North/South/East/West North/South/East/West

Álbumes

Varios VariosNorth/South/East/West

7.9 / 10

Varios  North/South/East/West BLEEP

Después de perder la guerra contra los Olímpicos, el joven titán Atlas tuvo que sufrir el castigo de un Zeus implacable. El Dios del Cielo y el Trueno le condenó a sostener la Tierra sobre sus hombros ad aeternum, en una penitencia sólo apta para fuerzas más allá de la comprensión humana. Las mismas fuerzas imposibles que sirven como punto de apoyo a la creciente geografía del wonky y el post-dusbtep. En este caso, el titán encargado de soportar el peso de este mundo sin horizontes es la prestigiosa tienda virtual Bleep, perteneciente al sello Warp. El mentado puerto online, lujoso escaparate que comercia con la electrónica de filo más futurista, ha decidido convertirse en el Atlas particular de este movimiento, marcando a fuego en los mapas de la nueva electrónica los puntos cardinales donde se está viviendo la revolución industrial del nuevo beat y ofreciéndonos una apasionante panorámica de la Tierra Media del funk, de norte a sur, de este a oeste.

La cosa comenzó en Los Angeles, como los libros de Bret Easton Ellis. El fotógrafo londinense Shaun Bloodworth y el estudio de diseño Give Up Art, representado por Stuart Hammersley, decidieron hacer un reportaje gráfico –el magnífico LA Dope– sobre la calinosa marmita angelina donde se cuece, desde hace un tiempo, el consomé de avant-hip hop, funk digital y todas esas etiquetas que, englobadas entre los límites del post-dubstep y el wonky, aceptan un magma de apelativos de creatividad infinita. Nada nuevo para ellos. De hecho, Bloodsworth y Hammersley ya llevaban un tiempo dando cuenta del underground británico –ahí quedan sus trabajos para Benga y Skream–. Más adelante, y gracias a la mediación de los chicos Bleep y Warp, expandieron su radio de acción en un recorrido internacional por el norte y sur de Inglaterra (Glasgow, Londres, Bristol) y la costa este y oeste (Nueva York, Los Ángeles) de los Estados Unidos. El resultado es North/South/East/West”, un auténtico tour organizado por las capitales mundiales de este nuevo caleidoscopio de sonidos líquidos que está poniendo patas arriba la escena y ya ha conseguido que frías y imperturbables diosas como Mary Anne Hobbs sufran serios tembleques hormonales.

El ítem tiene más miga y costra que un pan de payés de la Cataluña profunda. Su edición más accesible se limita a 500 copias e incluye 14 fotografías de Bloodworth, packaging de lujo y diseño gráfico cortesía de Give Up Art. Para los cazadores más aguerridos, cabe apuntar que hay otra de la que tan sólo se han puesto a la venta 100 ejemplares, con un póster e instantáneas inéditas de los músicos. Sí, los músicos. Porque este objeto de culto viene acompañado de un CD con doce cortes pertenecientes a ilustres representantes de cada área geográfica. Y es ahí donde se encuentra, para el que esto firma, el meollo de todo este asunto. Las fotos son muy bonitas, el envoltorio verde cartulina una chulada, el rollo moderniqui del diseño, en caja rectangular (que se abolla por los bordes) está muy bien, bla, bla, bla. Pero lo bueno es precisamente la música. De no ser por el excelso relleno sonoro, semejante despliegue de excelencia visual habría sido una banalidad sin ton ni son. Si no yerran mis cálculos, tan sólo los temas de Flying Lotus, Hudson Mohawke y Rustie no son inéditos. Vamos al lío.

En las trincheras californianas, Lotus ( “Rickshaw”) se sale con otra de sus complejas obras arquitectónicas: los graves son tan zigzagueantes y están tan bien acabados que la caja torácica se te moverá como las tetas de Penélope Cruz en un tren de cercanías de Calcuta. Daedelus ( “A Bloodworth”) es quizás el más psicodélico e impredecible, aunque no resulta difícil encontrar en sus extrañas acuarelas electrónicas –una vez más– las huellas dactilares de sospechosos como Bibio, Christ. y, por supuesto, Boards Of Canada. El único pero que le encuentro a la peña angelina es la remezcla de ambient hippioso que Matthew David aplica al “Comet Curse” de FlyLo: desentona y chirría en este marasmo de beats con vesícula biliar intacta.

Desde Glasgow, Hudson Mohawke ( “FUSE”) dibuja su eyeliner particular de chinchetas cinceladas a golpe de electrónica excesiva, clavando puntadas digitales sobre los párpados del personal: su IDM, orbitando con graves atronadores, es de lo mejor de la selección. Le acompaña Rustie ( “Bad Science”) con una lanuda manta de electrónica nerviosa y asfixiante que sobrepasa los límites del dubstep para convertirse en algo inclasificable, reptante, peligroso... El colofón escocés procede del fascinante laboratorio de Taz Buckfaster ( “Au Revoir”): desde su puesto de mando este joven prodigio ha pervertido el legado de Boards Of Canada con un vibrador de 8bits y una copa de vino con denominación de origen Detroit.

La facción neoyorquina brilla también gracias a la sutileza cósmica de Mike Slott ( “Giants Meet”), que apuesta por un jazz con pepitas Detroit y pulpa groovística. FaltyDL ( “Someday My Queen…”) se deja llevar por el funk y el soul en una nana de rare grooves sintéticos que se introduce como agua por el oído. Pero Kotchy ( “You Know You”) es sin duda el que más profundo llega: hip hop emo, pianos lejanos, letargia funk, abstracción lluviosa… Bonito, bonito.

Y como siempre, el sur de la Pérfida Albión tiene los juguetes más raros. Skream ( “Slumfunk”) remodela los vestigios del dubstep para fabricar un siniestra catedral de sonidos urbanos al filo de la modernidad más rabiosa. El chaval sigue jugando con ventaja: su música es como una máquina en el tiempo que siempre se adelanta al presente. Geeneus prefiera soltar un esputo funkstep que no convence en este contexto: sí, es diferentes, te coge desprevenido, pero a mí lo único que hace es tocarme los cojones. En cambio, lo de Headhunter ( “Collecting Butterflies”) es babilla de placer, puro terror victoriano para el siglo XXI: uno se imagina las calles vaporosas de Bristol llenas de androides asesinos en lugar de destripadores con tupidas patillas. Se trata el suyo de uno de los grandes cortes del álbum, una pieza de relojería fina para poner la rúbrica a un vaporoso viaje al futuro. De las calles polícromas de los USA a los fumaderos de opio ingleses. Un fetiche para headz; un disco panorámico de la mejor mierda futurista del momento: más que un regalo de Reyes, un regalo para reyes.

Óscar Broc

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