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Etienne Jaumet Etienne JaumetNight Music

8.5 / 10

Etienne Jaumet  Night Music VERSATILE

Menudo bombón de disco para los amantes de lo mental y de lo retro. Llega en un momento ideal, además, para ser recordado como uno de los discos del año. Claro que el resultado estaba cantado si tenemos en cuenta a los protagonistas de este “Night Music” que acrecienta, más si cabe, este nuevo rebrote que no para de crecer hacia el cosmos con la psicodelia, la ciencia-ficción y las cosas genuinamente kraut en un altar. Por un lado, tenemos al catalizador de todo esto, que es Etienne Jaumet. A Jaumet habrá quien le conozca más por el trabajo que comparte con Neman Herman Düne en Zombie Zombie, un dúo que sigue los preceptos de aquellas bandas amantes de la ciencia-ficción de hace cuarenta años, como los últimamente muy reivindicados Goblin –hasta Magda, la DJesas de MiNus, los pincha en su aportación al catálogo de mixes de Fabric–. Sobre Zombie Zombie, no hay más que hacerse con su único álbum hasta la fecha, “A Land Of Renegades”, que también apareció en el sello Versatile (muy bien por este label francés, por cierto, que tiene visos de convertirse en uno de los clásicos contemporáneos, capaz de ir sacando joyas con regularidad a pesar de algún traspiés de vez en cuando; por si fuera poco, encima debe vender aceptablemente y sin necesidad de desgastarse).

El resultado de este disco que nos toca reseñar me parece mucho más fino, acertado y menos “grotesco” que cuando Jaumet produce con el seudónimo de los muertos vivientes. De hecho, estoy seguro de que el que tiene talento realmente en el dúo es este muchacho con una apariencia de nerd que tira de espaldas. Seguro que es buen chico, y además pilota de música una cosa bárbara. Respeta, por tanto, la máxima aquella que dice que en un dúo el bueno siempre es el que luce gafas. Otro de los atractivos de “Night Music” lo encontramos en el ayudante de cámara de turno, papel que en esta ocasión recae en un Carl Craig que se está hinchando a trabajar en los últimos años para dar de comer a una prole de vástagos que no para de crecer. Como comentaron tanto Javier Blánquez como DJ Zero hace un par de años en un encuentro en Barcelona a mayor gloria del techno de Detroit, Carl Craig sería uno de aquellos jóvenes negros que escuchaban italodisco de mediados de los 80 cuando al resto de compañeros de clase les parecería una marcianada de mucho cuidado. “Los arpegios, los arpegios, ten en cuenta los arpegioooos”, soñaba cada noche el leñador del techno de Detroit. Seguramente, por entonces se estaba fraguando su pasión por los sonidos sintetizados, mántricos y cósmicos que venían del centro de Europa, no sólo los de Kraftwerk en su vertiente más electro vocoderizado, sino los de antes, de cuando las huestes de Florian Schneider encabezaban el pelotón de los grupos de kraut aventajado.

Las referencias en el disco están claras y las cartas boca arriba, lo que lo hace más grande si cabe. Es inevitable referirse al trío Schulze, Reich y Carpenter, aunque el sonido me recuerda en algunos pasajes al también reverenciado “Zuckerzeit” de Cluster (con “c”). Pero la realización final de la obra merece una apreciación por encima del puro ejercicio revisionista. De hecho, tenemos alguna salida de tono arriesgada que se salta el manual de instrucciones y que encima queda de lujo, como ese track titulado “Through The Strata”, que vendría a ser un cruce imposible entre el techno de Detroit con bajos haciendo gorgoritos y una banda de judíos del este a punto de afilar sus cuerdas. Me quedo también con “Entropy”, que apareció hace unos meses como EP de adelanto de este álbum: un tema saltarín, de melodía amable, que va creciendo con buen paso y mejor ritmo. Por no hablar del opus de veinte minutos que abre la cosa, “For Falling Sleep”, un título que no hace justicia a esta introducción con vientos y susurros sutiles –pero espectrales– incluidos, que hubiera firmado Lindstrøm sin rechistar para su último álbum. Aquí también se regalan los dos y lo saben.

En resumidas cuentas, un disco como los de antes que parece la mejor versión posible de la nueva causa kosmische, interpretada por una extraña pareja formada por uno de esos pioneros que debe estar hasta el gorro del techno y un parisino con pista suficiente para volar en solitario. Para flotar en una sopa de pan.

David Puente

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