Nocturnes Nocturnes

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Little Boots Little BootsNocturnes

8 / 10

Ha sido peor que un parto. Desde que en 2009 Little Boots se convirtiera en algo así como la Kylie Minogue de las minorías y pusiera de moda el tenori-on, ha llovido mucho. “Hands”, incomprensiblemente, pasó sin pena ni gloria y quedó relegado a un segundo plano respecto al debut de La Roux, aunque eso no quita que la ‘botitas’ fuese para muchos la vencedora moral de aquella imaginaria guerra synth-popera que se vivió con morbo en las islas británicas. Desde entonces, Victoria Hesketh se ha ganado el aguinaldo, sobre todo girando por medio mundo como DJ. Y parece que ese es el punto de partida que ha tomado de cara a este demorado “Nocturnes”, un álbum que apela sin remordimientos al hedonismo de la pista de baile, a la nostalgia noventera y que, además, presume de un compendio de hits explotables que ya quisieran para sí muchas de esas mamarrachas que no pueden estarse quietas ni un día sin ser noticia por equis o por i griega.

Buena parte del chorreo de adelantos que en los últimos tiempos ha hecho público se almacenan en el disco (pese a las notables ausencias de “Headphones”, “Superstitious Heart” y “I Wish”). Pero lo llamativo del asunto radica en lo bien compactado en lo sonoro que está este trabajo, pese a contar con tres productores tan distintos como el DFA Tim Goldsworthy, dos sofisticadas piezas a cargo del Hercules and Love Affair Andy Butler y una joya a cargo de James Ford de Simian Mobile Disco (sí, esa indispensable oda deep house que es “Shake”). Alejándose conscientemente de ese halo synth-pop ochentas del que se impregnó en “Hands”, “Nocturnes” es una fiesta noventera, elegantemente producida, que tanto se vale del futurismo pop de coartada house ( “Confusion”) como de las clases aceleradas de voguing ( “Every Night I Say A Prayer”, lógicamente, facturada por Butler) o el disco-funk amable ( “Beat Beat”).

Aunque por momentos parezca que se haya comido a Sarah Cracknell de Saint Etienne o baje las pulsaciones con “Strangers” (que bien podría haberse colado en su debut), hay dos sorpresas mayúsculas: “Crescendo”, un tema de lo más mainstream que en boca de Taylor Swift o Carly Rae Jepsen podría fulminar las listas de ventas, y ese fantástico cierre espacial y pegadizo desde la primera escucha que responde a “Satellites”. Poco relleno, diversión y sobradamente adictivo. El nuevo trabajo de Little Boots se ha hecho de rogar más de la cuenta, pero la espera ha valido la pena. Lo bailaremos hasta que la camiseta nos chorree de sudor.

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