New Wild Everywhere New Wild Everywhere

Álbumes

Great Lake Swimmers Great Lake SwimmersNew Wild Everywhere

6.8 / 10

Se ha dicho que “Lost Channels”, el brillante anterior trabajo de los de Ontario, es su obra maestra. Y probablemente sea cierto. Porque, aunque delicioso, este “New Wild Everywhere” se queda, al menos, a dos salidas de vieja y polvorienta carretera secundaria de aquel. Pero no por ello deja de ser un buen disco. Digamos que, como todo tenista que se precie, un músico está condenado a medirse consigo mismo todo el tiempo. Y unas veces gana y otras pierde. Y otras, como en este caso, el resultado es el de un partido en el que se ha dado lo mejor de uno mismo, en el que seguramente se ha jugado mucho mejor que otras veces (basta con escuchar “Think You Might Be Wrong” o la prodigiosa “The Great Exhale”), pero el primer puesto ya estaba cubierto. Más cercanos a unos Bowerbirds capaces de experimentar incluso con algo parecido al alt-country más clásico ( “New Wild Everywhere” es lo más cerca de The Jayhawks que los de Tony Dekker han sonado jamás) que a Red House Painters esta vez, depurando el lado más puro de su folk hundido: un Bonnie Prince Billy meets el Sam Beam de “The Creek Drank The Cradle” ( “The Knife”).

Preciosismo abandonándose a la incertidumbre existencial en mitad de una bruma que podría cortarse con cuchillo, una bruma dispuesta a devorarlo todo ( “Quiet Your Mind” y sobre todo, esa oda a la noche de amor perfecta que nunca será lo que esperamos que es “Cornflower Blue”), folk pop (de taberna) que pierde de vista el nido y sobrevuela el álbum, en el momento más Whiskeytown del disco ( “Easy Come Easy Go”) y espléndidos rural soundscapes (hay porches de cabañas en mitad de la Nada Más Absoluta, Norteamérica en, por ejemplo, “Fields Of Progeny”, a su manera, y en su polvoriento terreno, una nueva cumbre de la banda). La voz de Dekker es cada vez más soñolienta, hasta el punto de que se confunde con el paisaje, la americana que, por momentos, es tan pura que cuesta creer que los chicos se hayan criado en la perfecta Canadá y no en Carolina del Norte ( “Ballad Of A Fisherman's Wife”).

Rotundamente profundo, “New Wild Everywhere” abandona la fórmula (perfecta) que tanto recelo había despertado en sus fans más puristas, que, sí, vieron “Lost Channels” como su disco más redondo, pero también el de más sencilla digestión, y vuelve al melancólico arrastrarse de su primera entrega, el honesto y aún inseguro “Great Lake Swimmers”. ¿La diferencia? Que hoy es obvio que Tony Dekker sabe lo que hace y que si su intención es la de volver a depurar su viejo estilo, aún nos queda mucho por descubrir.

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