Night A Has Thousand Screams Night A Has Thousand Screams

Álbumes

Umberto UmbertoNight A Has Thousand Screams

7.7 / 10

Luces estroboscópicas. Un hombre vestido de negro. Cuello alto. Guantes de cuero. Cuchillo de carnicero describiendo un arco amenazante. La sombra del brazo, proyectada sobre pared blanca, sigue el movimiento. Primer plano brusco de unos labios pintados de rojo profundo. La hoja lanza reflejos a la cámara y perfora salvajemente a una chica con exceso de maquillaje y peluca de acrílico. Empieza a sonar la música de Umberto. Litros de kétchup y zumo de arándanos con tropezones manchan el mármol. Luces estroboscópicas de nuevo, clavándose como dagas mientras la banda sonora se intensifica hasta que solo queda una imagen borrosa de la atrocidad. Gritos en reverb diluidos progresivamente. Los sintetizadores esquizoides del maestro bombean a todo volumen en los altavoces del televisor Grundig con apliques de madera. Vuelve el giallo.

Es muy fácil ganarse el corazón del freak con un disco como “Night Has A Thousand Screams”, básicamente porque cuando dedicas tu tiempo a revivir las bandas sonoras del John Carpenter primigenio y desempolvas el libro de estilo más purista del soundtrack giallo, sabes que no prosperarás en el mundo de la música, que no llenarás estadios ni fornicarás con jugosas universitarias, como el pringado de LMFAO, pero conseguirás tener crédito ilimitado entre la parroquia de perdedores, alienígenas sociales y amantes del cine de serie Z, que somos pocos, cobardes, pero agradecidos como el que más. Eso es ser cool y lo otro tonterías.

Dicho esto, quede claro que hay que saludar el reinado de Matt Hill en las cloacas de la electrónica actual con mucha seriedad, porque el talento de este americano es un delicatessen; con sabor a uranio empobrecido, de acuerdo, pero delicatessen al fin y al cabo. Su discografía es una lápida barroca erigida en honor al cine de terror italiano de los años 70 y, por extensión, a todas las bandas sonoras ochenteras que, influenciadas por el virus giallo y por formaciones como Goblin, adornaron infinidad de películas de terror estadounidenses. Como ya viéramos en el “Drokk” de Geoff Barrow y Ben Salisbury, la huella de John Carpenter y sus delirios minimalistas con efectos enfermizos, teclados cargados de tensión y bajos sistólicos, queda patente en casi todo el tracklist. Pero Umberto es mucho más refinado y purista, por eso bebe en abundancia de la fuente original, recogiendo los tics más atractivos de las bandas sonoras que definieron los mundos de directores como Mario Bava, Dario Argento o el grandioso Lucio Fulci. Y el resultado es una puta delicia, para qué andarnos con remilgos.

Escuchar “Night Has A Thousand Screams” es lo mismo que sentirse como una de las incontables víctimas de este subgénero cinematográfico de culto. Es como entrar en alguna de las desasosegantes escenas de Fulci y sentir el aliento de algún muerto viviente, demonio del averno o asesino deforme en la nuca. De hecho, si no me informaran de que esta maravilla la ha grabado un chaval americano en la actualidad, podría creerme a pies juntillas que es una recopilación de 1979 con los greatest hits del universo giallo. Umberto se descubre como un profundísimo conocedor de este cine, conoce las leyes de sus bandas sonoras al detalle y reproduce de forma magistral el sabor hortera, kitsch y espectral de obras maestras como “The Beyond” o “City Of The Living Dead”.

Elaborado para el festival de cine y música de Glasgow y editado en el sello de Mogwai, Rock Action, el nuevo trabajo de Hill es un viaje desasosegante salpicado de ambient esotérico –“Puzzle”– , EBM italianizado –“The Investigation”–, synth madness fantasmagórico –“The Locker Room”–, efectos electrónicos retro con coros fantasmales –apoteósica “The Dance Studio”–, prog-rock minimalista a la par que luciferino –“The Waterbed”– y espirales en loop de darkwave setentero que encogen rabos hasta convertirlos en garbancitos –qué dulce pesadilla los nueve minutos de “Paralyzed”–. A Umberto le sobran galones, tantos que dentro de poco, si es que no ha salido ya, también veremos en la calle otro prometedor álbum, “Confrontations”, que deja al descubierto el enorme el caudal creativo de este rara avis. De momento, sufriremos con un “Night Has A Thousand Screams” sólo apto para cerebros corruptos y fieles a la Oscuridad. Venid, arrodillaos, comulgad en esta misa del giallo. Uno de los discos del año que no aparecerán en ninguna lista de lo mejor del año.

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