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Álbumes

Animal Collective and Danny Perez Animal Collective and Danny PerezODDSAC

7.6 / 10

Animal Collective and Danny Perez  ODDSAC PLEXIFILM

Hay gente de todo tipo –escritores, músicos, incluso gente normal– que aseguran que el ego se les esfumó para siempre con la primera gota de ácido que tomaron. La psicodelia es, aseguran muchos, una fuente de conocimiento y de inspiración artística –esto último queda fuera de toda duda, lo primero lo desconozco pese a mis experiencias al respecto– que hunde sus raíces en el surrealismo y que, en cierto modo, le ha tomado el relevo durante la segunda mitad del siglo XX (y en adelante) a los oníricos y furibundos discípulos de André Breton. Animal Collective, a estas alturas no lo vemos a descubrir, son pura psicodelia, su música siempre ha rozado los bordes inciertos de la pesadilla, la alucinación y el sueño místico, y en su creciente progreso creativo –el que culminó con el asalto a la cima del avant-pop en “Merryweather Post Pavillion” (2009)– necesariamente buscaba nuevas formas de ampliación. Fue entonces cuando se aliaron con el realizador Danny Perez y tramaron “ODDSAC”, un “film visual” en sus propias palabras –hábil eufemismo para ocultar suavemente que la obra es un film experimental o un largo videoclip de 53 minutos; no big deal, en cualquier caso– que se estrenó en el festival de Sundance el pasado mes de enero cosechando críticas unánimes aunque no entusiastas –todo el mundo coincidía en el concepto “trippy visual”, más que film– y que ahora, por fin, ve la luz en DVD para tu consumo en casa, en espacio cerrado y con tiempo, que es como normalmente se traga el LSD el personal.

La denominación de “trippy visual” es perfecta si la aplicamos a “ODDSAC”: entras en este mundo ilusorio y sales con una indigestión de retina, con la cabeza mareada y la sensación de viaje al otro mundo, no al de la muerte, sino al de una realidad paralela, onírica, como aquellos lugares a los que viajaba Randolph Carter en los cuentos de H.P. Lovecraft. Aquí, en cambio, no hay altas columnas de piedra antigua que sobresalen entre dunas de un desierto ampuloso, ni ciudades perdidas ni puertas magníficas lacadas en mármol y plata: lo que hay son cabañas en el bosque rodeadas de fuegos fatuos, lunas llenas, gente que salta y corretea entre la leña y pasajes de la más violenta abstracción en los que la imagen se reduce a una trama de color, luz y forma aleatoria. No hay que encontrarle argumento a “ODDSAC” porque no es ficción, es poesía automática en forma de vídeo arty aprendido a partir de las enseñanzas de Stan Brakhage, Guy Maddin y, como referencia posiblemente más próxima, Matthew Barney. “ODDSAC” es una fusión de imagen y música en la que no hay una separación clara: tanto el concepto como las ideas particulares que se desarrollan a lo largo del metraje corresponden por igual a Danny Perez como a los cuatro –sí, los cuatro: Deacon ha vuelto– componentes de Animal Collective, pero a la hora de desmenuzar el trabajo vale la pena diferenciar entre lo que absorbe el ojo y lo que golpea el oído.

Como “disco” de Animal Collective, no hay un despegue más allá de “Merryweather Post Pavilion”: en su discografía contará como una obra curiosa, como un fondo de catálogo atrevido que ayuda a engrosar leyenda, pero que no marca puntos de inflexión –es a su currículum lo que “Drawing Restraint 9” (2005) al de Björk, aquella rareza de banda sonora para un trabajo visual de su marido, el ya citado Barney–, y en el que hay muestras de cómo eran Animal Collective antes, cómo lo son ahora y cómo serán mañana si se dejan seducir más de la cuenta por la improvisación analógica. Hay escenas en las que parece como si Panda Bear tomara el mando de la música y las llevara a un plano pop y maravilloso –al principio, al final, en los instantes más blancos y acuáticos de la película–, pero también hay alucinaciones ruidistas con la única misión de sacarte del cuerpo y hacer levitar la mente en una jaula fuera del tiempo y el espacio. A toda esa fantasía perversa contribuye no poco Danny Pérez con un despliegue visual que se hace violento al ojo a medida que los minutos avanzan. No tiene ningún sentido “literal” en casi ningún momento –esto es surrealismo, recordad–, pero algunas escenas se clavan en la memoria al instante como pinturas de Dalí: el betún negro brotando del agujero de una pared y una chica que es incapaz de contenerlo, la fiesta final en la cabaña en la que las chicas parecen de la familia Manson, la fondue asesina que asfixia a una familia entera, los chorros de rojo y naranja que tiñen la pantalla de pura textura. “ODDSAC” ni es revolucionaria ni perfecta, es una consecuencia de años y años de videoarte y, en el fondo, es el capricho de cinco mentes inquietas a las que les apetecía hacer esto y lo han sacado adelante. Ha quedado bien y entretiene durante una hora –incluso puede irritar o extasiar, según cada cual–: vale la pena verla, esa es la moraleja.

Richard Ellmann

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