Nootropics Nootropics

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Lower Dens Lower DensNootropics

7.9 / 10

Si nunca te interesó la vertiente freak-folk capitaneada por Devendra Banhart puede que ni siquiera hayas oído hablar de Jana Hunter, algo así como una de sus ahijadas. Jana destacó hace unos años en el indie subterráneo con “Blank Unstaring Heirs Of Doom” (2005) y “There’s No Home” (2007), dos discos de gesto adusto y corazón diamantino, tenebrosos y un punto más artys que los de su mentor, que le permitieron girar junto a otros acólitos del género como Deer Tick, Phosphorescent o las insoportables CocoRosie. A pesar del perceptible ruido, el nombre de la Hunter no conseguiría sonar con cierto volumen hasta 2010, año en el que su banda Lower Dens despuntaba con el tapado “Twin-Hand Movement” y en el que ella comenzó a liberarse de su papel de cantautora para explorar la heterodoxia folk desde un prisma diferente, rastreando ahora, más que versos y estrofas, estructuras, tonos y atmósferas. Aquel disco llevó al grupo a pasearse por medio mundo y permitió a Jana imbuirse de todo el confort, y también de todas las discusiones, que genera el trabajo en equipo.

“Nootropics” empezó a gestarse en la cabeza de Jana durante aquellas cansinas giras. Sentada en la furgoneta, mientras veía por el retrovisor como la fiebre del weird-folk quedaba poco a poco atrás, intentó traducir a lenguaje musical el paisaje que veía tras el cristal. A partir de un teclado con el que apenas estaba familiarizada (y cuya inocencia en el manejo es fácil apreciar en temas como “Lion In Winter Pt. 2”, deudora de la candidez de Young Marble Giants), acabó por dar forma a los esqueletos de la mayor parte de cortes que formarían este segundo largo. Tirando de aquellos bocetos, el grupo desarrolló ideas y ejecución, obteniendo como resultado un tenue catálogo de adusto avant-folk rematado con pespuntes de krautrock, un disco que, comparado con su predecesor, se presenta más grave y afinado, decidido a enfrentar unos riesgos dramáticos de mayor calado, y en el que se advierte una curiosa paradoja: el engrasamiento del grupo, esa organicidad derivada del uso de sintes analógicos, infinitos pedales y ensayos eternos, contrasta con el grado de introspección alcanzado por su líder y voz cantante. Digamos que, con “Nootropics”, Lower Dens avanzan hacia delante mientras que la figura de Jana Hunter rebota en mil direcciones.

Resulta especialmente interesante la riqueza cromática que despliegan las canciones con apenas unas gotas de solución. Es la de “Nootropics” una gama de colores extraña, presente pero transparente, se diría que hasta tramposa, pues los colores de Lower Dens no han sido siempre más que el blanco y el negro, con una escala infinita de grises de por medio, eso sí. A matizar dichos tonos les ha ayudado el productor Drew Brown, discípulo de Nigel Godrich, y también las proyecciones que les acompañaron durante las sesiones de grabación: obras maestras del séptimo arte como “M” de Fritz Lang (inspiración visual para “Lamb”), “Repo Man” de Alex Cox (que se refleja en “Candy”) o “Lion In Winter” de Anthony Harvey, cuya sombra planea sobre las dos partes del tema homónimo; y también otras como “Crystal Voyager” (documental sobre surf musicado por Pink Floyd), el mítico programa de rock “The Old Grey Whistle Test”, el documental sobre la figura de Ray Johnson “How To Draw A Bunny” o varios episodios del afamado “Alfred Hitchcock Presents”. Por lo que respecta al plano musical, Jana reconoce que han bebido de Kraftwerk, Brian Eno, Robert Fripp y de las producciones de Bowie para Iggy Pop. Todo bastante lógico pero nunca evidente del todo.

Si nos fijamos en la estructura del álbum veremos que en los polos del disco parecen descansar todos estos cimientos estéticos, y puntos fuertes al fin y al cabo. Lo que ocurre es que dicha arquitectura, demasiado evidente en los tres temas del principio y en los cuatro finales, hace aguas en el ecuador del álbum, y no por un descenso en la calidad de los mismos sino porque los centrales “Propagation”, “Lamb” y “Candy” parecen descolgados del resto de un tracklist que intenta en todo momento decir más con el todo que con sus partes por separado. La estrategia con la que salvan esa pequeña falla es un potente andamiaje conceptual que impregna todo el metraje convirtiendo las aspiraciones minimalistas de los temas en un pantano del que cuesta escapar una vez atrapado. En “Nootropics” se habla sobre cuestiones como: la sociedad versus el humanismo, la construcción de nuestro mundo alrededor del lenguaje o la fascinación por desafíos como la inteligencia artificial ( “Brains”), partiendo de hipotextos como un viejo poema dadaísta titulado “Suicide” (en “Alphabet”, un tema que podría ser de los últimos Blonde Redhead). Y la receta funciona. Que los efectos secundarios provocados sean más los de un barbitúrico que los de un nootrópico, eso ya es cosa de cada cual.

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