New Chain New Chain

Álbumes

Small Black Small BlackNew Chain

7.6 / 10

Small Black New Chain JAGJAGUWAR

La voz cantante de Small Black, Josh Kolenik, y su segundo de a bordo, Ryan Heyner, empezaron autoeditándose sus inventos sonoros, como tantos otros hacen hoy en día, y entre los cuales se incluyen jefazos del intrusismo entre los grandes como Beach Fossils y Best Coast, por ejemplo. No estamos insinuando que Small Black sea uno de los hypes del año (porque ya se les ha pasado el arroz) o un nuevo grupo de calidad suprema como ciertos turrones (Beach Fossils) que, sin embargo, pasa desapercibido (aunque casi). En realidad, la obra que nos brindan Kolenik y Heyner dista de sus principales influencias (léanse Bowie y Eno) por los típicos errores del principiante, cuyas ideas parece que se arremolinen y salgan disparadas en todas direcciones, confundiendo un poquito al espectador. Éste iniciático “New Chain”, para empezar, tiene una base demasiado ochentera y clasicona para llamar la atención de los culturetas a quienes sólo les interesa lo que suene diferente e innovador. La propuesta de Small Black no convence por los cánones de los criticones, sino por ser más tierna que el lomo de un armiño. Bajo el manto de palmas y sintetizados de cafetera se esconden atmósferas sinuosas y densas como cenefas. El mismo Kolenik dice que Small Black es lo mismo que la palabrota “casio-dream-noise-pop”. No se equivoca.

La parte del “Casio” se encuentra en “Search Party” (con background de unos Pet Shop Boys circa “Actually”, y donde casi oímos el sonido del sintetizado rebotar en el plástico de un radiocasette). Inciso: lo del Casio, curiosamente, se empareja con el rap en la cultura popular, pero salvo el manifiesto hincamiento de rodillas de Kolenik por Public Enemy o Wu-Tang Clan, no teman, no veremos ejemplos raperos en el disco; a lo sumo palmadas cutres (las vangelisianas que escuchamos en “Panthers”). La parte “dream” se huele como el rocío mañanero en la electrónica suave y los ecos conciliadores de “Crisp 100s”. Y también en la hinchada y evocadora de lo orgánico-ensoñador “Camouflage” (la versión adulta del “Songs Of Distant Earth” de Mike Oldfield). Lo único en lo que se equivoca Kolenik es en el “noise”, que debería sustituir por algo parecido a “chill-wave”: es algo que disfrutamos en su momento con grupos como Light Pollution o Fol Chen. ¿Recursos estilísticos? Los crescendos reverberados, un clásico del menú (en la muy ochentas “Hydra”), o los sonidos manifiestamente siderales que hacen que uno catalogue inconscientemente como pop espacial al single “Photojournalist” (fíjense que vagamente recuerda estéticas orientales, tal y como lograban algunas veces Fol Chen).

¿Por qué, entonces, Small Black parecen más pequeños de lo que son? Parte de la culpa la tiene, curiosamente, una de sus principales apuestas: los arreglos, maravillosamente orquestados por la producción de Nicolas Vernhes (a quien vimos con Animal Collective y Dirty Projectors, así que ojo). Me da que por una parte la estética y los “nuevos sonidos antiguos” hacen que las canciones de Small Black tengan aquél no-sé-qué que los identifica, pero que, a posteriori, con el tiempo y las escuchas, las encadena dentro de su propio mundo impidiendo que afloren los sentimientos más directos. El ejemplo es “Light Curse”: las diferencias de este corte con cualquiera del magnífico “Teen Dream” de Beach House definen bien a Small Black (una voz menos temperamental que la de Victoria Legrand se esconde tras unos arreglos que a veces da la sensación que quieren llamar demasiado la atención). Small Black, pues, ganarían la apuesta si se abandonaran a la electrónica diáfana y directa en la frente. Y aunque ellos mismos caen en sus propias redes, también hay que decir que tejen la solución con cortes como el homónimo “New Chain”, la mezcla perfecta entre Beach House y Fol Chen más los reverbs optimistas de Light Pollution.

Así pues, el futuro es una mezcla, un potingue de aquellos que da miedo verlos cuando el coctelero agita frascos de colores que no pegan ni con cola y los funde y agita y sale de ahí un mejunje de olor sospechoso y burbujas delatoras. Pero hay que probarlo. Incluso las mejores combinaciones nacieron del método prueba-error. Y algunas, como la que han parido Small Black, dejan, sinceramente, un regusto de lo más agradable.

Jordi Guinart

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