OJ Simpson OJ Simpson

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Guilty Simpson Guilty SimpsonOJ Simpson

6.6 / 10

Guilty Simpson  OJ Simpson STONES THROW

“OJ Simpson” parte de un error conceptual. Lo más correcto y ajustado, una vez escuchado y asimilado, sería que el álbum llegara firmado por Madlib con la colaboración especial, o featuring, en términos anglosajones, de Guilty Simpson. Si se esperaba mucho de este disco era, precisamente, porque éste suponía el retorno del MC de Detroit tras aquel interesante “Ode To The Ghetto” por el que asomaba la cabeza un rapper prometedor, todavía por pulir y madurar, que parecía predestinado a encajar a la perfección con los beats de funk fumado de Madlib y con el sonido de su ciudad natal vía Black Milk o el propio Dilla. La idea de un proyecto a medias, sin injerencias externas, con Madlib, pues, suponía un atractivo y llamativo aliciente para confirmar las buenas sospechas generadas alrededor de su carrera, con otro plus para engordar la expectativa: la última noticia que teníamos del ex miembro de Lootpack era el poderoso y convincente “Stoney Jackson” de Strong Arm Steady que él mismo produjo hace unos meses. El problema es que, en realidad, esta grabación parece más un banco de pruebas del productor, una exhibición y casi ostentación de fondo de armario de samples, beats y loops que una confirmación en toda regla de un nuevo gato con hambre y ambición de estrellato indie. Es más un disco de beats que un disco de rap al uso. Pero un disco de beats anodino, sin excesivo lustre.

Los datos hablan por sí solos: de las 24 canciones incluidas en “OJ Simpson”, la mitad, ni más ni menos que 12, son interludios o skits. Y los 12 restantes, ortodoxos, son fogonazos breves de no más de tres minutos la inmensa mayoría. Aunque el recurso del skit está demodé y personalmente lo encuentro cargante y molesto, es indudable que cuando se esconde un sólido y fornido caparazón conceptual detrás de su empleo incluso puede llegar a acabar aportando más sustancia y chicha al contenido. Recordemos “De La Soul Is Dead”, “Supreme Clientele”, “Niggaz4life”, “Whut? The Album” o “Enter The Wu-Tang (36 Chambers)”, por citar algunos ejemplos dentro de la excelencia, donde en todos ellos el interludio complementaba con ingenio, sentido del humor y brillantez una aportación musical de alta gradación. Aquí, en cambio, no hay excusa argumental, no hay concepto, no hay película, no hay razones que respalden tanta interrupción gratuita. ¿Funcionaría como disco instrumental del productor? Puede ser, pero es que aquí el contexto es otro, hablamos de otra cosa. Por favor, la hoja de reclamaciones. Es que casi parece que todos estos skits ejercen de columna vertebral, de hilo conductor, y que Guilty Simpson aparece con sus rimas de vez en cuando, como quien pasa por ahí y se marca unos fraseados por diversión, cuando la mecánica tendría que ser al revés. Sonoro WTF.

Así pues, sin entender ni cogerle el rollo al concepto instrumental, nos quedan para el disfrute una docena de canciones breves y fugaces. Y aquí hay de todo: estallidos de impresión – “New Heights”, “Scratch Warning” (con Frank-n-Dank), “Hood Sentence” o “Mic Check 313”–, que justifican el aprobado holgado y pueden calmar a las fieras que se sientan algo desconcertadas tras pasar por caja; momentos sin mucha historia, bien pero sin brillo, puro relleno de pavo para completar el tracklist y darle un poco más de anchura al lote; y alguna que otra aportación innecesaria y fuera de lugar que acaba restando más que sumando. Muy so so. Vaya por delante que Guilty Simpson me parece un sólido rapper de calle y en los temas estrella del disco antes citados el rimador vuelve a ofrecer una notable demostración de skills con el boli y el micro, dando alas a quienes le consideran una de las grandes revelaciones del underground reciente. Pero el coitus interruptus que provoca el aluvión de interludios acaba frenando y obstaculizando al oyente e incluso a él, que aparece y desaparece del recorrido sin dejar huella, como entorpecido y absorbido por la vertiente más nebulosa y dispersa del lote.

Es por ello que, a pesar de los destellos de talento del rapper, a uno le queda un sabor de boca amargo cuando da carpetazo al disco. Si hay que buscar culpables, tengo claro que los problemas acusados y notorios del disco se deben a la empanada mental, sonora y conceptual de un Madlib que se ha equivocado por completo en la selección de producciones para perfilar el proyecto. Ni era el lugar, ni el momento, ni el compañero idóneo para destapar su catálogo más espeso y mareante. Y es que durante muchos momentos del trayecto tienes la sensación de que “OJ Simpson” no es otra cosa que un intento poco disimulado, más soso y desangelado, de serie B diría, de cocinar un nuevo “Madvillainy”, tanto por estructura como por sonido como por la interacción entre los protagonistas. Lástima que ni Simpson sea MF Doom ni este Madlib sea el de entonces.

David Broc* Escucha y compra aquí

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