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Álbumes

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6.8 / 10

Anorak Neighbourhood Postcards

HOUSTON PARTY

Se dieron a conocer a finales del 2005 de la mano de Rhonda, aquella extremidad crecida del tronco de Houston Party Records para dar difusión a algunas de las iniciativas noveles -grupos con talento exportable, con agallas y descaro, decían- que en soporte de maqueta recorrían por aquel entonces los más o menos estrechos vericuetos del underground pop patrio. “Romper el cascarón del underground para empezar algo”, repetían entonces los responsables de Rhonda a modo de declaración de intenciones.

Pocos meses después de la puesta de largo de Rhonda, Anorak picoteaban su cascarón con ganas para entregarnos A Limited Time Only (Rhonda, 05), un álbum tan voluntarioso como cándido, construido a partir de secuenciadores nostálgicos de décadas pasadas, cajas de ritmos y pulsos sintéticos de densidad ligera, guitarras lacónicas de ascendiente after-punk y voces de entonación cuasi-shoegazer que parecían empeñadas en tender puentes entre el pop sintético de los ochenta - New Order, OMD o Ultravox como faros más añejos de los que bebieron sus fuentes-, y aquella indietronica de dormitorio que sellos como Morr Music o City Centre Offices hicieron popular a nivel global coincidiendo con el cambio de siglo. Aquellas eran canciones dibujadas sobre cuadernos de caligrafía importados, una suerte de emo-pop tecnificado que por momentos abusaba de ciertos clichés asociados a la electrónica de alcoba -glitches, ruidos, detalles experimentales que parecían un tanto forzados, gratuitos- restándole capacidad de contagio a una propuesta en cuyo centro latía un enorme corazón pop rebosante de melancolía.

Más de tres años después de aquel debut ilusionante, Anorak vuelven a asomar la cabeza para poner sobre la mesa un segundo álbum casi conceptual -inspirado en las relaciones de tensión entre las grandes urbes y su periferia- para el que han decidido buscar refuerzo en voces y manos ajenas.

El humor taciturno que sobrevolaba la mayoría de los cortes de su primer disco aquí sólo se percibe en “Workers Train” (filigrana emo-folktronica en la que conviven arpegios de guitarra acústica y programaciones de acento i.d.m. que parecen querer citar a los Autechre de Incunabula) y “Postcards” (una nostálgica postal shoegazer cercana a los Ride de “Vapour Trail”). El resto del disco destila un tono considerablemente más vitalista, más uptempo, que hace que temas curiosos como el single “Silhouettes” (en las partes en las que canta Helena, con dicción terrible, sobre una base electro-pop con regusto chiptune) lleguen a sonar por momentos demasiado atropellados, sobreexcitados.

Entre los momentos más insólitos del álbum hay que señalar “ Distance”, alternando oscuro analog-rock de rítmica motorik con atmósferas shoegaze que podrían recordarte a los Secret Shine más ruidosos; o la densa e inflamada “Yesterday, Tomorrow & Today”, una tema compuesto a medias con Num9 (él aporta letra, cuerdas sintéticas y voz) que en sus momentos más introvertidos se acerca a lo propuesto por el siempre interesante Bracken. En el lado contrario, en el de los experimentos fallidos, habría que colocar “Trough You”, canción en la que las transiciones entre las partes rapeadas -cambiando la calidez soul que suele exhibir en sus discos por un tono más adusto, que no le favorece nada- por Guillamino y las cantadas por Anorak sobre un colchón de guitarras robertsmithianas resultan demasiado forzadas.

Jugando la baza de la redondez pop y el enganche más inmediato nos encontramos con “The Motorway Bridge”, con su alternancia chico-chica a lo The Postal Service y sus guitarras peterhookianas, o “Doves & Ambulance” (techno-pop nebuloso en el que Monoceros consiguen hacerte pensar en Gentle Touch o en el Brian de “Bring Trouble”) y “Friday Night” (mención especial para esta última, canción con madera de hit pop capaz de poner boca abajo un FIB), entroncando con esa tradición de bandas barcelonesas -piensa en Peanut Pie, o en Minema- que a mediados de los noventa ya se empeñaron en casar pop de escuela británica post-Madchester con caligrafía electrónica. Mientras, las partes más puramente sintéticas -y de ritmo más a piñón- de la retozona y resultona “Make Me Return” te llevan a pensar en lo buenos que podrían ser Anorak si dejaran de lado el synth-pop juguetero a lo Ms. John Soda y se lanzaran sin ambages ni redes a hacer música para la pista de baile.

Anorak han crecido (aunque sigan buscando reflejarse en espejos ajenos de sobra conocidos), han aportado nuevas dosis de solidez y exuberancia a su sonido (aunque por momentos sigan cayendo en el vicio de la acumulación excesiva de ornamentos, sobre todo en el terreno de las programaciones), y por el camino han parido un álbum surtido de buenas intenciones, repleto de canciones siempre disfrutables, melodías adhesivas y hasta algún que otro himno coreable. Falta ver si, a estas alturas, esos son atributos suficientes como para acabar llamando tu atención hacia su nostálgico y poliédrico universo poptronico.

Luis M. Rguez

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