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Astrud AstrudLo Nuevo

8.6 / 10

Astrud & Col·lectiu Brossa Lo Nuevo ELEFANT

Las canciones de “Lo Nuevo” de Astrud tienen tantos flecos de los que agarrar y tirar y estirar para empezar a deshacer la deliciosa madeja que supone su escucha que, en un ejercicio de escapismo, lo mejor será recurrir a un fleco ajeno (pero afín). A un fleco de, precisamente, Boris Vian. Primera frase de “La Espuma De Los Días”: “En la vida, lo esencial es formular juicios a priori sobre todas las cosas”. Y es que es difícil obviar el apriorismo al plantarse delante de la última pirueta mortal de dos tipos con una trayectoria tan exuberante (pero para nada aparatosa ni exhibicionista) como la de Manolo Martínez y Genís Segarra. Titular su última referencia “Lo Nuevo” es un axioma obvio y efectivo que obliga a pensar que esto es, precisamente, lo nuevo de la banda. Pero nada es nunca lo que parece en la cosmogonía Astrud: aquí sólo hay dos canciones “nuevas” si por “nuevo” entendemos, con el diccionario de la RAE en la mano, algo “que se ve o se oye por primera vez”. En la misma entrada hay, sin embargo, dos acepciones para esta palabra que nos interesan mucho más: “Repetido o reiterado para renovarlo” y “Renovado, fortalecido”.

Porque, aunque doce de los catorce temas de “Lo Nuevo” son versiones de canciones ya conocidas, su escucha golpea con la fuerza de lo inédito gracias a un nuevo corazón que el Col·lectiu Brossa obliga a latir con arritmia a base de sutiles electroshocks. Hasta el momento, Astrud siempre habían sido un ejemplo de sano equilibrismo en la relación entre dos fuerzas (aparentemente) irreconciliables: Manolo aportaba textos de una poesía surrealista (¿o era surrealismo filosófico? ¿filosofía poética?) que Genís atemperaba a base de un humor que iba mucho más allá de lo melódico, de tal forma que al final sorprendía la limpieza y naturalidad con la que se solventaba el tira y afloja de sus dos egos creativos. Ahora, la adición del Col·lectiu Brossa hace pensar en un ménage à trois del que se ha extirpado la urgencia del sexo pero se ha conservado el sudor de lo excitante que surge del esfuerzo. La canción final de “Lo Nuevo” habla, precisamente, de una música de las supercuerdas que resulta especialmente reveladora cuando pensamos en esta entente cordiale como una supercuerda en la que se trenzan tres hilos de igual grosor y fuerza.

Pero volvamos a los abundantes flecos de lo nuevo de Astrud. El primero sobresale de uno de los clásicos absolutos de la banda: aquello de “mi nueva idea se toca con la vieja por las puntas y se separa por el vientre” (en “Cambio De Idea”) resume de forma descarnada el ejercicio de estilo en el que se ha embarcado la banda. Conservando un esqueleto de fragilísimo cristal adicto a convulsionarse en cachondas figuritas de Lladró, las antiguas canciones pierden la inmediatez de los ropajes pop para buscar nuevos disfraces, nuevos simulacros que el Col·lectiu Brossa fabula a partir de violín, chelo, acordeón, zanfona y percusión (marimba y vibráfono). Composiciones como “Miedo A La Muerte Estilo Imperio” o “Europa” siguen siendo perfectas, en su antigua forma, a la hora de buscarle las cosquillas a un género como el pop, que no suele admitir pliegues y que se afana en la persecución de la superficie alisada, impoluta y de brillos deslumbrantes. En su revisión, sin embargo, las canciones prefieren los tejidos rugosos e incluso ásperos. Hay temas, como la sublime “Esto Debería Acabarse Aquí” (con esos delirios que evocan a los tangos de Piazzolla) o “Minusvalía” (y su metronómico crescendo), en los que la vieja y la nueva intencionalidad confluyen en un festín emocional capaz de estrujar corazones y pulmones. En otras ocasiones, lo nuevo y lo viejo parecen caminar por senderos diferentes, de tal forma que los arreglos del Col·lectiu Brossa y Genís prefieren ir por libre, proponiendo historias paralelas como “Mentalismo” y esas armonías disociadas que desembocan en una farsa heroica y medieval.

Otro fleco lo tienden Astrud en uno de sus nuevos temas, “Lo Nuevo (Retrato De Adrià Grandia)”, repleto de líneas para la historia entre las que destaca el abrirse el pecho en canal de Manolo al cantar “hay un juego de prefiguraciones y reflejos; y yo quiero ser espejo, y yo quiero reflejar”. Pura renovación generacional por la vía esperpéntica del espejo deformante. Puede que los temas que nos enamoraron en su momento no hayan envejecido para nada, pero nosotros sí: aquellas composiciones siguen siendo perlas de una redondez pulidísima rozando la perfección, pero ahora nuestras síntesis conectivas (que dirían ellos) son mucho más imperfectas y están contaminadas por demasiado ruido ambiente, por demasiada electricidad estática. Si aquellos temas capturaban inteligentemente el zeitgeist de una generación con ganas de diversión pop sin necesidad de sacrificar la profundidad de campo intelectual, “Lo Nuevo” de Astrud renueva aquellas emociones y las planta en un presente en el que aquella estirpe se acerca al final de un callejón sin salida. Un extraño lugar en el que por fin hay que afrontar las primeras arrugas y en el que, sin embargo, hay una posibilidad más inteligente que el “cualquier tiempo pasado fue mejor”: mirarse en el espejo (deformante), coger los recuerdos que allá se reflejan y convertirlos en algo nuevo, algo totalmente distinto pero radicalmente igual. Un mise en abyme que juega con tu propia historia musical. Así es “Lo Nuevo” como debe concebirse en un siglo XXI que viene a confirmar la originalidad como utopía más imposible que improbable.

El último fleco no aparece en el disco, sino en el videoclip de “La Música De Las Supercuerdas”. Allá, tras una disertación de Manolo sobre el pasado, presente y futuro de la banda, Genís le espeta: “¿Es lo que somos ahora? ¿Un grupo así francés?”. Por favor, no. Para una banda española que tenemos aquí explorando los márgenes más estimulantes, no le busquemos afrancesamiento alguno (más allá de que estos nuevos Astrud a veces hagan pensar en un musical de Jacques Demy con guión de Godard y música de Michel Legrand). De hecho, simplemente deberíamos celebrar este lateral abordamiento del concepto greatest hits y buscar en los dos temas nuevos (la inagotable “ Lo Popular (Retrato De Adrià Grandia)” y la más digresiva “ La Música De Las Supercuerdas (Retrato De Marc Casas)”) indicios de un futuro próximo en el que “Lo Nuevo” de Astrud seguirá mutando en cambios de idea y de forma que, finalmente, no cambiarán algo que siempre resta invariable en esta banda: su capacidad para convertir en generacionales todo un puñado de canciones que se reirían en mi cara a carcajada limpia si se enteraran de que he estado hablando en términos tan absurdos como generacional, axiomático, mise en abyme, esperpento o apriorismo.

Raül De Tena

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