Night Within Night Within Top

Álbumes

L A N D L A N DNight Within

8.2 / 10

Dicen Matthew Waters y Daniel Lea, los dos componentes del misterioso dúo L A N D, que lo suyo (y lo suyo es una mezcla de música, diseño gráfico y videoarte) consiste en “la búsqueda de una narrativa noir apocalíptica”. Una declaración que puede sonar pretenciosa, sobre todo porque en su confusa presentación hablan del Robert De Niro de “Taxi Driver” o de los detectives que tanto fascinaban a Paul Auster en sus primeros libros, pero que de algún modo cobra sentido una vez que su debut en largo comienza a sonar. Y es que, como muy bien indica su título, “Night Within” es una inmersión en esas músicas que hacen bandera de la nocturnidad: un disco que encuentra acomodo por igual en ese jazz de regusto clásico, propio de garitos llenos de humo y mujeres de mala vida, que en el post-rock nebuloso y desarbolado que facturaban Bark Psychosis a principios de los noventa. Que igual se deja enredar en un ambient de tintes oscuros y texturas densas, que cita sin complejos a Tindersticks y Portishead o apuesta por una estética descaradamente cinematográfica (y si están pensando en David Lynch, sepan que están pensando de manera más que apropiada).

Siendo ese el contexto, no sorprende la presencia en el disco de David Sylvian: basta que aparezca su grávido tono de voz para que “Nothing Is Happening Everywhere”, un babel de trompetas y clarinetes, levantado sobre una batería tocada con escobillas, un contrabajo que se siente más que se escucha y unas ominosas cortinas de ruido, se transforme en un perfecto homenaje a los Talk Talk de la última época. Tampoco pueden llamar la atención las colaboraciones de viejos conocidos de la escena jazz inglesa: tipos como Tom Farmer, Luke Garwood, Paul Cook o el desaparecido Richard Turner, que ayudan a dar cuerpo a los números más serios ( “Stillman”, “Cosmopolis”), ni la presencia de pequeños héroes del rock experimental, del calibre de Daniel O'Sullivan (Æthenor, Guapo, Mothlite) o Alexander Tucker, cuya silueta se intuye detrás de los sutiles efectos especiales que puntean piezas como “Hotel Room” o “Cold Desire”. Lo que sorprende, en realidad, es que los responsables de tan exquisita orquesta (dos londinenses en apariencia desconocidos, a pesar de esa agenda tan completa que gastan) no se acercan a los instrumentos en ningún momento: se limitan a dirigir y dar órdenes a sus ilustres convocados. Un papel en el que, además, les ayuda el último de los invitados: un Ben Frost responsable de las mezclas y de “esculpir el sonido”.

Como no podía ser de otra manera estando Frost de por medio, “Night Within” presenta una superficie áspera y deshilachada: al escucharlos por separado, los instrumentos suenan poderosos, casi violentos (o directamente violentos y tensionados, como en “Into The Blue”), pero la sensación de conjunto es borrosa, tremendamente expresionista; tanto, que a ratos casi parece la versión musical de un cuadro de Jasper Johns. Y es precisamente ahí, en la capacidad para moldear sonidos que parecen siempre al borde de la colisión, en la alquímica habilidad para insertar silencios en el corazón mismo de las canciones, en esa manera tan física en la que el sonido se esparce por la habitación (no lo he dicho antes, pero este es un artefacto que gana mucho cuando se escucha a volumen elevado); es en esos detalles donde se percibe que la estatura de “Night Within” se eleva sobremanera, y lo que podría haberse quedado en una notable colección de temas de perfil cinematográfico, música de ambiente para madrugadas insomnes, se convierte en una obra de miras abiertas y bordes difusos. En un disco que esconde cientos de sorpresas, que se desborda a cada escucha y que resiste la catalogación de manera obstinada: escucharlo es como lanzarse a las calles, de noche, a la caza de aventuras.

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