Night Of Hunters Night Of Hunters

Álbumes

Tori Amos Tori AmosNight Of Hunters

7.3 / 10

Tori Amos  Night Of Hunters DEUTSCHE GRAMMOPHON / DECCA

Las últimas entregas discográficas de Tori Amos habían dejado algo insatisfechos a los seguidores de la norteamericana, quizás porque el tono más distendido y accesible de éstas, así como el cambio de mecanismos expresivos e instrumentales que se manifestaban en ellas, no encajaba o se alejaba de la concepción de musa melancólica, torturada y oscura que desprendían las primeras grabaciones de su trayectoria. En cierto modo se entendía semejante desencanto: a lo largo de los años la cantante y pianista ha protagonizado numerosos cambios de tercio, no siempre acertados, y lo ha tenido difícil para recuperar el punto de inspiración mágica de “Little Earthquakes” y “Under The Pink”, todavía hoy los títulos que una buena parte de sus fans siguen considerando puntas de lanza de su carrera.

Con esta perspectiva se entiende y se aplaude que de cara a su debut con el sello Deutsche Grammophon la cantante haya querido retomar el pulso de sus primeros pasos. Para ello recurre a una fórmula exigua, austera y meticulosa basada en la combinación del piano, recurso fundamental en su trayectoria que últimamente había perdido protagonismo –y aquí, en cambio, surge como claro hilo argumental, a conciencia–, y una serie de arreglos orquestales en consonancia con las prestaciones que le brinda un sello de esta categoría e impronta en el universo clásico y de la canción de autor refinada. Y para rematar esta maniobra regresiva se plantea la construcción de una obra basada en variaciones sui generis y muy personales de composiciones clásicas conocidas y reconocidas por todos.

No son tanto versiones o relecturas como puntos de partida, chispas de inspiración, para acabar perfilando material propio. Y el experimento, que tiene más de proyecto clasicista y académico que de aventura desaforada, funciona a ratos, pero cuando funciona sirve para llevarnos de vuelta a esas canciones primerizas en las que Amos dialogaba a solas con su piano e insertaba precisos arreglos de acompañamiento. La artista juguetea con partituras de Satie, Bach, Chopin o Schubert en un contexto de minimalismo elegante, contenido y sutil que tiene mucha más fuerza emocional y mucho más magnetismo que sus últimos tres álbumes juntos. Y de hecho, no es difícil extraer comparaciones o paralelismos entre algunas piezas del disco y algunas antiguas: “Carry” recuerda, y mucho, a “Gold Dust”, por ejemplo, en una magnífica demostración de las intenciones de nuestra protagonista.

“Night Of Hunters” podría ser mejor, para qué negarlo. El disco en algunos pasajes parece algo impostado, frío y demasiado medido, y a Tori Amos la notamos más tímida, coartada y conservadora de lo que en ella era habitual. Muestra demasiado respeto por el formato, por el tratamiento de las canciones y por el contexto del que nace todo el concepto del proyecto, e incluso deja que le robe protagonismo su hija de 11 años, que canta en un par de canciones con resultados meritorios y prometedores. Pero incluso así, con sus defectos e incertidumbres, el álbum posee parte de ese encanto lúgubre e intrincado de sus inicios, lejos de superproducciones dispersas y probaturas sin sentido, y nos reconcilia con la mejor cara posible de la que fue una de las musas de los 90. Quizás no ha vuelto por la puerta grande, pero ha vuelto.

Mario G. Sinde

“Carry”

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