Nobody Knows Nobody Knows

Álbumes

Willis Earl Beal Willis Earl Beal Nobody Knows

7.5 / 10

Decíamos ayer a raíz del frágil “Acousmatic Sorcery” que, con él, Willis Earl Beal dejaba tras de sí un emergente talento aunque también planteara sentimientos encontrados sobre su futuro. Dado el carácter errante de aquella colección de canciones, famélica como un perro que llevase días sin comer, lo mejor, concluía nuestra reseña, sería no esperarse absolutamente nada de un trabajo sucesor. Y es por eso que este destacable “Nobody Knows” se presenta orgulloso desde el primer contacto. La abertura es sensacional. “Wavering Lines” haciendo suya la confesión escondida en su letra ( “I go where I please, I don’t need no gas”), con sus dos primeros minutos a cappella y su tenso juego de cuerdas. Y “Coming Through”, recreando junto a Chan Marshall la atmósfera soulera de su sedoso “The Greatest”, confirma el crecimiento de Beal y su transición de la baja fidelidad a un scope ciertamente ampuloso. Es la bienvenida a un nuevo espectro estilístico reforzado por sentencias firmes como esta: “A lot of people think that the lives they lead are a truth. They think that what they believe is the truth. They think that what they see is the truth. Well I’m your boy Willis Earl Beal, and I don’t believe that”.

Sin embargo, pasados los dos primeros temas, “Nobody Knows” acaba por no ser del todo lo que parecía. El brillo refulgente de “Coming Through” se difumina al instante y a partir de la ominosa “Everything Unwinds” ( “I’m dancing in the alley with rust in my soul, facing all the dumpsters with no particular goal”) el repertorio acaba virando hacia las baladas pantanosas que tanto gustan al de Chicago. Comparado con el maquetero “Acousmatic Sorcery”, es obvio que Willis ha ganado en lustre y empaque a la hora de pulir elementos antes desvalidos. Hasta podría decirse que si antes escucharle era como dar limosna a un indigente, ahora eso ha cambiado hasta el punto de sentirnos abrumados como, por ejemplo, frente a un disco de Tom Waits. Pero el sustrato de blues y aullidos gospel sigue siendo el mismo, con faros guía como Screamin’ Jay Hawkins, Dylan o Nick Cave ( “Holes in the Roof”) iluminando siempre desde los mismos puntos, y lo único que ha hecho ha sido, con la ayuda de Rodaidh McDonald (King Krule, Gil Scott-Heron, Savages), vestir su música con ropajes que… justifiquen más el culto.

“Nobody Knows”, está claro, representa un paso adelante. Un paso decisivo. Pero delata todavía errores no salvados en su singular dialecto. Como si a veces Willis no supiese rematar las composiciones con la fuerza que las comienza, como si le faltase desarrollar en su interior algo más que producción y atmósferas. El tracklist, largo de por sí, se acaba haciendo pesado. Le falta dinámica y le sobran algún que otro tema ciertamente convencional como la titular y “The Flow”. Por no hablar de la llorona “Blue Escape”, que acongoja en un primer ataque para descubrirse poco después melódicamente clavada al “My Heart Will Go On” de Céline Dion. Sí, hubiera merecido la pena aplicarse un poco más en la edición final y haber dado más aire, por ejemplo, a la fabulosa sección central (de “Burning Bridges” a “Ain’t Got No Love”). Allí es donde brilla con halo fantasmal el espíritu de este imponente outsider. Un espíritu que nos vuelve a dejar tan maravillados como confundidos, pensando si en el fondo lo que buscaba no sería la belleza del error.

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