Oblivion Original Motion Picture Soundtrack Oblivion Original Motion Picture Soundtrack

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M83 M83Oblivion Original Motion Picture Soundtrack

7.5 / 10

El tiempo acabará dando la razón, si es que no lo ha hecho ya, a Hans Zimmer y Daft Punk, autores, respectivamente, de las bandas sonoras de “Inception” y “Tron Legacy”. Son estas dos obras piezas clave en la fisonomía y evolución de la música para cine en lo que llevamos de siglo XXI, ya no solo porque se han convertido en los títulos más utilizados para acompañar reportajes, imágenes y montajes audiovisuales de los últimos años, y eso se debe, en buena parte, a su extraordinaria capacidad evocadora y sugestiva, sino también porque en sus partituras se ha señalado el camino de la composición sonora para películas del presente y del futuro: la convivencia en perfecta armonía entre estructuras clásicas y arreglos electrónicos, la apuesta por una idea musical desdibujada –no es ambient, ni tampoco electrónica al uso, pero tampoco es clásica…– y la construcción de un discurso especialmente dinámico y móvil dentro de sus parámetros de sumisión a unas imágenes y una trama concreta.

Cuando escuchas “Oblivion”, la banda sonora que Anthony Gonzalez, de M83, ha escrito para la película protagonizada por Tom Cruise, parece muy visible la influencia de ambos discos en su idea general y, también, en la manera de materializarla. Y de hecho no es casualidad que en esta aventura le acompañe en calidad de co-compositor Joseph Trapanese, al que todos recordamos por su extraordinario trabajo como arreglista de –cómo no– la banda sonora que publicaron Daft Punk. Esta colaboración es relevante por diversos motivos, pero sobre todo porque en muchos paisajes del álbum es constante el déjà vu, la sensación de que estás más cerca de lo que hubieras pensado de “Tron Legacy” y sus movimientos orquestales y de que en realidad está hecho con toda la intención del mundo. De Zimmer, en cambio, parece haber asimilado, y de qué manera, su dominio del crescendo, su capacidad para darle intensidad a unas partituras sencillas, de estructura básica, y dominarlas a su antojo en función de las necesidades de cada momento. La mayoría de piezas toman prestados los desarrollos zimmerianos, y también sus mecanismos expresivos: el sintetizador como eje vertebrador de toda la composición, las cuerdas como potenciador melódico y los beats electrónicos como fogonazos de ritmo y ruido entre tanta belleza ambiental.

A M83 siempre le ha atraído el universo de las bandas sonoras, y de hecho ya participó activamente en la de “Black Heaven”, dirigida por Gilles Marchand, pero mientras esta consistía en una suerte de recopilación de algunas canciones de su repertorio, básicamente las que apelaban a su vertiente más ambient, en su primera experiencia real como bandasonorista se aprecia un apasionante paso hacia delante en su trayectoria. Una evolución en la que se pierde algo del rastro de Jarre, Vangelis y Tangerine Dream –los sintetizadores son más rítmicos que evanescentes, elude sus tics sinfónicos y prescinde de toda connotación pop salvo en el tema central, que cuenta con la aportación vocal de Susanne Sundfor– y gana enteros esta visión más contemporánea y experimental promovida por auténticos renovadores de la escena como Zimmer, Daft Punk, Cliff Martinez o Alexandre Desplat.

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