Nerve Up Nerve Up

Álbumes

LoneLady LoneLadyNerve Up

8.3 / 10

LoneLady  Nerve Up WARP

LoneLady me recuerda en mucho a Life Without Buildings, y eso me hace pensar que lo bueno, muchas veces, o llega demasiado pronto o se planta ante tu puerta demasiado tarde. Me recuerda a Life Without Buildings por la recuperación sin compromiso y apasionada del lenguaje rítmico y áspero del post-punk que se hacía en Manchester entre 1979 y 1982, fuera del hype revivalistas y del momento de efervescencia colectiva. Cuando estás fuera de onda es síntoma inequívoco de que no te estás apuntando a ningún carro, que tu sonido es, haya suerte o no, verdadero, genuino. En eso se parecen Life Without Buildings y LoneLady, en que nadie les ha pedido ser como son ni han variado sus planteamientos en función de la temperatura del aire. Luego, todo lo demás son mínimas diferencias, como que Life Without Buildings –dirigidos por el grito afilado de Sue Tompkins– toman su nombre de Japan y su sonido de The Fall, y que LoneLady viste mejor y recuerda a Joy Division. Lo que les une, y lo que importa, es el estilazo.

Y LoneLady, que es lo mismo que decir Julie Campbell, tiene el estilo que corresponde a los nombres interesantes que quieren encontrar su espacio en el tablero del rock de los márgenes. Lo mejor es su porte a lo Tilda Swinton, con flequillo mucho más clásico que el de La Roux y que le queda mejor de perfil, e igualmente rojo como el fuego, y qué decir de sus ropas, unisex pero llevadas con clase, como si fuera una figura andrógina. Se escucha “Nerve Up”, y lo que transmite el álbum –el primero de la dama de Manchester para Warp, un debut tan fulminante como inesperado– es una frigidez misteriosa. El suyo es un rock maquinal, hierático, pero azuzado por una hoguera perceptible sólo por momentos, cuando parece que su figura de cera y su voz mecánica descubren una pasión que puede ser ira, desprecio o codicia, pero nunca un placer carnal. Como Ian Curtis, su modelo de referencia básico, Campbell parece estar afectada de anhedonia, de esa incapacidad para sentir placer, y su fuerza viene de la arrogancia, de una autoconfianza que hace pensar en un maniquí, en un robot androide, en una mujer de plástico. “I have an army, an army of one”, canta en “Army”, y ahí ya indica su animalidad, su falta de misericordia y su afán de dominación. Toda la estética de la new wave inglesa está condensada aquí.

Sólo se escapa del molde gélido en “Nerve Up”, el tema, que se materializa como el instante más funky del álbum, con una manera de cantar tan automática como próxima –y con unas cajas de ritmo sigilosas por detrás– que pudieran hacer pensar en Kylie Minogue en un día gris de lluvia. El álbum, qué duda cabe, suena a Manchester, ilustra la ciudad, su ceniza y su falta de luz, con una precisión admirable. Suena también a Buzzcocks en la exactitud de las canciones, pero lo que manda es, más que la velocidad o el acabado ruidoso, el toque opaco y hueco de cada pieza. Es como si lo hubiera producido Martin Hannett con la ayuda de la más sofisticada tecnología de hoy. Suena la percusión –casi siempre electrónica, pero minimalista, seca y sin ninguna derivación dance–, y los golpes son como de madera sobre cartón: contienen cero emoción, pero la textura sobrecoge. Hay más creatividad en las guitarras, que practican mini arpegios ( “If Not Now”) sobre bajos punteados con gran economía de esfuerzos, o que directamente se lanzan al adorno técnico propio de un Johnny Marr o un Bernard Sumner en los comienzos de New Order( “Intuition”)

LoneLady puede plantear una contradicción a menos que se recuerde que a Ian Curtis le gustaban Kraftwerk y que John Lydon, cuando se fue de los Pistols y empezó con la aventura de PiL, se desvivía por el reggae. “Nerve Up” es el clásico disco blanco, introvertido y carente de funk que, sin embargo, suena funky, en el que las canciones empujan al cuerpo a moverse. Son matemáticas que quieren sudar, como en Talking Heads, y ella duda entre la frigidez cool –que queda magnífica en fotos y en el arranque de los conciertos– o el lanzarse al territorio incómodo de una base rítmica constante y ordenada ( “Marble”, que es casi glam y alardea de juegos vocales sorprendentes, por no decir “Cattletears”, que empieza aproximándose de soslayo al ska), para acabar soltando algún que otro tímido “yeah”. Pienso en una Patti Smith recién duchada, peinada, con el bigote afeitado e igualmente ambigua en lo sexual, poética y atraida por el lado oscuro. Pienso también, y sobre todo por “Fear No More”, que es una balada tétrica, que la PJ Harvey de “White Chalk” puede tener competencia. El debut de LoneLady es hielo que se funde, rigidez que se quiere doblar, el disco menos funk del año con un balanceo de caderas contagioso. Rock bailable que se baila en un metro cuadrado.

Juan Pablo Forner

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar