Nocturne Nocturne

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Wild Nothing Wild NothingNocturne

7.8 / 10

Al margen de colaborar fugazmente el año pasado en el tributo a The Wake con una respetuosa y apropiada versión de “Gruesome Castle”, pocas noticias hemos tenido de Wild Nothing. A principios de año lanzó en su casa de siempre, Captured Tracks, un sencillo – “Nowhere”– que se presumía como anticipo de su segundo álbum y que sorprendió por muchos motivos. Fue la primera canción que grabó en un estudio como Dios manda, lo que posibilitó dar con un sonido mucho más depurado, sin dejar ningún cabo suelto, sin dar síntomas de esa entrañable imperfección que caracterizaba su radiante debut, “Gemini”, confeccionado a partir del software Garageband. El tema, aireado, limpio y refrescante (hasta suena una armónica), contó con la colaboración de Andrea Estella ( Twin Sister), algo así como una declaración de principios. Wild Nothing dejaba de ser un proyecto de productor de dormitorio, aunque a todos los efectos la banda, por lo menos en el estudio, sigue siendo Jack Tatum. Con todo, esto de las colaboraciones tampoco debería venir de sorpresa, pues ya prestó su voz en un tema de sus colegas de sello Beach Fossils. El caso es que muchos fueron los que opinaron que ésta era, hasta la fecha, la mejor pieza que había grabado, y lo cierto es que pocos argumentos sólidos pueden ponerse sobre la mesa para contradecirles. Por tanto, lo que sí es chocante es que no esté entre las once elegidas para su segundo largo, el apropiadamente titulado “Nocturne”.

A principios de año Tatum se encerró en el estudio para dar con estas canciones, de las que tocó todos los instrumentos con la excepción de la percusión en vivo (de hecho, hasta el diseño de la portada es suyo). Pese a tener una banda para los directos, sólo pidió ayuda a Nicolas Vernhes, escudero de mil y una bandas como productor, ingeniero de sonido o en la mezcla. Tatum asegura que lo escogió, principalmente, porque le encanta el trabajo que ha hecho con Deerhunter. La primera de las canciones que adelantó fue “Shadow”, que de nuevo volvió a sorprender, especialmente por lo que se refiere a la inclusión de cuerdas para acentuar el poder melancólico de la pieza y porque venía a confirmar esa apuesta por un sonido menos naif, menos difuminado, con una apuesta por la mezcla más clara. Y parece que todas estas intenciones se han cumplido en “Nocturne”, la evolución lógica de las exploraciones realizadas en su predecesor. Otra de las principales que se observa en su nuevo sonido es que ha querido dotar de más volumen y robustez a la percusión (orgánica o no). Un tema como “Midnight Song” sería inconcebible hace dos años.

Al disco se le ha achacado su falta de hits inmediatos (como sí había en su predecesor) y estribillos pegadizos. En un vistazo rápido no hay una “Chinatown” o “Live In Dreams”, acaso por una voluntad de hacer una obra más compacta. Pero no hay que confundirse, “Nocturne” no es anti-hits, simplemente es que todas las canciones parecen haberse tratado con igual mimo, parecen habérseles dedicado la misma atención y tiempo. Aunque por supuesto hay momentos más lúcidos que otros. Dentro del saco de lo extremadamente positivo colocaríamos a la pieza titular, nuevas muestras de que la fórmula del indie de guitarras, pese a que cada dos por tres salgan trabajos de este calado, está lejos de agotarse siempre que se trate con el debido esmero. Incluye además un verso simple y a la vez poderoso ( “You Can Have Me”) destinado a ser repetido hasta la saciedad en los conciertos y unos “ohhh-ohhh-ohhh” que aportan un plus de sensualidad. Menos animada pero igualmente dispuesta a dar protagonismo a la guitarra es “Rheya”, un melancólico y perfecto cierre para el disco.

Aunque la joya de la corona es aquí “Paradise”, que se mueve hacia el synth-pop, con la mirada claramente puesta en New Order y, quizá un poco, en Pet Shop Boys (si es que a Lowe y Tennant les diese algún día por el dream-pop). Material puramente bailable estructurado con maestría. Hasta ahora Tatum había demostrado que con temas de tres o cuatro minutos se desenvolvía estupendamente. Pues bien, con más de cinco minutos y medio también. La cosa en el fondo es la mar de sencilla, a mitad de tema se libera de la percusión para que todo el protagonismo caiga en una melodía planeadora que sirve como largo interludio y para crear un crescendo que estalla con el retorno del bombo. Es interesante, además, como aquí adquiere un registro de barítono, como un guiño más a esos 80 que tanto ama. “Nocturne”, como “Gemini”, es un cálido homenaje a esa década, que se siente sincero, no impostado. En lugar de reproducir al pie de la letra ese sonido, Tatum coge lo mejor de la época para darle una nueva y refrescante perspectiva, pues Wild Nothing lo mismo suenan a My Bloody Valentine que a Beach Fossils (cojamos la romántica “Only Heather”). Y el mejor ejercicio de nostalgia lo practican en “The Blue Dress”, una preciosa relectura de las canciones más emotivas de The Cure. Tanto en ésta como en “Counting Days” (muy Fleetwood Mac), hace uso de un xilófono azucarado y casi hortera, pero obtiene mejores resultados en la primera.

Evidentemente también hay algún que otro tropezón. “Through The Glass” es una canción que a estas alturas ya hemos escuchado demasiadas veces, que poco más tiene que ofrecer que una voz vaporosa (aunque hay que darle un punto positivo por esa guitarra española rollo escandinavo), recurso empleado hasta la saciedad y que aquí no consigue hechizar como sí hacía en el pasado. Incluso podría decirse que se hace repetitiva y larga, algo así como la antítesis de “Paradise”. Por su parte, a “Disappear Always” le falta sangre y le sobra languidez, algún estribillo potente o una ruptura en la estructura de composición clásica hubiese ayudado.

Las canciones de “Nocturne”, y el propio álbum, hablan por sí solas desde el título. Es un disco que suena mejor en las noches de verano, eso es indiscutible. Pero es tremendamente luminoso, muy de ventanas abiertas y, en ese sentido, bastante alejado de algunas de las piezas de “Gemini”. Su escucha se recomienda para estos días de bochorno, aunque también encaja en los primeros días de otoño, esos en los que aún hace calor, pero empieza a llover caprichosamente. Más complejo pero a la vez menos disperso en lo instrumental y con un Tatum más seguro de sí mismo en el plano vocal, con menos tendencia al ensimismamiento y más ganas de emocionar. El chico ha crecido y se ha crecido y eso no merece otra cosa que una buena celebración.

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