New Jack Techno New Jack Techno

Álbumes

VV AA VV AANew Jack Techno

7.6 / 10

En tiempos de hibridación melódica y adicción a los sintetizadores, se agradece sobremanera que haya escamotes electrónicos disidentes cuyas preferencias se decanten por los sonidos más pretorianos y pulsátiles. Por lo gordo y lo oscuro. Además, si quien hace la pirueta a contrapelo es un sello como Turbo, la reivindicación del purismo technoide resulta todavía más atractiva y despierta más curiosidad. Y es que ese ídolo de la redacción de PlayGround que responde al nombre de Tiga no es precisamente un culo de buen asiento. Desde la creación de este sello de culto para clubbers con criterio, el canadiense ha explorado con su particular estilo y humor todos los recovecos del electro, el pop bailable, el minimal y el tech-house más cool. Podría haberse quedado ahí la cosa, el viejo Tiga podría haberse acomodado en su sillón de leopardo, twittear su sus arengas al FC Barcelona y seguir viviendo del cuento, pero así no funcionan las cosa en su cerebro.

Turbo evoluciona, claro que sí, y se renueva, como tiene que hacer todo equipo de fútbol que se precie después de un fin de ciclo, aunque éste sea vaticinado por Fred Hermel. Y lo mejor es que busca nuevos horizontes en terrenos más pedregosos, abruptos y difíciles, nada de rebajar las tintas. “New Jack Techno” no es un título gratuito, en este recopilatorio, el sello de Montreal muestra las fauces recién bruñidas en el infierno: bombos apocalípticos, efectos martilleantes, bpms acelerados, loops en modo montaña rusa y mucha grasa, muchas llaves inglesas oxidadas, muchos torsos sudados. Este aparente aperitivo, que finalmente se revela como un botillo hipercalórico, es una buena piedra de toque para adivinar por dónde irán los tiros en un futuro en casa Turbo y quiénes serán los próximos adláteres de papá Tiga. Techno con sombreados hardcore –sombreados, que no chorretones– y conceptualizado como antaño, pero con el plus de contemporaneidad que aporta la frescura de una nueva generación de productores dispuestos a darle una capa de barniz a la forma más pura del arte clubber.

J Tjin es seguramente el guerrillero más radical: “The Anti Mixdown” es hard techno sucio, tribal y ancestral, pétreo, lleno de aristas y espirales enfermizas, sembrado de manchurrones y vómito. Marcial. Castrense. Pol Pot soltando unos graves que matan moscas al vuelo. Se dice que Surgeon le ha guardado una bata médica para su escuela de cirugía cardiovascular. Y las bridas no se aflojan. En “Gang 49”, Clouds apela a la saturación rabiosa, al ruido que seguramente hará el fin del mundo cuando se alcen los muertos y el David de Miguel Ángel llore aguarrás sanguinolenta. “Milano”, de Wasteland, es la cura perfecta para la impotencia que desde hace un tiempo aqueja a los feligreses de James Ruskin: los amantes del techno-apisonadora con regusto inglés y loops asfixiantes podrán gozar de erecciones caballares a partir de ahora.

Hay momentos más epidérmicos, claro, como el tech-house con recubrimiento de dub y subgraves felinos de Sei A en “Mercy Bass”, pero lo mejor de esta compilación es la pezuña endurecida, el callo, la duricia plantar más rocosa. Lo que mola aquí es la agresividad canina de Duke Dumont –house salvaje con anfetas–, la tensión afiladísima de Gingy & Bordello, el house líquido de Nautiluss y el caos pistero de Locked Groove. Dolor, y nada más que dolor: aquí huele a Tresor.

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