North North

Álbumes

Darkstar DarkstarNorth

8.8 / 10

Darkstar North HYPERDUB

“North” va a pillar desprevenida a mucha gente, va a parecer como si Darkstar fueran una entidad extraterrestre e incomprensible aterrizada en el planeta post-dubstep, y no debería ser así. Su 12” de 2009, que incluía una de las canciones más sorprendentes –en originalidad y calidad adictiva– del año, “Aidy’s Girl Is A Computer”, ya anunciaba que, en efecto, el aterrizaje sería insólito, diferente a lo que hasta ahora se había podido escuchar, y sobre todo indicaba que la dirección de paso era la del pop, en aproximación a la etiqueta “indie-friendly”. Pop entendido como canción, aunque luego el uso que hacen Darkstar de la voz sea el de una textura metálica, como de robot enfriado, la del hombre de hojalata de “El Mago De Oz” –que creía que no tenía corazón, aunque lo tuviera más grande y generoso que nadie–. Que este disco haya aparecido en Hyperdub sólo quiere decir una cosa: están ahí porque Steve Goodman cree en ellos y cree que, al igual Burial –cuando le fichó, aquella textura acuosa suya tampoco encajaba con la realidad sonora de su momento y también originó perplejidad entre el personal–, son un proyecto valioso con una identidad que no se repetirá aunque se copie mucho. En definitiva, Darkstar están aquí y están en este sello de trayectoria impoluta porque Kode9 así lo quiere y porque deberían ser el próximo paso en la evolución del dubstep como forma de arte. La apuesta, por supuesto, es fuerte.

La publicación de “Aidy’s Girl Is A Computer” fue una sorpresa también porque los primeros pasos de Darkstar, que se pueden localizar hacia 2007, tampoco iban por ahí. Dúo originalmente formado por James Young y Aiden Whalley, los primeros maxis entraban dentro de una lógica post-garage en la que la voz era importante, pero siempre en un contexto “negro” –soul, funk–, apasionada y entre cascadas de notas con aura dorada, o dentro de una lógica de diáspora jamaicana, con fuerte presencia del bajo dub y tintes de suspense, como en aquel “Round Ours” editado en Clandestine Cultivations. Estaban más cerca, en definitiva, de Mala que de Zomby –con quien compartieron otro 12” en MG77–, y en ningún caso se les puede desligar de la genealogía del dubstep: no han venido desde fuera con una propuesta exótica, sino que han evolucionado desde dentro a un espacio propio. Ya al principio usaban el vocoder como efecto dramático, pero sin nada que ver con lo que sería “Aidy’s Girl Is A Computer” –también incluida, por supuesto, en “North”–. Aquí cambia todo. Darkstar entran en lo que podríamos llamar post-dubstep pero con ese “post” indicando el mismo matiz que en el post-rock: el uso de los elementos del dubstep –el break y el bajo son distintivos como tal, es obvio– para hacer algo que no se parece al dubstep. De ahí surge la conexión Radiohead, aunque por ahora no hablaremos de eso. Ésta es una canción de amor –amor muy ballardiano, dicho sea de paso; aparentemente, y a menos que sea una broma privada enfermísima, Whalley es resófilo (del latín, res, “cosa”) y siente atracción sexual por los objetos, en este caso su ordenador–, y es sobre todo una canción que remite a unos orígenes profundos de la canción sintética, cuando en los años 60 y 70 hubo ingenieros e informáticos –de Bruce Haack, el popularizador del vocoder, a Max Mathews– que buscaron la manera de hacer que las máquinas cantaran.

Hay, por tanto, en Darkstar, un fondo idealista importante. En el fondo, es un disco más –y un disco clave– de la tradición retrofuturista, la que se sitúa en un tiempo anterior para especular cómo podría ser el futuro a partir de ese punto anterior. Si Kraftwerk y los primeros The Human League experimentaron la “nostalgia del futuro” –el anhelo de un futuro romántico, humanista y cálido en su apariencia fría, pero siempre desde el pasado–, Darkstar hacen el esfuerzo de trasladarse a la época del albor del pop con máquinas para soñar con otras perspectivas a partir de allí. Por eso el disco suena tan crudo, tan brumoso, aparentemente tan lo-fi, hasta el punto de que tiene más de The Normal que de Skream y más de Thomas Leer o Gary Numan que de Ikonika. Pero no es un disco revivalista en ningún modo, ni tampoco es un disco naïf. Es denso dentro de su aparente levedad, y es oscuro dentro de su evidente impacto emocional, que crece con las escuchas, a medida que el universo Darkstar se va haciendo más transparente. Como decíamos antes, va a parecer como si su música, ahora, fuera incomprensible, pero recordemos qué paso hace diez años cuando Radiohead publicaron “Kid A”. “North” funciona a ese mismo nivel: es una ruptura con las expectativas y el buceo hacia una experimentación inesperada. Ensancha los límites de su género, no se conforma con lo que tiene. Este disco posee valor, primero, por su riesgo: recorre el camino del dubstep a la torch song, por ejemplo; y re-imagina –fuera de contexto, incluso fuera de revival– el synth-pop inglés, una tradición que Darkstar quieren recuperar y cultivar, y de ahí la versión de “Gold” en la segunda pista del álbum, uno de los temas más oscuros de The Human League.

Más allá de eso, en conclusión, está el talento. Tal como empieza el disco, con piano y cuerdas de innegable épica, con Young cantando entre lamentos que podrían ser los de Thom Yorke ( “In The Wings”), y tal como evoluciona –y evoluciona así, y perdón por el cliché romántico, pero es que esta sería la electrónica inglesa de principios del siglo XIX si Ada Lovelace hubiera creado un sintetizador en vez de una calculadora: como quien pasea por la ciudad desierta, al borde del invierno, con frío y pena pero con el corazón grande–, “North” va abriendo sus alas de manera honesta. Recordemos que es al norte, siguiendo la Estrella Polar, hacia donde hay que dirigirse para no perdernos. Este disco, maldita sea, quiere ser una brújula. Nunca llega a ser imperial, majestuoso, pero eso habría sido un error: habría sido un debut en largo de impacto pero sin hondura. En cambio, “North” se va desplegando en silencio, con mucha pausa, hasta que muestra su tesoro. Es un cofre que no se quiere abrir, la llave se ha perdido y cuesta encontrar una palanca. Entonces, aparecen los pulsos secuenciados de “Two Chords”, el posible hit indie con percusión semi tribal “Under One Roof”, el score de suspense “Ostkruez”, el retrofuturismo delicioso de “When It’s Gone” y hasta un vals ( “Dear Heartbeat”) que contrasta con la violencia casi industrial de “North” (el tema), y que es el momento en el que Darkstar se acercan más a otro disco inimitable que sigue sus propias reglas, el “Third” de Portishead. Este es un debut que se puede racionalizar todo lo que se quiera, pero para comprenderlo por completo, hay que abrir el pecho y sentirlo. Y si lo sientes, entonces lo entenderás todo. No hay más. Es especial, como Mourinho.

Javier Blánquez

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