Neon Leon Neon Leon

Álbumes

Sorcerer SorcererNeon Leon

5.9 / 10

Sorcerer  Neon Leon TIRK

“Neon Leon” es el disco que me hubiera encantado encontrar cuando, años atrás, me tocaba elegir melodías para reportajes radiofónicos en la universidad. La búsqueda no resultaba sencilla, pues estas melodías debían cumplir con las premisas teóricas del lenguaje radiofónico: sin voz, sin puntos álgidos en los graves y los agudos, pero con bases rítmicas para armonizar la locución, todo ello para que la música no se interpusiera entre la atención del oyente y la emisión del mensaje en boca del locutor. Por miedo a cagarla (y falta de tiempo), acababas recurriendo a la música de librería que atesora la biblioteca desde mediados de los ochenta, con esas baterías, esos sintes y esas melodías épicas-absurdas tan de Catalunya des de l’aire o de publirreportaje de las bondades para nuestra dieta del pescado y marisco en conserva patrocinado por el FROM que te cascan en Tele5. Resultaba desalentador currarte un texto para que acabara sonando a cinta de relajación de psicólogo de instituto con música new age cutre.

Bien, pues “Neon Leon” hubiese propiciado mejores sensaciones en los ejercicios de radio. Música resultona, con ritmo, sin estridencias melódicas y sin vocales. Música capaz de no llamar la atención del oyente en exceso. Sublime dentro de las típicas carpetas del catálogo de música de librería “Machines With Soul” o “Urban Sounds With a Sunbeat” (lo de los nombres de las carpetas es un mundo fascinante, casi tanto como el de los títulos de películas porno…). Pero aséptica para el catálogo de Tirk o cualquier otro label. Se puede escuchar la voluntad por parte de Sorcerer de evocar la California de Venice Beach, de paisajes soleados, bodegones de bikinis fosforescentes y tablas de surf; pero también huele a carpeta de “descartados” de sus otros dos proyectos musicales. Por una parte, el grupo de pop Call & Response; demasiado electrónico para el pop. Por otra, el dúo con Samuel Grawe, aka Hatchback, Windsurf, demasiado correcto y comedido para el space disco.

“Dayglow”, segundo corte del disco, atesora el momento más vibrante del álbum; pero sólo su segunda parte, cuando la melodía consigue ser pegadiza, filtrar algo de felicidad real y recordarnos lejanamente a Royksöpp. Y cuando parece que todo empieza a funcionar se acaba la canción. Lo mismo ocurre en Chemise; comienza sonando demasiado prosaica y, cuando se pone interesante tirando de bombo y percusión, se acaba la canción. Por otro lado, esta afición a los cambios de ritmo en medio de los temas resulta enormemente útil para introducir cambios en la narración del discurso; así me reafirmo en la idea de que es un fantástico material de librería. Y que no suene insultante, porque la labor entraña dificultad y goza de mucho menos reconocimiento. El fantasma de lo superfluo que ya planea en “Algorhythm”, el primer tema, vuelve con el resto de canciones. “Shaolin Style”, “Jump Rope” o Push To Freeze dejan una agridulce indiferencia: quizás una voz y unas buenas letras hubiesen deparado a este disco mejor futuro. No obstante, exquisito material para musicar piezas en televisión y radio.

Daniel Judd, así se llama Sorcerer, se pajea componiendo música. A él lo que le gusta es crear, o disponer para crear. A los hechos me remito, porque no se le puede echar en cara que “Neon Leon” no suene armónicamente correcto o rico y acertado en texturas. Pero después de muchas escuchas todavía no tengo claro qué es realmente lo que quiere decir. Qué funcionalidad le quiere dar a su música. Si la función es expresar sus sentimientos, estamos ante una persona que parece vivir en un eterno capítulo de “Los Vigilantes De La Playa”. Si la función es demostrar al mundo la cantidad de música con la que ha crecido –krautrock, jazz, música brasileña, los Beach Boys, italo en vena y el pop ochentero–, lo ha conseguido. Enhorabuena. Pero mientras escuchaba esa música ¿no le ha pasado nada tremendamente triste o excitante o feliz o mágico? Ya lo he dicho antes, música elegante capaz de no llamar la atención del oyente en exceso.

Mónica Franco

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