Nonparallel (In 4 Movements) Nonparallel (In 4 Movements)

Álbumes

Damian Valles Damian VallesNonparallel (In 4 Movements)

7.1 / 10

La idea y composición de “Nonparallel (In 4 Movements)” tiene mucha miga: el músico canadiense Damian Valles rebuscó en las cubetas del sello Nonesuch, concretamente en el catálogo de los 60s y los 70s, para extraer sonidos y recursos que le permitieran crear su propio discurso, de cero y con un planteamiento musical radicalmente distinto. Tiene miga porque el material de esta emblemática discográfica norteamericana ya es de por sí oscurantista, escurridizo y poco amigable, pero en manos de Valles se desintegra por completo para convertirse en una versión aún más opaca y críptica. Los rastros de todos esos discos ­se pierden y se diluyen en un mantra de dark ambient crispado y tenso cuyo principal elemento de ruptura es, precisamente, su génesis y particular origen, que pone sobre la mesa el talento del artista para deconstruir a su antojo recursos ajenos y muy pronunciados como el caso que nos ocupa.

Como su título indica, “Nonparallel (In 4 Movements)” se compone de cuatro largas piezas o movimientos, diez minutos por cabeza, en las que Valles desarrolla en cada una de ellas una selección de apuntes y esbozos en clave de ambient ruidoso y denso. Son canciones constantes y uniformes en las que el crecimiento y la evolución están tratados con mucha sutileza, como si a su creador no le interesara salirse de una media continua de pulsaciones y de un tono muy concreto. El suyo es un ambient estático y flotante que huye de los estallidos y la violencia explícita: “Movement III”, por ejemplo, bebe claramente de la versión sin bombo de Gas y esparce permanentes nubes de ruido tóxico e hipnótico, con calma y sigilo, sumiendo al oyente en un estado de somnolencia reconfortante; “Movement II” plantea un mapa sonoro totalmente distinto, menos apacible y más retorcido, en esta ocasión una idea más cercana al avantgarde.

Valles se mueve siempre en territorio oscuro, y quizás sea “Movement IV”, el corte de despedida, el capítulo más brillante y completo del cuarteto. Dibuja un diagrama al alza, pero es un crescendo soterrado, sin prisa, que va tejiendo su particular madeja ruidosa en los más de nueve minutos de desarrollo. Es una alianza clara y reconocida con los grandes terroristas del drone del momento, aquellos que tienen especial habilidad para sumergir sus ideas y sus creaciones en un pozo negro sin un solo destello de luz. A diferencia de Tim Hecker o Fennesz, que sí ceden espacio para las melodías y la sensación de esperanza, aquí, como en Sunn O))), KTL, Deaf Center y tantos otros representantes del lado oscuro, no hay un solo instante de descanso o relajación y a uno le invade la incómoda pero fascinante sensación de estar nadando en la más absoluta oscuridad.

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