará a los fans del debut de The Pains Of Being Pure At Heart). Y cierran con una portentosa “Till The End”, que extraña que surja de un lugar tan oscuro. Son piezas para contentar a los fans de toda la vida, pero lo que realmente interesa aquí, donde está la miga, es en los medios tiempos. Es ahí donde se encuentra lo que más sorprende tras una década de carrera: el piano, un recurso que jamás habían empleado. Lo estrenaron en “Observations”, pero que nadie espere unos resultados melosos. En manos del dúo danés el instrumento se convierte en un ingrediente más para dotar de cierto tono lúgubre a las canciones, que se convierte en combo mortal acompañado por letras como “to live like other people I never think I’ll do / And so my love I give into this dark”. También lo emplean en la acústica “Young And Cold”, que es el tema que más se aleja del habitual repertorio de la banda y que abraza un sonido muy Costa Oeste. Se nota que fue concebida en esos días de depresión y embriaguez, pues la guitarra tiene algo que recuerda en la lejanía al folk, aunque la característica vibración de sus piezas sigue ahí. Y el piano trágico de “You Hit Me (I’m Down)” aporta un contrapunto a la guitarra garage, demostrando, un disco más, que no se olvidan jamás de The Jesus & Mary Chain.

Hay quien pueda echar en falta en “Observator” un single claro, más ruido y mala hostia, elementos que sí se encontraban en mayor o menor medida en sus anteriores trabajos. A cambio es un álbum variado en el sentido de que se atreve a moverse más allá de los límites del fuzz-pop en el que tan cómodos parecen sentirse, emotivo gracias a hermosísimas baladas como “Curse The Night” (de lo mejor del disco y donde mejor se complementan las voces de Sharin y Sune) o nanas dream-pop ( “The Enemy”) y lo suficientemente ameno y fluido para que los 34 minutos de duración no se vuelvan en su contra por escasos y hagan que quieras repetir la escucha. Esto es, claro, si eres fan de toda la vida. Nuevos adeptos no los van a ganar a estas alturas.

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