Nonsense In The Dark Nonsense In The Dark

Álbumes

Filthy Dukes Filthy DukesNonsense In The Dark

7.5 / 10

Filthy Dukes  Nonsense In The Dark FICTION / COOP

Ambicioso y excesivo, terriblemente adictivo, “Nonsense In The Dark” significa la confirmación definitiva del regreso del synth-pop; la constatación del excelente estado de forma de un movimiento (¿un movimiento?) que en los últimos meses ha entregado obras mayores como los últimos discos de Fever Ray, Royksöpp o Junior Boys. Articulado como un retrato existencialista en una pista de baile, estructurado de manera precisa como una noche de farra, arranca “Nonsense In The Dark” bien alto, con la taquicárdica “This Rhythm”, cuyo texto repite un enigmático mantra de cuatro versos, con ecos de Joy Division / New Order, sobre una chica perdida en el ritmo del baile; y en otros ritmos y otros bailes. El mejor arranque posible para un disco que, desde el minuto cero, ya no concede ningún respiro.

Y es que, quizá como siguiendo al personaje de la primera canción, a esa chica que baila como una posesa, como si estuviera perdida en la pista de baile y está definitivamente perdida en su vida, el debut de estos DJs ingleses bascula entre sonidos de aire retro y propuestas casi futuristas. Ahí están “Elevator”, oda al sintetizador, con aires de soft ballad ochentera y ritmo electrónico endiablado, la contundencia old school de “What Happened Next”, o el escapismo bailongo de “Messages”, con la típica letra más o menos barata de hedonismo nocturno acompañado de un ritmo contagioso. Entonces aparece la desesperada épica chulesca y hiphopera de “Tupac Robot Club Rock” (cortesía del rapero Plastic Little), uno de los trallazos más definitivos (y definitorios) del disco; una canción imaginada para un apocalipsis televisado. Una pieza de sci-fi destinada a sonar hasta las mil de la mañana en los antros menos respetables.

Dividido en las distintas fases de desconcierto (emocional o simplemente físico) de una noche, el disco pasa del sudor, el desenfreno y las luces de colores chillones a una oscuridad, a cierta melancolía más pop. Así, la homónima “Nonsense In The Dark” es reflexiva, de una inesperada ingenuidad pop, es un descanso en mitad de la noche, es el paseo mientras se cambia de club; son los momentos perdidos en la colas ( “Cul-De-Sac” y “Light Skips Cross Heart”) y la incertidumbre cabrona de las cuatro, las cinco de la mañana…

Y la oscuridad se va abriendo paso hasta la bajona total. El primer síntoma es la hermosa, sencilla, “Don’t Fall Slowly” (cantada por Brandon Curtis, de Secret Machines, con ecos de The Human League), acaso el primer momento de lirismo de un disco, de un discurso, consagrado a la épica angustiosa de las noches; un discurso que queda rematado con “Poison The Ivy” –una contundente pieza de electro desmadrado que remite al recuerdo de una mujer a la que hemos visto bailar en la pista– y el final decadente, el regreso tras la derrota a casa, de “Somewhere At Sea”, cuyo piano (y nota) final sirven de cierre amargo, de epitafio a una noche, una de tantas, que muere con esos molestos rayos de sol que nos calientan la piel entre el ruido del tráfico del domingo.

Fernando Navarro

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